El viernes 17 volvió a incendiarse el relleno sanitario de Chihuahua. No es un hecho aislado, sino la manifestación de una crisis ambiental y de gestión pública que lleva años acumulándose y que hoy impacta directamente la salud y la calidad de vida de miles de familias.
Acudí al lugar tras el aviso de vecinos. Lo que observé confirma lo que se ha venido denunciando: residuos expuestos, sin cobertura adecuada, acumulados en condiciones que contravienen la normativa ambiental. El incendio se registró en la celda 1, un espacio que debería estar clausurado. Sin embargo, ahí se sigue depositando basura. Esta práctica no sólo es irregular, también es peligrosa: compromete la estabilidad estructural del sitio y eleva el riesgo de incendios.
Al lugar acudieron bomberos para contener el fuego. Pero el problema no termina ahí. Lo que arde no es únicamente la basura, sino la evidencia de una operación deficiente y de una política pública rebasada por la realidad. El relleno sanitario dejó de ser un tema técnico-administrativo: es un foco permanente de contaminación.
Este escenario no es nuevo. El 30 de octubre, el Pleno del Congreso del Estado aprobó que la Comisión de Obras sesionara en el propio relleno sanitario durante noviembre, con el objetivo de escuchar a los vecinos y analizar la situación. Acepté que el tema se turnara a dicha comisión con una condición clara: que la sesión se realizara en el sitio y en ese plazo. El acuerdo no se cumplió.
La reunión prevista para el 27 de noviembre fue aplazada indefinidamente. No se fijó nueva fecha ni se dio respuesta a los oficios de seguimiento. Se ignoró un mandato del Pleno y se dejó sin atención un problema urgente.
Mientras tanto, el proyecto del nuevo relleno en Mápula sigue suspendido judicialmente, sin alternativa clara. La ciudad continúa operando con un sistema saturado y bajo condiciones cuestionables.
Lo ocurrido el viernes no es un accidente. Es consecuencia. La normativa establece que los residuos deben manejarse en condiciones controladas. La exposición prolongada de basura, especialmente en celdas clausuradas, favorece incendios y contaminación.
El problema no puede seguir postergándose. La discusión debe regresar al sitio, con las autoridades presentes y con participación ciudadana. No hacerlo implica seguir normalizando una crisis que afecta a toda la ciudad.
La pregunta sigue siendo la misma: ¿cuántas veces más tiene que incendiarse el relleno para atender el fondo del problema?
En Chihuahua, la basura no sólo se acumula. También se incendia. Y con ella, la responsabilidad de quienes han decidido no actuar.

Brenda Ríos
Orgullosa Chihuahuense. Amo y respeto la naturaleza. Soy mamá de Alex Benjamin, Austria Camila y esposa de Alex LeBaron. Mi pasión siempre ha sido el servicio público/civil, me inspira luchar por grandes causas que cambien el mundo. Empresaria agrícola y consultora ambiental.
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