En México muchas leyes no llevan números, llevan nombres y casi siempre, nombres de mujer.
Ley Olimpia.
Ley Ingrid.
Ley Valeria.
Detrás de cada una no hay solo una reforma legal, hay una historia. Y por lo general es una historia dolorosa. Una historia que empieza con una víctima y termina con una ley.
Y eso debería incomodarnos más de lo que nos tranquiliza, porque cuando una ley lleva nombre, en el fondo lo que significa es que la ley llegó tarde.
La llamada Ley Valeria busca tipificar el delito de acecho, lo que en otros países se conoce como stalking. Es decir, cuando una persona persigue, vigila, sigue, aparece constantemente en los mismos lugares, envía mensajes de manera insistente o monitorea a otra persona sin su consentimiento, de forma reiterada, provocándole miedo o afectando su vida cotidiana.
Pero aquí vale la pena hacer una aclaración importante, porque alrededor de esta ley también hay mucha desinformación.
El acecho no es voltear a ver a alguien en la calle, no es invitar a salir a una persona, no es mandar un mensaje y no es “tirar la onda”. Para que exista acecho tiene que haber conductas repetidas y no deseadas que generen miedo o afecten la vida cotidiana de la persona. Es decir, no se castiga la atracción, se castiga la persecución, no se castiga el intento, se castiga la insistencia cuando la otra persona ya dijo que no. Y algo muy importante: no es una ley contra los hombres, es una ley contra el acoso, y puede proteger a cualquier persona ya sea hombre o mujer que esté siendo perseguida o vigilada de manera reiterada, puede sonar exagerado para quien nunca lo ha vivido.
Pero para quien lo ha sufrido, el acecho no es un halago, no es romanticismo y no es insistencia: es miedo.
El miedo también cambia la vida de las personas, cambian rutas, cambian horarios, cambian números de teléfono, cambian rutinas, cambian su libertad.
La Ley Valeria es interesante porque intenta castigar algo que ocurre antes de que exista una agresión física. Es, en términos jurídicos, un derecho penal preventivo. Ahí es donde empieza el debate importante: ¿hasta dónde debe llegar la ley? ¿Debe el Estado castigar cuando alguien golpea o cuando alguien hace que otra persona viva con miedo?
Además, es importante entender algo: la llamada Ley Valeria todavía no es una ley vigente en todo el país. Lo que se aprobó fue una reforma en la Cámara de Diputados para incluir el delito de acecho en el Código Penal Federal, pero aún debe ser aprobada por el Senado para que pueda entrar en vigor. Es decir, la ley todavía está en proceso, pero el debate ya empezó, y ese debate dice mucho sobre lo que como sociedad estamos empezando a considerar violencia.
El acecho es un delito raro, porque muchas veces es el principio de algo peor. Muchas historias de violencia grave empiezan con alguien que insistía demasiado, que no aceptaba un no, que aparecía “por casualidad” en todos lados, que mandaba mensajes todos los días, que vigilaba redes sociales, que seguía, que observaba, que no soltaba.
Durante mucho tiempo eso no era delito.
Era alguien “intenso”, “insistente”, “enamorado”, “aferrado”.
Hoy la ley empieza a decir que no, que no es romanticismo cuando genera miedo. Que no es amor cuando invade, que no es insistencia cuando persigue.
Y otra vez, como en muchos casos en México, la ley lleva nombre de mujer y esto es un recordatorio de lo que por mucho tiempo no se vio: la violencia digital, la exposición mediática de las víctimas, el acoso, el acecho, la violencia psicológica, la invasión a la intimidad. Violencias que no siempre dejan huellas físicas, pero que pueden destruir la tranquilidad, la libertad y la vida de una persona.
Pero también hay que decir algo importante:
Las leyes castigan, pero no educan.
Las leyes llegan cuando algo ya pasó.
La verdadera prevención está en la cultura, en la educación emocional, en aprender a aceptar el rechazo, en entender que nadie le pertenece a nadie, en comprender que insistir cuando alguien ya dijo no, no es amor, es invasión.
Ojalá algún día dejemos de ponerles nombres a las leyes.
Porque eso significaría que no nacieron de una tragedia, sino de la prevención.
Pero mientras eso pasa, México seguirá teniendo leyes con nombres propios, historias detrás de cada reforma y una justicia que muchas veces llega después.

Karina Villegas
Activista social, licenciada en Administración de Empresas por el ITCJ y emprendedora con enfoque humano. Cree firmemente en que la participación ciudadana transforma realidades. Desde cada espacio que ocupa, impulsa causas que fortalecen la voz colectiva y la construcción de comunidad con visión solidaria y acción constante.
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