En su libro “Muerte Súbita” de 1983, la novelista y activista social estadounidense Rita Mae Brown, conocida por sus ensayos de identidad, política y cultura, describió a la locura como el insistir en hacer una misma cosa una y otra vez,esperando resultados diferentes. Este comentario lo realiza la protagonista de la novela Emma Harte, al referirse a la naturaleza humana y la tendencia a repetir errores del pasado, en lugar de aprender de ellos y cambiar de comportamiento. Esta frase viene a cuento en función de lo que está sucediendo con la insistencia de los gobiernos de la Cuarta Transformación en mantener un modelo operativo para Petróleos Mexicanos (Pemex), que en estos últimos siete años ha resultado ser productivamente inviable, con un considerable y creciente costo para las finanzas nacionales y el consecuente impacto en contribuciones de los ciudadanos a la Hacienda Pública.
En términos generales, las inversiones petroleras son cuantiosas y con resultados a largo plazo. Su proyección debe, para asegurar redituabilidad, ajustarse a parámetros técnicos y alejarse de criterios ideológicos y de oportunismo político. En síntesis, procurar eficiencia productiva y administrativa, con un modelo sostenible que permita maximizar la renta petrolera en beneficio del país. Pues bien, no obstante que, en los últimos años, la parte que obtiene el Estado Mexicano de la explotación y venta de los recursos petroleros se ha venido reduciendo drásticamente por la ineficiencia operativa de Pemex, provocada entre otros muchos factores por sus limitaciones presupuestarias, cargas administrativas y obsolescencia tecnológica, se insiste en preservar un modelo que muy claramente apunta hacia un fracaso operativo en el corto, mediano y largo plazo.
No es un secreto que Pemex es la empresa petrolera pública más endeudada del mundo, con una carga financiera que ha rondado en los últimos años los $100 mil millones de dólares, a pesar de reducciones fiscales, reestructuras financieras y capitalizaciones federales. Pero en este sentido, el diagnóstico se muestra muy claro. Mientras no haya decisión política de cambiar de raíz el modelo operativo, los númerosseguirán empeorando, por estarse insistiendo reductivamente, en un mismo comportamiento que ha resultado, más allá de los discursos políticos, en un rotundo fracaso.
De una producción proyectada al inicio del 2018 de 2 millones³400 mil barriles, actualmente se encuentra en 1 millón 680,000 barriles. Al tercer trimestre de 2024, se contaban 6,395 pozos en operación, mientras que para el mismo período de 2025, la cifra se había reducido a 5,832.
Esta menor cantidad de pozos en producción se combina con un retroceso en los equipos de perforación disponibles. En el tercer trimestre de 2024 se reportaban 53 equipos de perforación en el país, mientras que en el mismo lapso de 2025 la cifra cayó a 32. Y la lista puede continuar indefinidamente.
Parece haber llegado el tiempo de enfrentar la realidad de las cosas, para mejorar la explotación sostenible de nuestros recursos naturales y distanciarnos de discursos triunfalistas, que resultan un lastre para las finanzas públicas

Rafael Espino
De Chihuahua. Abogado fiscalista. Consejero Independiente de Petróleos Mexicanos. Senador de la República por Morena.


