Análisis clínico difundido en espacios informativos plantea posible demencia frontotemporal y cuestiona su capacidad funcional.
Ciudad de México (ADN/Staff) – El médico y educador en salud pública Héctor L. Frisbie ha expuesto en recientes participaciones en los espacios informativos Astillero y Sin Censura una sospecha clínica de deterioro neurológico significativo en el expresidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, basada en observación conductual prolongada, criterios neurológicos contemporáneos y análisis médico, sin que ello constituya un diagnóstico formal.
Frisbie ha subrayado que su análisis se inscribe en un marco metodológico claro, al precisar que no ha evaluado clínicamente al exmandatario, pero que la medicina actual permite formular sospechas diagnósticas a partir de la observación sistemática de la conducta pública, algo que —señala— no era viable cuando surgió la llamada Regla Goldwater, que tradicionalmente limitaba este tipo de evaluaciones públicas.
De acuerdo con el médico, el conjunto de signos observados no apunta principalmente a Alzheimer, sino a un cuadro compatible con demencia frontotemporal, una enfermedad neurodegenerativa que afecta los lóbulos frontal y temporal del cerebro, responsables del control ejecutivo, la inhibición social, el lenguaje, el juicio y la regulación de la conducta.
En sus exposiciones, Frisbie ha descrito cambios progresivos en tres áreas clave: cognitiva, conductual y motora, cuya coexistencia refuerza la sospecha de un proceso neurodegenerativo. Entre los elementos señalados se encuentran desinhibición conductual, pérdida del filtro social, respuestas agresivas e impulsivas, así como deterioro del control ejecutivo, lo que se reflejaría en la dificultad para seguir protocolos básicos y mantener conductas acordes a contextos institucionales.
El especialista ha hecho énfasis en el fenómeno de la confabulación, al que identifica como uno de los signos neurológicos más relevantes. Según explicó, este consiste en la construcción de narrativas falsas que el paciente cree plenamente verdaderas, lo que no implica mentira consciente, sino una alteración neurológica, y que se manifestaría en afirmaciones sobre hechos, logros o situaciones inexistentes.
Frisbie también ha señalado alteraciones del lenguaje, como frases desorganizadas, uso incorrecto de verbos, invención de palabras y discursos tangenciales, lo que identifica como afasia, un trastorno neurológico del lenguaje. A ello suma fluctuaciones marcadas del estado mental, con periodos de apatía profunda alternados con episodios de excitación e impulsividad, un patrón que, sostiene, es más consistente con demencia frontotemporal que con Alzheimer.
Otro aspecto abordado es la presencia de trastornos del sueño, particularmente el fenómeno conocido como sundowning, con un empeoramiento del estado cognitivo y conductual por la tarde-noche, despertares nocturnos tempranos y actividad errática en ese horario, lo que explicaría la reducción de apariciones públicas vespertinas.
El análisis incluye además signos motores, como postura inclinada, dificultades de equilibrio y problemas bulbares al hablar, que, de acuerdo con Frisbie, serían indicativos de atrofia cerebral progresiva. Aunque no existen imágenes públicas de resonancia magnética, el médico explicó que este tipo de demencia suele mostrar atrofia severa del lóbulo frontal y reducción del volumen cerebral anterior.
En cuanto a la evolución, Frisbie ha señalado que el deterioro no sería reciente, sino que habría iniciado hace alrededor de una década, con una aceleración geométrica en los últimos años. Bajo esa premisa, ha ajustado de manera reiterada sus estimaciones sobre la capacidad funcional futura del exmandatario.
El médico ha diferenciado este proceso de un narcisismo patológico previo, que, afirma, Trump ha presentado durante décadas, pero que ahora estaría superpuesto y amplificado por la enfermedad neurológica, generando conductas cada vez más erráticas.
Las exposiciones de Frisbie han generado debate al plantear interrogantes sobre la funcionalidad actual del expresidente, insistiendo en que sus señalamientos se basan en criterios médicos y observacionales, sin emitir juicios políticos ni diagnósticos formales, y enmarcando el análisis como una reflexión clínica sobre un personaje con impacto global.
Con información de Astillero y Sin Censura

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