Hay cosas que no deberían ser noticia… pero en Juárez lo son.
Respirar, por ejemplo.
El pasado 15 de marzo, nuestra ciudad alcanzó niveles de contaminación extremadamente peligrosos, con concentraciones de partículas PM10 que llegaron a 710 microgramos por metro cúbico, cuando el límite considerado dañino es de apenas 75. Es decir, casi diez veces más de lo permitido. 
No es un dato técnico.
Es una alarma.
Porque ese aire no se queda en un reporte. Ese aire entra a los pulmones de nuestros hijos, de nuestros adultos mayores, de quienes trabajan todo el día en la calle. Ese aire enferma, desgasta y, silenciosamente, cobra factura.
Y lo más preocupante: no es un evento aislado.
Ciudad Juárez lleva meses acumulando episodios de mala calidad del aire, al grado de ser considerada una de las ciudades más contaminadas del país.  La combinación es clara: industria, tráfico, polvo, crecimiento urbano desordenado y una cultura ambiental prácticamente inexistente. 
Pero aquí viene la parte incómoda.
Nos encanta culpar al gobierno —y sí, tiene una enorme responsabilidad—, pero el problema también está en nosotros. En la basura que tiramos, en los terrenos llenos de escombro, en los autos que usamos para todo, en la quema de residuos, en la indiferencia cotidiana.
Juárez no solo está contaminado por partículas.
Está contaminado por hábitos.
Nos hemos acostumbrado a ver el cielo gris como si fuera parte del paisaje. A normalizar el polvo en el aire. A vivir con alergias, tos y problemas respiratorios como si fueran inevitables. Y no lo son.
Cuidar el medio ambiente no es una moda ni una agenda política. Es una necesidad de supervivencia urbana.
¿Qué podemos hacer?
Desde lo más básico —que es donde todo empieza—:
no tirar basura, cuidar los espacios públicos, evitar quemas, compartir el auto, exigir verificación vehicular, plantar árboles, mantener limpias nuestras calles.
Pero también desde lo colectivo:
exigir políticas públicas reales, monitoreo constante, regulación industrial efectiva y planeación urbana con visión ambiental.
Porque esto no se resuelve solo con discursos ni con campañas de temporada.
Se resuelve con ciudadanos conscientes y autoridades responsables.
Hoy, en Juárez, respirar ya no debería ser un privilegio.
Debería ser un derecho.
Y ese derecho no se va a recuperar solo.
Se construye —o se pierde— todos los días.

César Calandrelly
Comunicólogo / Analista Político


