Entras a TikTok. Abres X. Revisas el WhatsApp familiar. Y ahí está, otra vez: “¡Van a quitar el INE!”, “¡Se acabó la democracia!”, “¡Se viene el autoritarismo!”. Todo con mayúsculas, urgencia y una seguridad que da risa… si no fuera porque el tema es serio.
El problema no es que la gente se preocupe. La preocupación es legítima. El problema es cómo nos están haciendo discutir: a gritos, a ciegas y, muchas veces, sin texto.
Porque, hoy por hoy, la conversación pública sobre “la reforma electoral” se parece más a una pelea por una sombra que a un debate sobre una iniciativa.
El punto de partida: sin “receta”, no hay pastel
En política y en derecho hay una regla básica: lo que no está escrito no se puede debatir con rigor. Se puede especular, sí. Se puede inferir por declaraciones, también. Pero discutir “a detalle” algo que no ha sido presentado formalmente es como pelear por los ingredientes de un pastel que todavía ni se mete al horno.
Y aquí viene lo importante: la propuesta presidencial de reforma electoral sigue en construcción. La propia presidenta Claudia Sheinbaum ha dicho que se concluirá y enviará al Congreso en febrero, y ha insistido en que no se busca quitar autonomía al INE.
A la vez, la discusión política ya está encendida, incluso dentro del bloque oficialista: se reportan tensiones con aliados como el PVEM por temas sensibles (plurinominales, financiamiento, etc.), mientras se reconoce que aún no hay un documento concreto listo para el trámite legislativo.
Traducido: hay ruido, hay pistas, hay posiciones… pero todavía no hay un texto definitivo que podamos leer y desmenuzar en serio.
Ojo: sí hay documentos en la cancha (solo que no son “el fantasma” de redes y medios)
Aquí es donde conviene subir el nivel: aunque la iniciativa presidencial esté en construcción, sí existen piezas formales que ya circulan por canales institucionales.
Primero. El INE entregó formalmente a la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral un paquete de propuestas institucionales, producto de un ejercicio técnico y colegiado.
Segundo. La Cámara de Diputados recibió en diciembre la iniciativa ciudadana impulsada por Salvemos la Democracia, respaldada por más de 188 mil apoyos recabados. Tras la verificación correspondiente, el INE clasificó 136,875 registros como apoyos válidos, con lo que se acreditó el umbral de 0.13% de la Lista Nominal exigido para iniciar el trámite legislativo.
Esto cambia el mapa: no es verdad que “no existe nada”. Lo que sí es verdad es que el debate viral suele mezclar todo en una sola bolsa y, peor aún, suele discutir “lo que alguien dice que vendrá”, en lugar de discutir lo que ya está escrito.
Cómo se hace una reforma constitucional (para aterrizar el debate)
Si hablamos de una reforma constitucional —y la electoral normalmente toca Constitución y leyes—, hay procedimiento, no magia.
Primero: alguien con derecho de iniciativa presenta un proyecto. En términos constitucionales, el derecho de iniciar leyes o decretos corresponde, entre otros, a la persona titular del Ejecutivo Federal y a legisladores del Congreso.
Segundo: si hablamos de cambiar la Constitución, la regla clave está en el artículo 135: se requieren votos calificados en el Congreso y, después, aprobación de la mayoría de las legislaturas estatales (y de la Ciudad de México) para que las reformas formen parte de la Constitución.
Dicho sin tecnicismos: no hay reforma constitucional “por ocurrencia de redes”. Hay texto, hay discusión, hay mayorías calificadas, hay control político y hay revisión federalista.
Entonces, ¿quién gana con el humo?
Aquí entra la política: el pánico moviliza y el pánico se monetiza.
1. Los adictos a la atención. El algoritmo premia el grito, no el matiz. “Hay que esperar el documento” no vende. “¡Se viene el apocalipsis!” sí, y mucho.
2. Los que necesitan predisponerte. Construyen un monstruo para que, cuando llegue el texto real, tú ya estés asustado y reaccionando por reflejo, no por análisis.
3. Nosotros mismos. La incertidumbre incomoda. Y cuando no hay documento, rellenamos el vacío con cadenas, clips y “me dijeron”.
Mi postura: esperar el texto no es pasividad; es estrategia
Que quede claro: no te estoy diciendo “no te metas”. Te estoy diciendo: métete con método.
Paso 1: entiende el presente. Antes de pelear por el futuro, hay que ver cómo opera hoy el sistema: qué hace el INE, qué sí funciona, qué no, dónde hay costos innecesarios y dónde hay garantías irrenunciables.
Paso 2: exige claridad. Si va a haber reforma, que sea con máxima publicidad: que se publique el proyecto, que se transparente la ruta, que se expliquen impactos y que se abran comparativos. Sin texto, todo es propaganda.
Paso 3: separa documentos de rumores. Una cosa son propuestas técnicas del INE; otra, una iniciativa ciudadana; y otra, la iniciativa presidencial en construcción. Si metes todo en el mismo costal, terminas opinando sobre una mezcla que nadie vota.
Paso 4: discute con el papel en la mano. La verdadera batalla empieza cuando el documento esté “en la cancha”: ahí sí, con artículos, comparativos, costos, riesgos, controles y consecuencias.
Porque la democracia es demasiado seria para dejarla en modo chisme. Y si algo tenemos que defender, no es una consigna: es el derecho a informarnos bien antes de decidir.
La próxima vez que te llegue un post incendiario, hazte una pregunta sencilla: ¿esto viene de un documento… o de una emoción? Si es emoción, respira. Si es documento, lo leemos y lo discutimos: sin humo y sin miedo prestado.

Alvin Álvarez Calderón
Político y abogado chihuahuense con experiencia legislativa y empresarial. Exsubdelegado de PROFECO, ex dirigente del PVEM en Ciudad Juárez y cofundador de Capital and Legal. Consejero en el sector industrial y financiero, promueve desarrollo sostenible e inclusión social.


