¿Qué nos dice una democracia cuando quienes tienen los votos deciden no votar?
Esta semana el Congreso del Estado de Chihuahua vivió uno de los episodios más preocupantes de los últimos años. Estaba programada la discusión de 31 dictámenes legislativos, entre ellos el relativo al matrimonio igualitario, una reforma impulsada desde hace más de 16 años por organizaciones de la diversidad sexual, activistas, defensoras de derechos humanos y cientos de familias chihuahuenses que han exigido igualdad ante la ley.
Sin embargo, la discusión nunca ocurrió.
Primero se intentó impedir el debate mediante maniobras parlamentarias. Después se argumentó que no existían condiciones para continuar con la sesión. Finalmente, los diputados del PAN abandonaron el recinto y se suspendió la discusión de todos los asuntos enlistados. Lo relevante no es únicamente que se haya frenado el matrimonio igualitario. Lo verdaderamente grave es que se evitó deliberadamente que el Congreso debatiera y votara.
Ahí aparece la gran contradicción.
Porque en democracia nadie está obligado a pensar igual. Nadie está obligado a votar a favor de una reforma. Para eso existen los parlamentos: para debatir, confrontar ideas y asumir posiciones frente a la ciudadanía. Si alguien considera que una iniciativa es incorrecta, tiene todo el derecho de votar en contra. Lo que resulta difícil de justificar es utilizar la mayoría parlamentaria para impedir que la discusión siquiera ocurra.
La pregunta entonces es inevitable: ¿por qué evitar el debate?
La respuesta parece encontrarse en el costo político. Porque votar en contra del matrimonio igualitario implica asumir públicamente una postura frente a una sociedad que ha cambiado. Implica explicar por qué se niega un derecho que ha sido reconocido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación y respaldado por estándares nacionales e internacionales de derechos humanos. Implica hacerse responsable del sentido del voto.
Y precisamente por eso la suspensión de la sesión resulta tan significativa.
Lo ocurrido revela un problema que va mucho más allá de una reforma específica. Cuando las instituciones dejan de procesar los desacuerdos mediante el debate y comienzan a evitar la deliberación pública, la ciudadanía empieza a percibir que el problema no es la falta de consensos, sino la falta de voluntad para discutirlos.
La democracia no consiste en evitar los conflictos. Consiste en resolverlos mediante la palabra, la deliberación y el voto. Por eso preocupa que en Chihuahua cada vez observemos más bloqueos, más cerrazón y menos disposición al diálogo público.
Al final, el matrimonio igualitario volverá a discutirse tarde o temprano. La igualdad siempre termina abriéndose paso en la historia. Lo que quedará para el análisis político es otra pregunta: ¿por qué quienes tenían los votos decidieron no utilizarlos?
Porque hay momentos en que una votación perdida genera menos desgaste que una discusión evitada.

Brenda Ríos
Orgullosa Chihuahuense. Amo y respeto la naturaleza. Soy mamá de Alex Benjamin, Austria Camila y esposa de Alex LeBaron. Mi pasión siempre ha sido el servicio público/civil, me inspira luchar por grandes causas que cambien el mundo. Empresaria agrícola y consultora ambiental.
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