En Ciudad Juárez, hablar de movilidad ya no puede reducirse a discutir camiones, semáforos o baches por separado. La movilidad es, en realidad, la forma en que una ciudad decide si le facilita o le complica la vida a su gente. Y en Juárez, millones de trayectos diarios siguen recordándonos que el problema no es menor: llegar al trabajo, llevar a los hijos a la escuela, cruzar una avenida, esperar el transporte o sortear una obra mal planeada puede convertirse en una prueba de paciencia, tiempo y dinero. Esa es la verdadera dimensión del tema.
Hoy hay que reconocer algo que sería mezquino negar: en materia de transporte público sí existen avances importantes. El sistema JuárezBus dejó de ser una simple promesa y se volvió una realidad operativa con tres rutas en funcionamiento, una red de 88 estaciones y una flotilla de 104 camiones modelo 2025. Además, el propio Gobierno del Estado ha sostenido que el sistema acumula decenas de millones de viajes: en mayo de 2025 reportó 15 millones; en diciembre de 2025 informó más de 30 millones; y en enero-marzo de 2026 distintas comunicaciones oficiales y reportes periodísticos ya lo ubican entre 34 y cerca de 40 millones de viajes. Eso no es un dato menor: significa que había una necesidad histórica de transporte digno y que miles de juarenses sí están usando el sistema.
Pero reconocer avances no obliga a cerrar los ojos frente a lo que sigue fallando. El primer gran error sería creer que movilidad es sinónimo exclusivo de BRT. No lo es. La movilidad real de Juárez también se mide en la experiencia del peatón, en la seguridad vial, en la señalización, en la conexión de colonias con centros de trabajo, en la calidad de las banquetas, en la sincronización semafórica, en la accesibilidad para personas con discapacidad y en la capacidad de la autoridad para ordenar una ciudad que creció durante años con enormes rezagos. Por eso no basta con presumir unidades nuevas; hace falta construir un sistema completo.
Y es en todo el contexto completo donde Juárez sigue arrastrando problemas serios. Apenas en estos últimos días de marzo, la ciudad volvió a resentir cierres parciales y reducción de carriles por obras en el bulevar Cuatro Siglos y zonas aledañas, derivadas de trabajos de infraestructura sanitaria. Son obras necesarias, sí, pero para el ciudadano común el resultado inmediato es el mismo más tráfico, más retrasos, más desgaste y más incertidumbre. Lo mismo ocurre cuando una vialidad estratégica entra en intervención sin una comunicación suficiente, sin rutas alternas claras o sin una gestión del flujo que reduzca el impacto. La ciudad no puede vivir permanentemente parchando un problema mientras genera otro.
Por eso también es importante leer con cuidado otro anuncio reciente: en marzo de 2026 el Municipio abrió la convocatoria para integrar el Consejo Consultivo de Movilidad y Seguridad Vial. La señal política es correcta, porque implica aceptar que la movilidad no debe decidirse solo desde el escritorio gubernamental. Una ciudad como Juárez necesita escuchar a técnicos, urbanistas, académicos, transportistas, peatones, ciclistas, personas con discapacidad, comerciantes y vecinos de las zonas más afectadas. Si ese consejo sirve para simular participación, no cambiará nada; pero si sirve para ordenar prioridades, medir resultados y exigir continuidad, podría convertirse en una herramienta útil para que la movilidad deje de ser ocurrencia y empiece a ser política pública seria.
También hay otro punto de fondo que no se puede ignorar Juárez no necesita solamente más obra, necesita mejor jerarquización de la obra. Cada peso invertido en pavimentación, semaforización, señalización o transporte debe responder a una lógica de ciudad, no solo a la presión del momento o al rendimiento político de una inauguración. El propio presupuesto municipal 2026 ha señalado como áreas prioritarias la semaforización, las obras públicas, la atención a vialidades y la inversión urbana. Eso suena bien en el papel. El reto verdadero es que esa prioridad se traduzca en una movilidad medible menos tiempo de traslado, menos puntos de conflicto vial, menos accidentes, mejor cobertura, más orden y más seguridad para quien camina y para quien conduce.
En paralelo, desde el Estado ya se habla incluso de dejar preparada infraestructura para futuros proyectos como el BRT IV en la avenida De las Torres. Esa discusión debe tomarse con seriedad. Juárez no puede repetir la vieja historia de siempre empezar grandes proyectos sin resolver por completo la integración de los que ya están en marcha. Expandir el sistema puede ser positivo, pero solo si al mismo tiempo se consolida la operación actual, se mejora la conectividad con rutas alimentadoras, se garantiza mantenimiento, se ordena el entorno vial y se privilegia al usuario, no al discurso oficial.
Al final, la movilidad revela qué ciudad somos. Una ciudad desordenada castiga a quien trabaja, a quien estudia, a quien cuida a su familia y a quien simplemente intenta llegar a tiempo. Una ciudad que se toma en serio su movilidad entiende que el tiempo de la gente también es un asunto de justicia. Y en Juárez, durante demasiado tiempo, el ciudadano tuvo que acostumbrarse a perder horas de vida por la improvisación pública. Ese es el fondo del debate.
Por eso, el gran desafío para Juárez ya no es anunciar más. Ya no es vender que ahora sí viene la solución definitiva. El verdadero reto es demostrar que existe una estrategia integral, coordinada y constante. Que el transporte público siga mejorando, sí. Pero también que las vialidades funcionen, que el peatón exista en la planeación, que las obras se administren con inteligencia y que la autoridad entienda algo elemental: movilidad no es mover carros ni inaugurar estaciones; movilidad es hacer que la ciudad funcione para la gente.

Alvin Álvarez Calderón
Político y abogado chihuahuense con experiencia legislativa y empresarial. Exsubdelegado de PROFECO, ex dirigente del PVEM en Ciudad Juárez y cofundador de Capital and Legal. Consejero en el sector industrial y financiero, promueve desarrollo sostenible e inclusión social.


