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febrero 10, 2026 | 7:12

Mi mayor respeto para un Conejo Malo

Publicado el

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“Nadie entiende ni una palabra de lo que dice este tipo”.
Opinion de Donald Trump sobre Bad Bunny

Antes de empezar esta columna, debo hacer un par de aclaraciones que considero pertinentes. Primero, no me gusta el reguetón, me parece música de muy mal gusto, con una forma de expresar los temas que toca de manera excesivamente cruda y sumamente vulgar, pero a fin de cuantas hay gente a la que le gusta, y, por tanto, la respeto en cuanto expresión cultural.

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Segundo, no soy fan del futbol americano, por lo que con dificultades veo el juego, mucho menos el espectáculo del medio tiempo, por tanto, Bad Bunny logró algo que nunca había ocurrido: que su servidor le pusiera atención a este evento tan popular.

Y no es que me interesara el tal Bad Bunny y su música soez, no, la realidad es que mi interés nació de la crítica que el hombre naranja que dirige los destinos de la nación del norte hizo con respecto a este cantante, ello aunado a la posición política expresa que el mismo conejo malo hizo pública al momento de recibir un premio Grammy: “Antes de agradecer a Dios, quiero decir: ¡Fuera ICE!” grito el boricua en dicho evento.

Y aunque en el show de medio tiempo del superbowl su posición no fue tan explicita, lo que presentó, me dejo absolutamente satisfecho.

Inicia el espectáculo trasladando metafóricamente al espectador a un campo cañero que bien se puede ubicar en Cuba, Puerto Rico, Morelos o Veracruz. En fin, es un lugar de trabajo donde el hombre y la mujer comunes viven con dificultades y mucho esfuerzo.

Luego, en primer plano entra el cantante entonando uno de sus éxitos más populares, melodía llamada “Tití me preguntó”, en la que el cantautor hace gala de un gran nivel de misoginia presumiendo el gran número de novias que tiene, “Hoy tengo a una, mañana otra, hey, pero no hay boda…” declara el cantante sin rubor.

Hay que decirlo, el macho conquistador que tiene muchas mujeres es tema recurrente dentro del ideario latinoamericano, y como tal ha producido muchos éxitos como el “Mambo número 5” cantado por Lou Bega, o el clásico de Vicente Fernández, “Bohemio de Afición”, por solo mencionar un par de ellas.

Con esa música como marco y a la vez que va enumerando todos sus quereres femeninos, bad bunny camina entre viñetas que nos remontan a nuestra propia realidad latinoamericana: trabajadores cañeros, de la obra, vendedores de tacos o de raspas, mujeres que hacen manicura, boxeadores o vendedores de joyería, todas ellos oficios muy comunes en la manera de como los latinos enfrentamos la vida en cualquiera de nuestros países.

De ahí, en un giro contrastante, deja la misoginia de lado y pasa a cantarle a la mujer empoderada, la que “Perrea sola” en lenguaje reguetonero, es decir, la mujer dueña de su destino, que es autosuficiente en todos los sentidos, incluido el sexual, porque no depende de ningún hombre para satisfacer sus necesidades, “Ante’ tú me pichaba’ (tú me pichaba’), Ahora yo picheo (mmh, nah); Antes tú no quería (no quería’), Ahora yo no quiero (mmh, no)”.

Ese fragmento es entonado a coro por un grupo de mujeres de figura atractiva que bailan sugestivamente moviendo sus caderas frenéticamente como lo manda el canon del “perreo” rodeadas de más hombres y mujeres jóvenes que aplauden su “empoderamiento”.

Hasta ahí parecía que así iba a seguir el espectáculo, concretándose a hacer pálidos guiños a nuestra cultura latinoamericana y seguir con los temas típicos del reguetón, pero, para deleite de quienes no somos sus fans vino el primer giro verdadero.

La escena pasa a una boda latina -la cual aparentemente si fue real- en la que un juez declara marido y mujer a un anglosajón y a una latina. Una vez hecho el pronunciamiento, y como corresponde a nuestros usos y costumbres, arranca la orquesta para amenizar la fiesta en la que la vocalista principal no es otra que la mismísima Lady Gaga, icono anglosajón de la música pop.

Esta arranca con uno de sus actuales éxitos en versión salsa, muy bien ejecutada por cierto, para terminar bailando con Bad Bunny, entre elementos que son perfectamente distinguibles para todos los latinos: la abuelita y las tías bailarinas, los niños atravesándose en la pista, o la niña dormida sobre dos sillas.

De ahí el espectáculo da un salto, literalmente, a la que un buen amigo definía como la ciudad más grande de Puerto Rico: Nueva York, donde después de cantar la respectiva loa a la ciudad y sus barrios, da el primer paso al clímax del final entregando su premio Grammy a un niño que bien puede pasar como Liam Conejo Ramos, el niño detenido y encarcelado por ICE en Minnesota.

Con esa escena no tuvo que gritar ¡Fuera ICE! Para dejar en claro que apoya a los latinos, ¡lo hizo de la manera más sutil posible!; pero ahí no paró la cosa, en la segunda sorpresa de la noche, entra a cuadro el popular Ricky Martin, igualmente portorriqueño, a refrescar la rebeldía boricua que no les ha permitido convertirse en estado pleno de los Estados Unidos: “Quieren quitarme el río y también la playa; Quieren el barrio mío y que abuelita se vaya; No, no suelte la bandera ni olvide el lelolai; Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái

Mientras Ricky Martin entona esas coplas de denuncia, que no de protesta, -letra del propio Bad Bunny- en su entorno explotan transformadores eléctricos recordándole al mundo que la red eléctrica de su natal Puerto Rico colapsó después del paso del huracán María, y que el presidente de la Republica de aquel momento se negó a proporcionar la ayuda económica necesaria para restaurarla. Si, el presidente era precisamente Donald Trump.

Y si la sutileza en estas críticas fue soberbia, el final sería memorable. Al frente de una multitud que enarbolaba banderas de toda Latinoamérica, gritó el conejo malo: “!Dios bendiga a America!” como tradicionalmente dicen los angloparlantes, pero con una salvedad, para los gringos America se reduce a su país, para Bad Bunny, America somos todos los países del continente, y pasó a recitar todos y cada uno de ellos, en un acto de unión panamericano pocas veces visto, y mucho menos celebrado.

¿La cereza del pastel? Una pantalla gigante atrás de toda aquella multitud bulliciosa y alegre que declaraba a todo el mundo: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”, frase que caló profundo en el alma viciosa y turbia del aspirante a dictador de color naranja, y su cada vez más reducido número de seguidores.

No, no voy a escuchar la música de Bad Bunny, me sigue pareciendo mala y vulgar, se la dejo al que le guste, y la quiera escuchar; pero sobre la persona de Benito Antonio Martínez Ocasio, como ser humano, y como latinoamericano, solo puedo tener el más absoluto respeto.

Es cuánto.

En Ciudad Juarez Chihuahua, a 10 de febrero del 2026

Jose Antonio Blanco SQR
José Antonio Blanco

Ingeniero Electromecánico. Juarense egresado del ITCJ con estudios de maestría en Ingeniería Administrativa por la misma institución y diplomado en Desarrollo Organizacional por el ITESM. Labora desde 1988 en la industria maquiladora. Militó en el PRD de 1989 al 2001.

En la actualidad, un ciudadano comprometido con las causas progresistas de nuestro tiempo, sin militancia activa.


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.

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