Hay cosas que en nuestra ciudad dejamos de cuestionar hace mucho tiempo.
Como ver perros en la calle, caminando sin rumbo entre el polvo, el calor y la indiferencia.
Ahí están. Siempre han estado.
En las esquinas, en los parques, afuera de las tiendas, buscando sombra o algo de comer.
Y nosotros pasamos, los vemos… y seguimos.
Porque se volvió normal.
Tan normal, que dejamos de entender lo que eso significa.
No, no es “parte de la calle”.
Es el reflejo de una ciudad que aprendió a convivir con el abandono.
Y como todo lo que se normaliza… tarde o temprano pasa factura.
Hoy ya no estamos hablando solo de perros en la calle.
Estamos hablando de un problema de salud pública.
Las garrapatas, esas que muchos siguen viendo como algo menor, están transmitiendo enfermedades graves como la rickettsiosis.
Y no, no es un tema exagerado ni alarmista.
Es real. Está pasando. Y ya ha cobrado vidas.
Entonces sí, de pronto el tema dejó de ser invisible.
Pero aquí viene la parte fea, la que no nos gusta decir porque implica asumir responsabilidad:
Los perros no llegaron solos a la calle.
A alguien se le hizo fácil abandonarlos.
A alguien le pareció buena idea no esterilizar.
A alguien le dio flojera hacerse cargo.
Y ese “alguien”… somos nosotros como sociedad.
Porque aquí nos encanta tener cachorros.
Nos encanta la foto bonita, el video tierno, el momento de “ay qué bonito”.
Pero cuando crecen, cuando enferman, cuando ya no encajan en la rutina… los sueltan.
Como si fueran desechables.
Y luego nos sorprendemos de la sobrepoblación.
De las plagas.
De las enfermedades.
Como si todo esto hubiera salido de la nada.
También hay que decirlo sin rodeos:
las autoridades han reaccionado tarde y, muchas veces, de forma insuficiente.
Las campañas de esterilización no alcanzan.
Los programas aparecen cuando el problema ya está fuera de control.
Y las acciones suelen ser más reactivas que preventivas.
Pero tampoco se vale lavarnos las manos y aventar toda la culpa al gobierno.
Porque mientras la gente siga viendo a los animales como objetos, esto no va a cambiar.
Mientras siga habiendo quien abandona, quien no esteriliza, quien no entiende lo que implica tener una mascota…
vamos a seguir en el mismo ciclo.
Y ese ciclo ya nos alcanzó.
Porque hoy no solo son los perros los que están en riesgo.
También somos nosotros.
Lo más duro de todo es que esto nunca fue un problema de animales.
Es un problema de irresponsabilidad humana.
Los perros están pagando las consecuencias de decisiones que no tomaron.
Y ahora, también las personas.
Ciudad Juárez no se llenó de perros por casualidad.
Se llenó de abandono.
Y mientras no se entienda eso, vamos a seguir buscando culpables en donde no están.
Porque es más fácil señalar a un perro en la calle…
que reconocer lo que estamos haciendo como sociedad.

Ángeles Gómez
Fundadora en 2014 de Ángeles Voluntarios Jrz A.C. dedicada al desarrollo de habilidades para la vida en la niñez y juventud del sur oriente de la ciudad. Impulsora del Movimiento Afromexicano, promoviendo la visibilización y sensibilización sobre la historia y los derechos de las personas afrodescendientes en Juárez.
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