La pobreza que normalizamos y las oportunidades que nunca llegan
Ciudad Juárez no es pobre porque no trabaje.
Es pobre porque el trabajo dejó de ser sinónimo de progreso.
En 2026, esta frontera produce, exporta y sostiene una parte clave de la economía nacional, pero no logra garantizar bienestar, seguridad ni futuro para una parte creciente de su población. Juárez se acostumbró a sobrevivir… y esa costumbre hoy cobra factura.
El dato incómodo: trabajar ya no saca de la pobreza
De acuerdo con mediciones de pobreza laboral, más del 30% de la población ocupada en Ciudad Juárez no logra cubrir la canasta básica con su ingreso, aun teniendo empleo formal.
El salario promedio en la industria maquiladora columna vertebral de la ciudad sigue sin alcanzar el umbral de vida digna, especialmente para hogares con dependientes.
Esto no es un problema individual.
Es un modelo económico agotado.
Durante décadas se vendió la idea de que Juárez ofrecía oportunidades ilimitadas; “el que quiere trabajar, aquí encuentra”. Hoy la realidad es otra; hay trabajo, pero no movilidad social.
Hay empleo, pero no patrimonio.
Hay esfuerzo, pero no recompensa.
Crecimiento económico sin crecimiento humano
Juárez sigue atrayendo inversión, pero no retiene bienestar.
La ciudad crece en exportaciones, pero no en calidad de vida.
Los parques industriales se expanden mientras las colonias carecen de servicios básicos, transporte digno y espacios seguros.
La desigualdad territorial es brutal; mientras algunos sectores concentran infraestructura, amplias zonas del suroriente y la periferia viven con servicios incompletos, escuelas saturadas y atención médica insuficiente.
La ciudad produce riqueza, pero no la distribuye ni la transforma en derechos.
Seguridad: cuando el miedo se vuelve parte del paisaje
Aunque los homicidios ya no alcanzan los picos históricos más oscuros, la violencia no desapareció, se normalizó.
Extorsión, robos, desapariciones y delitos patrimoniales siguen presentes y afectan directamente la decisión de invertir, emprender o simplemente quedarse.
La inseguridad no solo mata personas; mata proyectos de vida.
Empuja a jóvenes a migrar, a familias a encerrarse y a empresas a no apostar a largo plazo.
La paradoja laboral; falta mano de obra… y sobra frustración
Juárez enfrenta hoy un fenómeno que parece contradictorio; las empresas reportan falta de mano de obra obrera, mientras miles de personas buscan empleo estable.
La explicación es dura, pero clara.
Salarios que no compensan el desgaste físico
Jornadas extensas con poco margen de conciliación familiar
Transporte deficiente y caro
Falta de capacitación para nuevas líneas productivas
Jóvenes que ya no están dispuestos a repetir el mismo ciclo de precariedad que vivieron sus padres
No es que falten trabajadores.
Faltan condiciones dignas para trabajar.
La industria evolucionó, pero la política laboral y educativa no lo hizo al mismo ritmo.
Hoy se demandan perfiles técnicos, especializados, flexibles, mientras la ciudad sigue formando mano de obra para un modelo que ya no existe.
Juárez en este 2026 es una ciudad que resiste, pero no despega.
La pregunta ya no es si Juárez tiene oportunidades.
La pregunta real es: ¿para quién?
Porque mientras algunos logran insertarse en nichos especializados y bien pagados, la mayoría sigue atrapada en un esquema donde el esfuerzo no se traduce en estabilidad.
Y cuando una ciudad rompe la relación entre trabajo y bienestar, se rompe el contrato social.
O se transforma el modelo, o la pobreza seguirá heredándose
Juárez no necesita discursos motivacionales ni promesas recicladas.
Necesita decisiones estructurales.
Reconversión real de la fuerza laboral.
Salarios que alcancen para vivir, no solo para sobrevivir.
Planeación urbana con enfoque social.
Seguridad que permita quedarse, no huir.
Educación alineada al futuro, no al pasado.
La pobreza en Juárez no es falta de ganas, es falta de un proyecto de ciudad.
Y mientras sigamos celebrando que “hay trabajo”, sin preguntarnos para qué alcanza, seguiremos siendo una frontera que produce mucho… y progresa poco.

Guadalupe Parada Gasson
Economista, experta en comercio exterior, periodista y docente con amplia trayectoria en sectores público y privado. Ha dirigido medios impresos y digitales, liderado proyectos de comunicación y formación, y se ha desempeñado en ventas, publicidad y relaciones públicas. Destaca por su perfil multidisciplinario, visión estratégica y compromiso con la gestión social y educativa. Recientemente presidenta de Rotary Club Juárez Real (2023–2024).


