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enero 28, 2026 | 20:09

Fe, conciencia y bien común: por qué apoyo a la 4T

Publicado el

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1) De dónde hablo

Soy abogado, facilitador privado y católico practicante. Creo en Dios y en la fuerza sanadora del Evangelio vivido con seriedad. Desde esa identidad —no a pesar de ella— apoyo el proyecto de la Cuarta Transformación y a la presidenta Claudia Sheinbaum. No lo hago por moda, por consigna, ni por odio a nadie. Lo hago por convicción ética y cívica: “Por el bien de México, primero los pobres”.

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2) Fe y política: lo que sí enseña mi conciencia

A los creyentes nos corresponde actuar en la vida pública con una conciencia bien formada. La fe no es una huida del mundo; es una invitación a trabajar por el bien común, la dignidad de cada persona, la solidaridad y una opción preferencial por los pobres. También nos pide rechazar la corrupción, la impunidad y la violencia, venga de donde venga.

Quien piense que la fe obliga a apoyar necesariamente a un partido u otro, confunde lo esencial: el cristianismo no prescribe siglas; prescribe principios. Yo apoyo a la 4T porque, con sus luces y sombras, la entiendo como un esfuerzo por corregir desigualdades estructurales, dignificar a los últimos y combatir un sistema de privilegios que nos descompuso por décadas.

3) “¿Y el comunismo?”: aclaración necesaria

Algunas personas me acusan de respaldar “comunismo” o “ateísmo”. Respondo con serenidad:

Defender programas sociales amplios, salarios justos y servicios públicos que funcionen no equivale a abolir la propiedad privada ni a perseguir la religión.

Exigir que los recursos públicos dejen de concentrarse en unos cuantos no es lucha de clases, es justicia elemental.

La laicidad del Estado no es antirreligiosa: garantiza que cada quien pueda creer y practicar su fe sin imposiciones, y que las políticas se diseñen para todas y todos.

Si hay quien utiliza la palabra “comunismo” como etiqueta para descalificar cualquier política social o regulación que ponga límites a los abusos, entonces el problema no es ideológico: es moral.

4) ¿Qué sí veo en la 4T?

Veo un horizonte que, si se cuida y se mejora, es compatible con mis convicciones cristianas y republicanas:

Primero los pobres: orienta el presupuesto hacia quienes históricamente fueron descartados.

•Combate a la corrupción como eje de política pública, con avances y tareas pendientes.

Política de derechos: salud, educación, pensiones, becas; no como dádiva, sino como piso de dignidad.

Austeridad republicana: no es desprecio a la técnica ni a la cultura; es poner freno al derroche cínico del poder.

Reconstrucción del Estado para que sirva a la gente y no a las camarillas.

¿Que hay errores, inercias y contradicciones? Por supuesto. Las digo sin miedo: la justicia cotidiana sigue lenta; hay que profesionalizar más áreas, blindar políticas de seguridad a la altura de las víctimas y proteger sin titubeos la libertad de expresión. Precisamente por eso participo y exijo: porque la crítica responsable es parte del amor a la patria.

5) Mi fe no es excusa para la indiferencia

Algunos me han dicho: “Apoyar a la 4T es ir contra Dios”. Yo sostengo lo contrario: ignorar al pobre, al enfermo, al migrante, a la madre sola, al joven sin oportunidades, eso sí contradice el Evangelio. La política no salva almas, pero sí salva vidas concretas cuando orienta sus decisiones a los más frágiles. Y cuando falla, nuestra tarea es corregir, no renunciar.

Ser creyente en la vida pública implica tres verbos: escuchar, discernir y servir. Escuchar a las víctimas, a los trabajadores, a las y los empresarios que generan empleo digno; discernir lo mejor posible entre lo perfecto imaginado y lo posible responsable; y servir sin esperar privilegios, ni contratos, ni prebendas.

6) A quienes disienten de mí (y quiero)

Tengo familiares y amistades a quienes amo que piensan distinto. Les digo con afecto: no somos enemigos. Defender políticas de igualdad no me hace “anti-familia” ni “anti-libertad”. Tampoco mi apoyo me vuelve incondicional: si veo desvíos, lo diré. La democracia se sostiene en la convivencia de proyectos en competencia, con reglas claras, instituciones fuertes y ciudadanía vigilante. A eso apuesto.

Les propongo un diálogo sencillo:

Conversemos con datos y argumentos, sin descalificaciones religiosas.

Aceptemos que nadie tiene el monopolio de la virtud.

Construyamos acuerdos básicos: cero corrupción, cero violencia, cero impunidad.

Midamos los programas por su impacto real en pobreza, salud, educación y seguridad.

7) Líneas rojas y compromisos

Mi apoyo no es cheque en blanco. Estas son mis líneas rojas:

Vida y dignidad: toda política debe poner al centro a la persona, nunca convertirla en medio de ambiciones.

Libertad religiosa y de conciencia: innegociables.

Estado de derecho: quien robe, desvíe o mienta, que responda.

Transparencia y evaluación: programas medibles, con indicadores y correcciones públicas.

No violencia: ni del Estado ni de particulares; acompañamiento a víctimas y fortalecimiento de capacidades civiles.

Mis compromisos son igual de claros: trabajar, proponer y acercar puentes entre sectores que no se hablan; usar mi profesión para conciliar y evitar pleitos innecesarios; y levantar la voz cuando vea injusticias, se cometan donde se cometan.

8) Por qué hoy y por qué así

La polarización nos está robando lo mejor: la posibilidad de reconocernos. Los creyentes sabemos que la verdad y la justicia caminan con humildad. La 4T no es un paraíso ni una promesa de perfección; es una oportunidad histórica de corregir rumbos que nos lastimaron. Si perseveramos en lo que sí funciona y corregimos lo que no, México puede ser más justo, más libre y más fraterno.

No temo que me llamen ingenuo por creer en la política; temo más la indiferencia que normaliza la pobreza y la corrupción. Prefiero equivocarme tratando de servir que acertar cómodamente desde la grada.

9) Invitación final

A quienes comparten mi fe y a quienes no: acompañemos a la presidenta en lo que sume al bien común, y exijamos con firmeza lo que falte. Defendamos el derecho de cada quien a pensar distinto, y cuidemos que el debate público no degrade la dignidad de nadie.

Mi postura es simple y pública: apoyo la 4T porque ahí encuentro, hoy, una ruta concreta para que México viva con menos desigualdad y más justicia. Y porque creo que la política debe parecerse a la oración más honesta: hágase el bien, con la verdad por delante y con los pobres al centro.

Molinar Apodaca
Héctor Molinar Apodaca

Abogado especialista en Gestión de Conflictos y Mediación.


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.

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