Simon & Garfunkel / The Sound of Silence (1964)
“Hello darkness, my old friend… I’ve come to talk with youagain.”
Cuando el silencio cae, no siempre es paz: a veces es advertencia.
Y esta vez, no baja del cielo como plegaria, sino como preludio.
No es un canto: es un eco que nadie quiere escuchar.
Trump lo ha dicho como quien lanza una amenaza envuelta en aplausos: que hay que “entrar”, que hay que “acabar con los cárteles”, que hay que “hacer lo que sea necesario”. Los suyos aplauden. Y mientras tanto, los medios más serios —los que miden palabras y tasas de interés— repiten otra fórmula: “es poco probable”.
Pero la historia no se escribe con probabilidades. Se escribe con excepciones.
Una invasión nunca es probable… hasta que ocurre.
Hoy todo es especulación y sin embargo algo se mueve. Los mercados de predicción —esos termómetros sin moral— marcan que un “strike” estadounidense en México tiene un 34% de posibilidad de ocurrir antes de que termine 2026. No es poco. Y aunque no sea sinónimo de invasión, es el primer peldaño. Porque lo difícil no es el primer ataque, sino justificar el segundo. Y como hemos visto ya: una vez que pasa, ya no se discute si hubo permiso. Se discute si fue suficiente.
Ok, dejémonos de especulación y vayamos a lo que de verdad preocupa.
Una joven fue abatida por agentes del ICE en Minneapolis, Minesota, al intentar frenar un operativo. Lo alarmante no fue solo el disparo, sino la justificación oficial: “No nos equivocamos”. No hubo matiz. No hubo duda. Solo una afirmación seca, fría, institucional: así es esto. Y ese “esto” ya no es solo Estados Unidos: es el nuevo orden que se gesta con cada caso silenciado, con cada excusa blindada desde arriba.
La dirección es clara y el mensaje también.
Tanto Europa como América Latina han preferido la comodidad de sentirse protegidos a la complejidad de ser autosuficientes en defensa. En Groenlandia, por ejemplo, ya solo falta un plebiscito. ¿Qué más pueden hacer?
Y México… México habla de soberanía con la boca apretada, política de dientes para afuera porque, aunque estemos lejos del colapso institucional de Venezuela, no hay plan, no hay disuasión, no hay defensa real, ni capacidad ante Estados Unidos, que, si decidieran mañana ingresar al país para realizar una operación unilateral contra el narco, ¿qué podríamos hacer? Nada, ni en lo jurídico ni en lo militar, no falta quien alza la voz, bueno quedito jaja y dicen que la soberanía se defiende… pero lo dicen más como en un susurro y la verdad, lo entiendo, lo que si no entiendo —lo que no puedo creer que pase en México— es esto:
Que el hijo del expresidente López Obrador denuncie públicamente a una inteligencia artificial por insultarlo, y que el escándalo nacional no sea que alguien con ese nivel de exposición política se esté peleando con un bot, sino que la discusión pública se reduzca a si Grok debe disculparse o no.
Algún asesor que le diga que es como gritarle al eco y exigirle que recapacite, pero más loco aún es que, mientras José Ramón López Beltrán pide disculpas institucionales a una aplicación, nadie exija responsabilidades institucionales a un gobierno que ha permitido que la violencia se vuelva algoritmo cotidiano.
Hay más contundencia en un tweet que en un operativo, hay más reacción ante un “nepobaby” que ante un periodista asesinado.
Eso sí que no es ciencia ficción, esto es México 2026, verá usted, cuando vi Terminator allá por 1986, jamás pensé que la humanidad sería tan absurda frente a la tecnología.
Esa es la asimetría que define nuestra época, una asimetría que no es solo militar, sino simbólica: el poder ya no se mide solo en armas, sino en quién puede decir qué… sin consecuencias.
Y, claro, ¿cómo cerrar esta columna sin una del mame?
Otra vez Noroña. Otra vez trending topic. Otra distracción que quiero pensar que es eso: distracción.
Pero no. Dicen que hizo una despensa de 300 pesos y que hasta le sobraron 4. Hay quien aplaude. Hay quien le cree. Hay quien lo llama “culto”, yo no encuentro un solo autor serio que hable de justicia social para justificar esta clase de payasadas que, sinceramente, son una ofensa para quienes tenemos que alimentar hijos con un salario real.
Noroña se la come en un taco… de cuatro pesos, como él dijo. Y se queda tan tranquilo.
Por otro lado, solo veo expectativa. Silencio tenso. Evitación.
Lo veo en el rostro de la mañanera, en las preguntas que no se responden, en las respuestas que se ensayan sin convicción, todos sabemos lo que pasaría si EE.UU. realiza un operativo unilateral, pero nadie lo dice en voz alta.
Porque lo único que queda… es la palabra.
La palabra que cae del cielo y esta vez no es bendición, es advertencia.

Alfonso Becerra Allen
Abogado corporativo y observador político, experto en estrategias legales y asesoría a liderazgos con visión de futuro. Defensor de la razón y la estrategia, impulsa la exigencia ciudadana como clave para el desarrollo y la transformación social.


