Durante años fue un nombre que se pronunciaba en voz baja. No por respeto, sino por miedo. Hoy, Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, ha caído. Y con él, se cierra uno de los capítulos más violentos del crimen organizado contemporáneo en México. Pero sería ingenuo pensar que con su abatimiento termina la historia.
Nacido en 1966 en Aguililla, Michoacán, su vida comenzó lejos del poder. Como miles de mexicanos, migró a Estados Unidos buscando oportunidades. Fue detenido por delitos relacionados con drogas y deportado. Ese regreso marcaría el inicio de una trayectoria que transformaría el mapa criminal del país.
En los años noventa se integró al Cártel del Milenio, donde aprendió la lógica interna del narcotráfico: disciplina, estructura, silencio. No fue un capo mediático. Fue un estratega. Entendió que el poder más duradero no es el que presume, sino el que se organiza.
En 2010 fundó el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Bajo su liderazgo, el grupo se convirtió en una de las organizaciones más expansivas y violentas del país. Diversificó operaciones, metanfetaminas, cocaína, fentanilo, extorsión, control territorial y consolidó un brazo armado con capacidad operativa sin precedentes.
El CJNG no sólo traficaba. Desafiaba. Bloqueó ciudades, atacó fuerzas federales y demostró que el crimen organizado ya no actuaba únicamente desde la sombra.
Su crecimiento evidenció debilidades institucionales profundas y una fragmentación territorial que el Estado no logró contener a tiempo.
Su nombre quedó registrado en investigaciones periodísticas y libros que analizan la evolución del narcotráfico en México, como Los señores del narco y El Traidor, de Anabel Hernández, así como en análisis internacionales sobre la transformación empresarial del crimen organizado.
Hoy su muerte representa un golpe táctico importante. Simbólicamente, envía un mensaje: el Estado puede alcanzar incluso a los objetivos más protegidos.
Pero la pregunta de fondo no es si se logró abatir a un líder. La pregunta es si estamos preparados para impedir que otro ocupe su lugar.
El Mencho no fue un accidente aislado. Fue el producto de condiciones estructurales: impunidad, corrupción, desigualdad y vacíos institucionales.
Mientras esos factores persistan, el relevo criminal es cuestión de tiempo.
Celebrar la caída es comprensible. Pero conformarse con ella sería un error.
México necesita algo más profundo que operativos exitosos. Necesita instituciones sólidas, justicia efectiva y presencia estatal constante en las regiones más vulnerables. Necesita cortar la raíz, no sólo las ramas.
El hombre ha caído.
El sistema que lo permitió sigue siendo el verdadero desafío.

Mayra Machuca
Abogada, Activista, Columnista, Podcaster.
Especializada en análisis y asesoría jurídica, cuenta con experiencia administrativa y jurídica con habilidades destacadas en la resolución de problemas y coordinación de tareas. Experta toma de decisiones estratégicas. Activa en Toastmasters y Renace y Vive Mujer.


