Durante años, la industria del entretenimiento ha perfeccionado una maquinaria que convierte la emoción colectiva en cifras récord de ventas. Los conciertos dejaron de ser solo encuentros entre artistas y público para transformarse en operaciones comerciales complejas donde plataformas de venta, promotores y revendedores compiten por una tajada del entusiasmo de millones de fans.
El reciente conflicto alrededor de los boletos para conciertos del grupo vocal coreano de K-pop, BTS, donde, por poner un ejemplo, el boleto más económico (general y gradas) tenía un precio oficial de $1,767.00 y llegó a ofrecerse en reventa en más de $17,000.00 y no digamos los asientos más cercanos al escenario, que saltaron de los oficiales $13,330.00, a los abusivos $121,992.00, situación que puso el tema de la reventa sobre la mesa, pero con un ingrediente distinto: la reacción organizada de las ARMY, el “fandom” o comunidad de seguidores del grupo, frente a los precios inflados y la especulación de revendedores.
Lo que antes se asumía como un mal inevitable, fue enfrentado públicamente. Los fans denunciaron prácticas abusivas, señalaron el uso de bots para la compra de boletos en segundos y revenderlos a precios que, como ya mencioné anteriormente, multiplican varias veces su costo original, y han presionado a plataformas y organizadores para mejorar los sistemas de compra y proteger al público real. Lo interesante no es solo la queja, sino la organización.
Cabe aquí comentar que el acrónimo A.R.M.Y. significa “Adorable Representative Master of Ceremonies for Youth”, donde la idea es que los fans son representantes juveniles que acompañan y dan voz al mensaje del grupo, no solo espectadores, sino parte activa de la comunidad y del movimiento cultural que BTS propone y se lo tomaron en serio.
Las ARMY no se limitaron a expresar frustración en redes sociales. Coordinan campañas informativas, denuncian cuentas de revendedores, comparten estrategias para evitar fraudes y promueven compras responsables. En algunos casos, incluso han boicoteado la reventa y apoyado mecanismos oficiales para impedir que la especulación domine la experiencia. El mensaje es claro: no todo es válido cuando tratan de aprovecharse de la pasión de millones de personas.
Este fenómeno también obliga a mirar más allá del “fandom”. La reventa masiva y los precios descontrolados no afectan únicamente a seguidores de BTS, sino a cualquier espectáculo de alta demanda. Haciendo que el acceso a la cultura y al entretenimiento se vuelva cada vez más elitista, ya que solo quienes pueden pagar cifras exorbitantes logran asistir. El resto queda relegado a ver cómo la emoción colectiva se convierte en privilegio económico.Algunos podrían minimizar la situación argumentando que se trata solo de conciertos, pero el asunto revela algo más profundo: cómo los mercados aprovechan la falta de regulación y cómo la ciudadanía puede responder cuando identifica un abuso. El fandom, muchas veces caricaturizado como superficial, demuestra que también puede ser un espacio de organización, solidaridad y defensa de derechos básicos como el acceso justo a eventos culturales.
Lo que ocurre con las ARMY muestra que las nuevas generaciones entienden el poder de la comunidad digital. No solo consumen contenidos, también fiscalizan, cuestionan y se organizan. Transforman una pasión compartida en acción colectiva y obligan a empresas y promotores a escuchar. Tal vez no resuelvan de inmediato el problema global de la reventa, pero sí están cambiando la conversación y poniendo límites donde antes no existían.
Al final, más allá del K-pop o de cualquier artista, queda una lección poderosa: cuando la sociedad se une, incluso en causas que parecen pequeñas, puede desafiar prácticas injustas y exigir reglas más equitativas. Porque la verdadera fuerza no está en un escenario lleno ni en boletos agotados, sino en la capacidad de millones de personas para recordar que juntas siempre pueden alzar la voz y hacerse escuchar.

Raúl García Ruiz
Autor de los libros "Puentes Azules" "Arquitectura Azul" y “SynDike”
Especialista en resolución de conflictos y mediador en instancias gubernamentales. Relacionista Público tanto con iniciativa privada como con los diversos organismos públicos. Actualmente se desempeña como Recaudador de Rentas del Gobierno de Chihuahua en Ciudad Juárez.


