La pandilla de incompetentes nos está poniendo entre las patadas que se están dando China y Estados Unidos.
Cada vez que los gringos les tocan a sus amados empresarios del narco y el huachicol, los homínidos que se quedaron sin la sapiens pegan el grito para que se oiga hasta Palenque y complacer al Quijote de Macuspana: pruebas, pruebas, pruebas; soberanía, soberanía, soberanía; seguridad nacional, seguridad nacional. Utilizan la figura de la soberanía para proteger a sus patrocinadores, y la de la seguridad nacional para ocultar la información del peor saqueo que haya sufrido la nación desde la llegada de los extracontinentales originarios del viejo continente.
No sorprende que tengan en cargos importantes a pequeños idiotas si se les pide ser 100 % lamesuelas, sin importar la capacidad. Una sumisión e incapacidad exageradas que han puesto en jaque a México.
Vimos a un endeble y achicopalado funcionario de Relaciones Exteriores querer convencer a los jefes de Estado reunidos en la ONU de que vamos bien, porque la doctora es la primera presidenta de México. Como si el género de la titular del Ejecutivo fuera la solución a todos los problemas heredados de gobiernos pasados, incluido el del loco de Palenque, además de los generados por el actual. Ya de su vestimenta de godín operativo, ni hablemos.
Pero eso es gorgojo de otro frijol; a lo que yo vine fue a esto. A hablar de un tema también político, pero más polémico; de hecho, más que polémico, muy grave. La “transformación tecnológica” que impulsa el gobierno federal en dependencias estratégicas podría terminar colocando la infraestructura informática gubernamental en manos de una compañía china a la que Estados Unidos ya ha enfrentado por el potencial riesgo de espionaje de Estado. Según la investigación, esto provoca preocupación en el país vecino por razones de su seguridad nacional y podría tener consecuencias adversas en las negociaciones bilaterales, de por sí retorcidas por la política agresiva del presidente de allá y la política permisiva de la presidenta de acá.
Ramón Alberto Garza publicó en Código Magenta una investigación que merece atención. Sostiene que la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones concentrará progresivamente el control tecnológico de áreas clave del gobierno federal. Como parte de esa estrategia, habrá cambios en la Agencia Nacional de Aduanas, entre ellos el traslado de funciones relacionadas con la Ventanilla Única de Comercio Exterior, en medio de las recientes fallas del sistema aduanero, cuyo origen, según fuentes oficiales, se atribuyó a problemas eléctricos, aunque permanece la duda sobre la seguridad cibernética y el diseño tecnológico del sistema.
De acuerdo con la investigación publicada por Código Magenta, la empresa china restringida por Estados Unidos podría participar mediante empresas intermediarias o de fachada en la renovación y control de la infraestructura gubernamental federal. La utilización de esa tecnología en sistemas vinculados con comercio exterior, energía, impuestos y, en general, con información gubernamental mexicana podría convertirse en un problema de seguridad nacional para México. Eso, además de preocupar a Washington, pondría más huachicol al conflicto entre Estados Unidos y México.
Y todavía hay algo más delicado. Si una empresa china llegara a tener acceso a la información estratégica de las importaciones y exportaciones mexicanas, no estaría viendo solo lo que México compra y vende. Estados Unidos es nuestro principal mercado y esa información permitiría conocer patrones de consumo, cadenas de suministro y sectores relevantes de su economía. Si esos datos terminaran en manos del gobierno chino y fueran utilizados en alguna maniobra comercial o geopolítica contra Estados Unidos, adivinen quién quedaría en medio del pleito. México. Y a ver cómo explicamos después en Washington que nosotros les abrimos las puertas de par en par.
Apenas hace unas semanas publiqué aquí en ADN | A Diario Network un artículo en el que planteé que la soberanía digital debe considerarse un asunto estratégico de Estado para México, no solamente tecnológico. La razón es que una parte importante de la infraestructura y de los datos mexicanos dependen de servidores, tecnologías y marcos jurídicos extranjeros. Eso puede convertirse en una vulnerabilidad ante ciberataques, conflictos internacionales o decisiones tomadas fuera del país.
México está avanzando tecnológicamente con mayor velocidad que su marco jurídico. Mientras crecen la inteligencia artificial, el blockchain, los contratos inteligentes y la tokenización de activos, las leyes continúan respondiendo a una realidad predominantemente analógica. También insisten con ideologías políticas ancladas en una realidad que dejó de existir hace mucho tiempo. La era del trabajo preponderantemente físico en la que nació el comunismo y a la que nos quieren regresar los neocomunistas ya no existe. Esa ideología retrógrada afecta tanto la protección del ciudadano como la competitividad de las empresas. México no puede aspirar a competir en una economía digital si no desarrolla simultáneamente infraestructura tecnológica, seguridad de datos y un marco jurídico propio capaz de proteger sus intereses.
Está plenamente demostrado que estos 01110000 01100101 01101110 01100100 01100101 01101010 01101111 01110011 no saben gobernar.

Aly Corany Abdallah
Analista, socialdemócrata y librepensador.
Licenciado en Derecho, Licenciado en Gestión y Desarrollo Empresarial, y TSU en Comercialización Inmobiliaria. Actualmente, cursa la Maestría en Derecho Digital y Juicios en Línea. Su enfoque multidisciplinario le permite analizar la realidad política y geopolítica desde una perspectiva integral.
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