En 2040 faltan menos de quince años.
Parece mucho tiempo, pero para una ciudad no lo es. Las vialidades, los fraccionamientos, los parques, las redes de agua, el transporte y la infraestructura que necesitaremos entonces deberían comenzar a pensarse desde ahora.
Por eso vale la pena hacernos una pregunta sencilla: ¿quién está pensando en el Ciudad Juárez de 2040?
Estamos acostumbrados a discutir los problemas cuando ya están frente a nosotros. Cuando una avenida se satura, buscamos ampliarla. Cuando una colonia crece sin suficientes servicios, buscamos cómo llevarlos. Cuando faltan parques, intentamos encontrar espacios. Cuando las lluvias evidencian problemas de infraestructura, volvemos a hablar de ellos.
Así terminamos administrando urgencias en lugar de construir ciudad.
Y no es que Juárez carezca de planeación. El Instituto Municipal de Investigación y Planeación ha desarrollado durante años planes, estudios y programas sobre crecimiento urbano, movilidad, vivienda, medio ambiente, infraestructura y desarrollo territorial. El propio modelo de planeación urbana plantea la necesidad de evitar una expansión desordenada y avanzar hacia una ciudad más compacta y mejor conectada.
Entonces el debate debe ir un paso más allá: ¿cuánto de lo que planeamos termina realmente ejecutándose y sobreviviendo a los cambios de administración?
Porque las ciudades no pueden reinventarse cada tres años.
Una avenida no debería construirse pensando únicamente en el tráfico de hoy, sino en el que tendrá dentro de diez o veinte años. Un nuevo desarrollo habitacional no debería autorizarse pensando solamente en cuántas casas caben, sino en cómo llegarán sus habitantes al trabajo, dónde estudiarán sus hijos, dónde estarán los parques y qué infraestructura necesitarán.
Lo mismo ocurre con el agua, el transporte y el espacio público.
Crecer no significa solamente construir más casas y extender cada vez más la mancha urbana. El propio IMIP ha advertido que la expansión periférica hace a las ciudades más difíciles y costosas de administrar.
Por eso quizá debemos comenzar a medir el desarrollo de otra manera.
No solamente preguntarnos cuántas calles pavimentamos este año, sino si estamos construyendo una red vial adecuada para la ciudad que tendremos mañana.
No solamente cuántos parques rehabilitamos, sino cuántas familias tendrán un espacio público digno cerca de su casa.
No solamente cuántas viviendas construimos, sino qué tan conectadas estarán con empleos, escuelas, transporte y servicios.
Y no solamente cuánto crece Juárez, sino cómo queremos que crezca.
La planeación urbana rara vez genera fotografías espectaculares o aplausos inmediatos. Sus resultados pueden tardar diez, veinte o treinta años en verse. Precisamente por eso exige algo que a veces escasea en la política: continuidad.
Los gobiernos cambian. La ciudad permanece.
Quienes hoy somos adultos quizá veremos el Juárez de 2040 desde otra etapa de nuestra vida. Nuestros hijos, en cambio, lo recibirán como su ciudad.
Ellos vivirán las consecuencias de las decisiones que tomemos o dejemos de tomar hoy.
Por eso pensar en 2040 no es hablar del futuro.
Es hablar de las decisiones que debemos comenzar a tomar desde ahora.
Ciudad Juárez es un amor. Y precisamente porque la queremos, también tenemos que pensar en la ciudad que vamos a dejar.

Josué Urrutia
Especialista en estrategia política y asuntos públicos. Su experiencia abarca comunicación institucional, vinculación con distintos sectores y coordinación de proyectos en el ámbito gubernamental, partidista y de la sociedad civil.
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