La pifia histórica del huachicol que dejó histérica a Sheinbaum, Harfuch y Godoy
A ver si entendí bien. Un día, con bombo y platillo, dan a conocer una noticia espectacular: las autoridades habían asegurado más de 59 millones de litros de combustible en San José Iturbide, Guanajuato. No eran 59 mil. Tampoco 590 mil. Sino, 59 millones. El “decomiso histórico”. Una operación de esas que sirven para conferencia de prensa, enormes titulares y pecho inflado de me canso ganso.
La propia Fiscalía General de la República informó que había encontrado hidrocarburo cuyo origen no estaba acreditado. La investigación había comenzado en julio con una pipa y terminó llegando hasta un enorme centro de almacenamiento en San José Iturbide, Guanajuato. Hasta ahí, todo parecía extraordinario, aunque resulta raro que por una sola pipa hayan encontrado a la gallina del huachicol de oro.
Y aquí hay algo que, cuando menos, resulta difícil de explicar. Una sola pipa de 33 mil litros fue suficiente para jalar el hilo hasta la madeja de 59 millones de litro. Pero en las investigaciones del huachicol fiscal aparecen buques completos con millones de litros, testimonios dentro de las propias investigaciones que han mencionado a Andrés Manuel López Beltrán y a Adán Augusto López Hernández, además de investigaciones periodísticas que han puesto bajo la lupa a empresas relacionadas con personas cercanas a Gonzalo López Beltrán, incluso a Andrés Manuel López Obrador. La propia Sheinbaum dijo que, hasta donde le había informado la FGR, no había investigaciones contra ninguno de ellos.
No digo que una mención pruebe un delito, porque no lo prueba. Pero sí resulta extraño que una pipa alcance para tirar de la madeja hasta 59 millones de litros y, frente a buques enteros y testimonios que llegan al círculo del expresidente López Obrador, no exista el mismo entusiasmo para investigar hasta dónde llega la red. Y si no llega a los López Beltrán, a Adán Augusto ni al propio López Obrador, pues que se investigue y se diga. Investigar no es condenar; precisamente sirve para saber quién sí y quién no.
Pero retomemos lo que nos trae a escribir hoy. Al día siguiente del día anterior en que dieron la noticia, Claudia Sheinbaum habló con bastante seguridad del asunto. Dijo que había hablado con la fiscal Ernestina Godoy para preguntar de dónde venía el combustible, a dónde se distribuía y quién estaba detrás del negocio. Incluso habló de una “red EVIDENTE de combustible ilegal”. Omar García Harfuch también dijo que habría detenciones.
Todo indicaba que era un asunto resuelto. Habían encontrado el combustible, había una red criminal y solamente faltaba ponerles nombre y apellido a los responsables. Pero entonces ocurrió algo curioso. Muy curioso. Mucho muy curioso. La historia comenzó a desinflarse hasta quedar sofocada.
Resultó que el lugar no es precisamente una bodega clandestina escondida entre nopales, con unas cuantas pipas entrando a las tres de la mañana. Era una terminal de almacenamiento legal, con permisos y años de operación que, según la propia empresa, ha prestado servicios a compañías nacionales y transnacionales, entre ellas PEMEX y otras empresas importantes del sector. La empresa relacionada con las instalaciones declaró que almacena combustible para terceros y que podía acreditar sus operaciones.
Y, entonces, surge una pequeña pregunta. Pequeñita. Casi sin importancia. ¿Los 59 millones de litros eran realmente ilegales? Porque una cosa es asegurar combustible mientras se investiga su procedencia y otra muy diferente anunciar que acabas de descubrir el mayor cargamento de huachicol de la historia. La propia FGR informó que todavía estaba revisando documentos, entrevistando directivos y verificando la propiedad, operación y trazabilidad financiera y fiscal de la totalidad del hidrocarburo. Es decir, todavía estaban investigando. Pero el decomiso histórico ya había salido en todos los medios nacionales habidos y por haber. Las detenciones ya se habían anunciado. La red criminal ya estaba prácticamente presentada.
Primero el aplauso, después vemos los papeles. Y tienen décadas burlándose de Carlos Loret de Mola por un montaje del cual él ha sostenido que no tenía conocimiento.
Ayer llegó la parte que terminó de hacer interesante esta historia. Claudia Sheinbaum dijo que era la Fiscalía la que tenía que informar si había una actividad ilegal y explicar qué había llevado al aseguramiento del lugar. ¿Si había una actividad ilegal? ¿No que dos días antes estábamos hablando de una red EVIDENTE de combustible ilegal?
Aquí es donde, para mí, este asunto deja de ser solamente una historia de huachicol y empieza la política y la pugna por el poder, porque en MORENA pasó de haber una ruptura a la confrontación directa entre facciones y facciosos.
Pero regresemos al huachicol que no es huachicol, y la pregunta que nadie debería dejar pasar es muy sencilla: ¿Quién les dio la información?
Porque cuesta trabajo creer que la presidenta de México, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana y la fiscal general de la República se hayan despertado una mañana, hayan visto una bodega grandota y hayan dicho: Se ve sospechosa. Vamos a decir que encontramos 59 millones de litros de huachicol. Digo, puede ser, pero me cuesta trabajo creerlo.
Para que un asunto de esta magnitud llegue hasta Claudia Sheinbaum, Omar García Harfuch y Ernestina Godoy tuvo que existir una cadena de información. Alguien investigó. Alguien elaboró informes. Alguien presentó documentos. Alguien aseguró que existían elementos suficientes. Alguien convenció a alguien. Y después alguien decidió que había material suficiente para anunciar el gran golpe. Por eso el problema ya no son únicamente la pifia, sino, ¿qué información llegó hasta las oficinas más importantes del país y quién la puso ahí? ¿Era información correcta? ¿Estaba incompleta? ¿Fue mal interpretada o fue mal manipulada por alguien que sabía perfectamente lo que estaba haciendo? No tengo elementos para afirmar que documentos oficiales fueron falsificados, ni que existió una operación planeada para engañar al gobierno federal. ESO DEBE INVESTIGARSE.
Pero tampoco me parece serio despachar el asunto diciendo que fue simplemente un error de comunicación. Estamos hablando de un anuncio nacional que comprometió públicamente a tres de las figuras con mayor poder del gobierno.
Y aquí aparece otro ingrediente, en la cazuela del poder, Omar García Harfuch. Faltan años para 2030 y cualquier encuesta realizada hoy debe tomarse solamente como una fotografía del momento. Pero resulta difícil ignorar que algunas mediciones lo colocan actualmente por encima de otros nombres de MORENA cuando preguntan por una eventual candidatura presidencial. Y todos conocemos la historia, Harfuch nunca ha pertenecido al grupo de López Obrador, de hecho el macuspano no lo traga ni con tepache.
Su crecimiento político ha estado ligado directamente a Claudia Sheinbaum. Ella lo sostuvo. Ella lo sostiene. Ella lo llevó al gobierno federal. Ella le entregó una Secretaría de Seguridad que hoy tiene un peso político y operativo enorme. ¿Eso incomoda a alguien dentro de MORENA? Sería ingenuo pensar que no existen grupos, intereses y aspiraciones distintas dentro de un movimiento que deberá resolver tarde o temprano quién sucederá a Claudia Sheinbaum.
Lo que no podemos hacer es brincar de ahí a afirmar, sin pruebas, que Andrés Manuel López Obrador ordenó una operación contra Harfuch desde Palenque. No hay elementos públicos para sostener eso. Pero tampoco hay dudas suficientes para negarlo rotundamente.
En Tabasco existe, además, un grupo político con señalamientos de ser criminal. ¿Se siente amenazado con las acciones de Harfuch? ¿Existe dentro de ese poderoso grupo gente con capacidad, relaciones e interés para debilitar a Harfuch o al gobierno de Sheinbaum? ¿Hay funcionarios en el gobierno que todavía responden políticamente a ese grupo? ¿Quién generó la información que dio origen a este operativo? ¿Quién la revisó? ¿Quién decidió comunicarlo como un golpe histórico antes de terminar de acreditar la procedencia de todo el combustible?
Porque si simplemente fue un error, tenemos un problema mucho más grave, estamos siendo gobernados por pendejos.
No es cuanto. Cada vez se desborda más la cloaca.

Aly Corany Abdallah
Analista, socialdemócrata y librepensador.
Licenciado en Derecho, Licenciado en Gestión y Desarrollo Empresarial, y TSU en Comercialización Inmobiliaria. Actualmente, cursa la Maestría en Derecho Digital y Juicios en Línea. Su enfoque multidisciplinario le permite analizar la realidad política y geopolítica desde una perspectiva integral.
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