¿A dónde se van los ingenieros cuando se cierra una maquila?

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Hace unas semanas surgió una pregunta incómoda para Ciudad Juárez: ¿a dónde se han desplazado las más de 70 mil personas que, desde 2023, perdieron su empleo en la industria manufacturera y maquiladora de exportación?

Los datos más recientes de la ENOE, publicada la semana pasada,  no permiten seguir individualmente a cada trabajador, pero sí muestran una transformación importante. El empleo del sector secundario pierde terreno, mientras el terciario avanza , y vemos cómo en el segundo trimestre de 2026, el terciario ocupó a 384 mil personas, frente a 341 mil en el secundario. Gran parte de ese movimiento terminó en el comercio, restaurantes, servicios personales y pequeños negocios.

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Juárez, sin embargo, no está viviendo exactamente lo mismo que el resto del país. México está terciarizando una economía que desde hace tiempo es predominantemente de servicios. Juárez, por su parte, está terciarizando una economía construida durante décadas alrededor de la manufactura de exportación. Esa diferencia importa.

Y es que, detrás de la estadística laboral, hay una pregunta que la ENOE no puede responder: ¿qué sucede con las capacidades que los trabajadores acumularon durante años en la industria?

Pensemos en un técnico o un ingeniero que conoce procesos productivos, calidad, mantenimiento, logística o automatización. Si pierde su empleo en la maquila, ¿por qué habría de terminar en comercio, servicios o un pequeño negocio? No necesariamente porque haya perdido sus capacidades, ni porque carezca de iniciativa. Tal vez esas capacidades simplemente no encuentran una demanda suficientemente atractiva para convertirse en una nueva actividad productiva.

Mi propia investigación sobre empresarios vinculados a la industria de exportación en Chihuahua encontró algo parecido. Emprender dentro de las cadenas globales de valor requiere mucho más que conocimiento técnico: hacen falta capital, capacidad operativa, redes, información y acceso a clientes. La falta de financiamiento puede limitar seriamente las posibilidades de emprendimiento, mientras que los proyectos industriales suelen implicar largos periodos de maduración y un retorno incierto.

En esas condiciones, la decisión de permanecer como empleado puede ser perfectamente racional. La propia investigación encontró que, ante el riesgo de emprender, algunos actores calculaban a favor de la estabilidad laboral y económica que ofrecía una planta extranjera.

Esto obliga a matizar una explicación frecuente: “aquí hace falta cultura emprendedora”. Quizá el problema sea, además de cultural, más estructural.

Un ingeniero puede tener conocimiento, pero el conocimiento no es una empresa. Para convertirlo en negocio necesita encontrar una oportunidad, conseguir financiamiento, acceder a una red de clientes, certificar procesos, adquirir equipo y asumir un periodo de aprendizaje. En otras palabras, necesita un ecosistema que reduzca el riesgo de convertir capital humano en capital productivo.

La investigación también encontró casos donde esa transformación sí ocurrió. Empresarios que habían trabajado en la industria utilizaron su experiencia, conocimiento tácito y redes personales para identificar oportunidades, establecer alianzas y avanzar gradualmente hacia actividades de mayor valor agregado.

La diferencia entre ambos caminos no parece estar únicamente en el talento individual. Está en la capacidad del territorio para conectar conocimiento, capital, demanda y redes.

Por eso la discusión sobre los 70 mil empleos perdidos debería ir más allá de preguntar cuántos trabajadores recuperarán un puesto. La pregunta estratégica para Juárez es otra: ¿cuánto del conocimiento industrial acumulado durante décadas se convertirá en nuevas empresas, proveedores, servicios especializados e innovación, y cuánto terminará desvinculándose de la estructura productiva?

El crecimiento del terciario puede ser una señal de diversificación. Pero diversificación no necesariamente significa upgrading.

El verdadero reto de Juárez no es solamente sustituir empleos manufactureros. Es conseguir que la experiencia que produjo la industria encuentre nuevos mercados donde pueda seguir generando productividad.

Porque perder un empleo industrial es un problema laboral. Perder el conocimiento acumulado alrededor de ese empleo es un problema de desarrollo.

ADN Luis Villavicencio
Luis Enrique Villavicencio

Especialista en desarrollo económico y vinculación estratégica entre academia, industria y sector público. Enfocado en fortalecer MIPYMES y alinear la formación con el sector productivo, analiza el entorno económico con visión crítica y enfoque propositivo para impulsar la competitividad regional.


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