Durante años nos dijeron que el nearshoring sería la gran oportunidad de México y que la frontera norte, por su cercanía con Estados Unidos, sería una de las principales beneficiadas, hoy vale la pena preguntar: ¿dónde está esa gran ola de inversión?
No significa que México haya dejado de recibir capital extranjero, ¿pero esa inversión se está convirtiendo realmente en nuevas plantas, empleos, proveedores y capacidad productiva en la frontera? La incertidumbre alrededor del T-MEC tampoco ayuda, el acuerdo continúa vigente hasta 2036, pero al no concretarse su extensión automática entramos en una etapa de revisiones anuales. El tratado sigue; lo que se debilitó fue algo fundamental para cualquier inversionista: la certidumbre de largo plazo.
Las señales ya están ahí, el 59% de los analistas considera que no es posible determinar si es un buen momento para invertir y el 41% lo considera desfavorable. En marzo, mayo y julio ningún analista respondió que fuera un buen momento, algo semejante no ocurría con esta frecuencia desde la pandemia; en la frontera esto debería preocuparnos todavía más.
Tenemos ubicación, experiencia manufacturera, infraestructura industrial y al mercado más grande del mundo prácticamente cruzando la calle. Pero estar cerca de Estados Unidos no es una estrategia económica; es solamente una ventaja geográfica. ¿Dónde está la estrategia agresiva para atraer nuevas inversiones? ¿Dónde está la diversificación económica? ¿Dónde está el verdadero programa de desarrollo de proveedores que permita que nuestras empresas locales participen más en las cadenas de suministro?
La frontera no puede seguir esperando a “cachar” lo que le llegue. Vemos departamentos, centros comerciales y nuevos desarrollos inmobiliarios…… bienvenidos. Pero todos dependen, en mayor o menor medida, de una condición básica: que exista empleo y capacidad de consumo, sin crecimiento industrial, eventualmente también se enfrían el comercio, los servicios y la vivienda.
El cierre de 2026 será particularmente importante, noviembre pondrá sobre la mesa las elecciones intermedias de Estados Unidos, mientras en México veremos cómo llegan las empresas al pago de aguinaldos y fondos de ahorro, cómo responde el consumo durante El Buen Fin y con qué crecimiento termina cerrando la economía. La frontera seguirá siendo atractiva por su cercanía con Estados Unidos, pero sería un error confundir geografía con competitividad: la geografía nos fue dada, la competitividad se construye.
Y si después de décadas de industria y de todo lo que se anunció con el nearshoring seguimos esperando a ver qué inversión nos toca, quizá deberíamos dejar de preguntarnos por qué no voltean a vernos y empezar a preguntarnos: ¿qué estamos haciendo para que quieran venir?

Thor Salayandia
Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.
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