Hay formas de ser oposición y hay formas de perder la dignidad en el intento.
Esta semana escuchamos una de esas cosas que uno no sabe si tomar como ocurrencia, como desesperación o simplemente como una muy mala decisión política. Porque pudiendo cuestionar a Andrea Chávez por su trabajo legislativo, por sus aspiraciones, por sus alianzas, por sus recursos o por cualquier cantidad de temas que forman parte de la vida pública, Daniela Álvarez decidió llevar la discusión a otro terreno: su embarazo.
Y ahí es donde todo se rompe.
No porque Andrea sea de Morena. No porque deba quedar exenta de crítica. Al contrario. Quien aspira a gobernar Chihuahua debe estar sujeto al más duro escrutinio público. Pero una cosa es revisar a la política y otra empezar a hablar de la mujer embarazada.
Porque ya no estás discutiendo ideas. Estás buscando otra cosa.
Francamente me sorprendió. No por venir de la oposición, ni por venir de quien vino, sino por venir de otra mujer. Porque uno supondría que hay límites que se entienden sin necesidad de explicarlos. Que el embarazo de una mujer no es material de campaña. Que un bebé por nacer no debería convertirse en herramienta de grilla. Que insinuar “sustos” o especular sobre dónde nacerá un hijo aporta exactamente nada al debate público.
Nada.
Y sin embargo ahí estuvimos.
Escuchando cómo un asunto profundamente personal intentaba convertirse en asunto político.
Lo curioso es que quienes más hablan de valores, respeto y familia suelen ser los primeros en olvidarlo cuando la persona del otro lado les resulta incómoda.
Entonces la dignidad se vuelve opcional.
La perspectiva de género se vuelve opcional.
Los principios se vuelven opcionales.
Y todo depende de quién sea la destinataria del golpe.
A mí me parece un gran error. Político primero, porque termina victimizando a quien pretendías atacar. Y humano después, porque revela una lógica preocupante: la idea de que si ya no puedes ganar una discusión en el terreno de las ideas, entonces empiezas a buscar flancos personales.
Y eso casi nunca sale bien.
Yo pensaría que una mujer “madura” puede estar de acuerdo o no con Andrea Chávez. Puede votar por ella o rechazarla. Puede pensar que está lista para gobernar o que le falta experiencia.
También que cualquier persona podría distinguir cuándo una crítica es legítima y cuándo alguien simplemente está cruzando una línea que no debía cruzar.
Por eso, para decirlo en el inglés inmortal de Ricardo Anaya:
Lo de ayer fue simple y sencillamente…
Insultin an unaceptabol.


