Lo que abandonamos, nos alcanza

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En Ciudad Juárez hay imágenes que conmueven y otras que incomodan.

Nos enternece un cachorro en adopción, un gato rescatado, un bebé sonriendo en brazos de su madre.

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Pero evitamos mirar el proceso completo; lo que ocurre cuando dejamos de cuidar.

Porque el problema no es la ternura inicial, sino el abandono posterior.

Y ese abandono, silencioso, cotidiano, normalizado, está teniendo consecuencias profundas que hoy ya no podemos ignorar.

De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, más del 70% de los perros en México viven en condición de calle.

Ciudad Juárez no es la excepción; organizaciones locales estiman decenas de miles de animales sin hogar, reproduciéndose sin control, sobreviviendo entre basura, enfermedad y violencia.

Lo que comenzó como una decisión individual, “ya no lo quiero”, “no puedo cuidarlo”, se convierte en un problema colectivo.

Las jaurías no nacen, se forman. Y lo hacen en el abandono.

Ahora bien, la analogía puede incomodar; y está bien que así sea, pero es necesaria.

Porque algo similar ocurre con miles de niños en contextos de vulnerabilidad. Según datos del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes, millones de menores en el país crecen en entornos marcados por negligencia, violencia intrafamiliar y carencias estructurales.

En Chihuahua, cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública muestran una incidencia constante de delitos cometidos por jóvenes, muchos de ellos provenientes de contextos de abandono social.

No se trata de comparar vidas, sino de evidenciar procesos.

Un cachorro abandonado no nace agresivo; se vuelve así para sobrevivir.

Un niño no nace delincuente; aprende en la calle lo que no encontró en casa, en la escuela o en su comunidad.

Las calles, en ambos casos, se convierten en escuela; una escuela sin valores, sin límites, sin oportunidades.

Una escuela donde la ley es la necesidad.

Ciudad Juárez arrastra, desde hace décadas, indicadores complejos. Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, un porcentaje significativo de la población vive en condiciones de pobreza o vulnerabilidad.

A esto se suman datos del INEGI que reflejan rezagos en acceso a servicios, educación y bienestar.

En ese contexto, miles de niños crecen con carencias que no solo son materiales, sino afectivas, formativas y estructurales.

Y entonces, años después, nos preguntamos por qué hay violencia. Por qué hay robos, asaltos, homicidios.

Por qué hay jóvenes que no creen en la ley ni en la sociedad. La respuesta es incómoda; porque en algún momento los dejamos solos.

Porque lo que no se cuida, se pierde. Y lo que se pierde, muchas veces regresa, pero transformado.

La ciudad no solo enfrenta un problema de seguridad; enfrenta un problema de origen.

Mientras sigamos reaccionando únicamente a las consecuencias; más patrullas, más detenciones, más castigos; sin atender las causas, abandono, desintegración familiar, falta de oportunidades, el ciclo continuará.

No es casualidad que donde hay mayor marginación, haya también mayor incidencia delictiva. No es coincidencia que colonias con menor acceso a educación, deporte y cultura presenten mayores niveles de violencia.

No es destino; es resultado.

La analogía con los animales abandonados no pretende deshumanizar, sino todo lo contrario: busca recordarnos que la vida, cualquier vida, responde a su entorno.

Que la indiferencia también educa. Que el abandono también forma.

En Ciudad Juárez no solo estamos criando perros callejeros; estamos formando generaciones que crecen en la intemperie social.

Y luego nos sorprendemos cuando esas generaciones actúan conforme a lo único que conocieron.
La pregunta no es por qué ocurre.
La pregunta es más dura; ¿por qué seguimos permitiéndolo?

ADN Guadalupe Parada
Guadalupe Parada Gasson

Economista, experta en comercio exterior, periodista y docente con amplia trayectoria en sectores público y privado. Ha dirigido medios impresos y digitales, liderado proyectos de comunicación y formación, y se ha desempeñado en ventas, publicidad y relaciones públicas. Destaca por su perfil multidisciplinario, visión estratégica y compromiso con la gestión social y educativa. Recientemente presidenta de Rotary Club Juárez Real (2023–2024).


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.

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