Congruencia

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Subdivisions / Rush (1982)

“Conform or be cast out.”

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Las ciudades no solo se construyen con concreto, también con hábitos. Subdivisions retrata esa inercia silenciosa donde lo imperfecto se vuelve normal y lo incómodo se acepta por costumbre. Cuando una ciudad deja de exigirse, no colapsa: se estanca y el verdadero problema de Juárez no es que esté mal… es que hemos aprendido a vivir como si no pudiera estar mejor.

 

Hay ciudades que se cansaron de verse al espejo y no reconocerse. Y en lugar de resignarse, decidieron cambiar la cara… pero sobre todo, cambiar la forma en que se miraban a sí mismas.

Ciudad Juárez todavía no llega a ese punto y no es por falta de dinero, ni por falta de talento, ni siquiera por falta de ideas, es por algo más incómodo: porque seguimos esperando que alguien más lo haga, que alguien más lo proponga, que alguien más lo empuje… mientras el tiempo, ese sí, no espera a nadie.

Del otro lado de la frontera, en El Paso, no ocurrió ningún milagro, no hubo una varita mágica ni un gobernador iluminado que resolviera todo en un sexenio, lo que hubo fue algo mucho más aburrido… y mucho más efectivo: continuidad, planeación y una necedad institucional por mejorar el centro poco a poco, año tras año, proyecto tras proyecto.

Recuperaron plazas, metieron transporte, restauraron edificios, ordenaron fachadas, crearon mecanismos para que el dinero regresara al propio centro, no todo salió perfecto, pero algo sí cambió: el centro dejó de ser un lugar que se evita y volvió a ser un lugar que se habita y eso, en ciudades como Juárez, no es menor… es todo en realidad.

Aquí el problema no es solo estético, o sea no es que la ciudad sea “fea” porque sí, es que la fealdad también es abandono, también es descuido, también es un mensaje constante de que a nadie le importa y cuando una ciudad manda ese mensaje todos los días, la gente termina creyéndolo y ¿por que no? Es apatía y el resultado de ver la política como botín, siendo conformistas con una ciudad que cada vez de mal en peor.

Ahí es donde entran ideas como las que está proponiendo Jesús David Fierro a quien no conozco, pero basta ver su trabajo para entender algo: alguien ya se imaginó un Juárez distinto… y se atrevió a dibujarlo. Calles arboladas con especies que sí pertenecen al desierto, camellones vivos, banquetas pensadas para caminar y no para esquivar, corredores urbanos donde moverse no sea un castigo, sino una experiencia, esto mi lector, no son ocurrencias, son exactamente las tendencias que hoy están aplicando ciudades que entendieron que la movilidad, la estética y el entorno no son adornos… son política pública, por cierto si quiere echarle un ojo, ahí le va la liga: https://www.facebook.com/jesus.d.fierro

Volviendo al tema… verá uste; ahí está Medellín, que dejó de ser sinónimo de violencia cuando decidió invertir en espacio público digno en los barrios que nadie quería ver, ahí está Bilbao, que pasó de ser una ciudad industrial gris a un referente urbano mundial, no por un museo, sino por una estrategia completa donde gobierno, empresa y sociedad empujaron en la misma dirección, ahí está Seul, que quitó una autopista para devolverle a la ciudad un río y, con él, la posibilidad de respirar, ninguna de esas ciudades empezó siendo perfecta, ninguna, la diferencia es que dejaron de justificarse, cosa que aquí seguimos en eso y espero no se aplique la de “Don Teofilito”.  Hablar de proyectos suena muy bonito… hasta que aparece la palabra incómoda: presupuesto y entonces todo se congela, todo se vuelve imposible, todo se pospone, de hecho suena hasta utópico, pero esa es una trampa mental, bueno es egoísmo como ya lo dije renglones arriba.

El recurso existe, siempre ha existido, allá esta en Ciudad de México, en fondos federales, en programas que justamente buscan proyectos con impacto social claro. El problema es que para acceder a ese dinero no basta con quejarse… hay que justificar, estructurar e insistir y ahí es donde la política deja de ser discurso y se convierte en trabajo, si ese que da caspa a veces.

Los que hoy están pensando en el 2027 deberían empezar por algo muy simple: aprender a ver lo que ya se está proponiendo, ver lo que ya se está imaginando, ver lo que la ciudad podría ser si alguien decidiera tomárselo en serio de un solo ciudadano que por lo que puedo ver, tiene tantos seguidores que si los tradujéramos a votos, ganan cualquier elección y no me vengan con que vota mucha raza en esta ciudad porque por el amor de Dios, eso no pasa; solo los verdaderamente interesados que por cierto son los mismos que aprecian ese arte que son las propuestas que necesitamos.

Y bueno, lo que voy a decir no quiero que sea justificación, pero es una realidad, en esta ciudad el gobierno no puede solo aquí también entra la iniciativa privada, esa que tantas veces se queja, si con razón, del estado de la ciudad, pero que nunca  participa de manera efectiva en transformarla de fondo, existen esquemas, incentivos, mecanismos fiscales que permiten invertir localmente con beneficios reales, lo que falta no es la herramienta… es la ambición y un poco de amor real por la ciudad no solo decir que es de morena o del pan o del pri porque ya empezamos mal porque detrás de ellos, estamos todos los demás a los que nos llamamos la sociedad, esa palabra que siempre aparece en los discursos, pero que casi nunca se traduce en acciones concretas, adoptar espacios, cuidar camellones, apropiarse del entorno, dejar de ver lo público como tierra de nadie, suena básico, pero es justamente lo que construye arraigo y sin arraigo, no hay ciudad que aguante.

Juárez no es cualquier ciudad, es frontera, es puerta, es cara, es lo primero que muchos ven de México y, hoy por hoy, lo que ven no está a la altura de lo que somos ni de lo que podríamos ser es ilógico que una ciudad con ese peso económico, con esa ubicación, con esa historia, siga atrapada en una imagen de descuido permanente. Ilógico que normalicemos calles rotas, espacios vacíos, banquetas inexistentes, árboles que no existen, ilógico… pero sobre todo, innecesario.

Ya que lo más peligroso no es que Juárez esté así, lo más peligroso es que nos hayamos acostumbrado a vivir en el ghetto fronterizo juarez – el paso, por eso vale la pena voltear a ver propuestas como las de Jesús David Fierro, no como renders bonitos para compartir en redes, sino como provocación, como recordatorio incómodo de que sí se puede, de que alguien ya lo pensó, de que el siguiente paso no es imaginar… es decidir.

Decidir si queremos seguir administrando el deterioro o empezar, de una vez, a construir algo mejor, porque las ciudades no cambian cuando hay dinero, cambian cuando hay voluntad y eso, hasta ahora, es lo único que realmente ha faltado.

ADN Alfonso Becerra Allen
Alfonso Becerra Allen

Abogado corporativo y observador político, experto en estrategias legales y asesoría a liderazgos con visión de futuro. Defensor de la razón y la estrategia, impulsa la exigencia ciudadana como clave para el desarrollo y la transformación social.


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.

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