A 90 años del caso del rompimiento entre Calles y Cárdenas, una reflexión para el contexto actual.

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Entre las conmemoraciones que llegan con el mes de abril, hay una en especial que marcó los límites de las relaciones entre los presidentes y expresidentes dentro del imaginario político del México contemporáneo. Fue un hecho que, si bien hoy resultaría ilegal, representó un ejemplo drástico, pero políticamente aceptable, sobre los alcances en el ejercicio del poder desde la presidencia de la república, cuando algún expresidente cuestiona, opera o rivaliza, pública y abiertamente, con quien le ha sustituido en el cargo. Este suceso tiene su origen en la noche de un nueve de abril, cuando un grupo de 20 soldados y 8 policías armados, dirigidos por el Gral. Rafael Navarro Cotina[1], entonces comandante operativo de las fuerzas armadas destacadas en el Distrito Federal, hoy Ciudad de México, ingresaron al casco de la hacienda de Santa Barbara, en Ixtapaluca, Estado de México, para literalmente sacar de la cama y detener al Gral. Plutarco Elías Calles, expresidente y personaje que había fungido como el gran árbitro de la clase política mexicana durante 12 años.

Paralelamente al operativo que derivó en su detención, esa misma noche tuvieron lugar despliegues similares que resultaron en la captura de otros tres civiles: el líder obrero más importante de esos años, uno de los operadores legislativos más destacados de esa época, y uno de los gobernadores y caciques locales más poderosos en la primera mitad de la década de 1930.

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Todos terminaron por acompañar a Calles en la madrugada del 10 de abril de 1936, al campo aéreo de Balbuena, y por disposición del gobierno del presidente Lázaro Cárdenas del Río, fueron obligados a abordar un avión que los condujo a la población de Brownsville, Texas, en los Estados Unidos de América, para iniciar un exilio que duró hasta el siguiente sexenio.

Desde entonces, pareciera que quedó justificada casi cualquier acción o despliegue de poder político, administrativo, legal o diplomático que emprendan las personas que ocupan la presidencia de la república para callar, minimizar, o inhibir la participación pública de quienes les antecedieron en el poder.

Entre las consecuencias más palpables de este hecho histórico político están las especulaciones que aparecen cada sexenio desde la prensa, la oposición al gobierno en turno, o el mundo académico, y que dan vuelo a teorías conspiratorias, escenarios incomprobables de rompimientos, o para proponer explicaciones sin contexto ante cualquier discrepancia que se perciba entre las personas titulares del Ejecutivo Federal y quienes les antecedieron en el cargo.

Así sucedió cuando el presidente López Portillo ofreció la embajada de México en Australia, concurrente con islas Fiji y Nueva Zelanda a Luis Echeverría, y la de España a Gustavo Díaz Ordaz; cuando se registró el cambio de residencia de México a Irlanda por parte del expresidente Carlos Salinas de Gortari, durante el sexenio del presidente Ernesto Zedillo; en el retiro de Vicente Fox a su rancho a partir del 2006, y en las actividades lúdicas o académicas que desempeñan Felipe Calderón y Enrique Peña en otras latitudes.

En tiempos recientes una cantidad no despreciable de columnas o entrevistas han mostrado a actores como la excandidata presidencial Xóchitl Gálvez, y un par de columnistas de medios de circulación local y nacional, sugiriendo o adelantando rupturas en el grupo dominante de la élite en el poder. Sin embargo, el más claro ejemplo podría ser la alusión directa a la ruptura entre Calles y Cárdenas que el diplomático, político y académico Dr. Ricardo Pascoe Pierce, publicó en una columna de noviembre de 2025[2], probablemente orientado a propiciar incertidumbre entre las bases y operadores del partido de la presidenta.

En esa ocasión el profesor Pascoe refirió el caso del exilio de Calles como un “modelo de gestión” que sugería usar a la presidenta de la República para despejar supuestas especulaciones sobre los alcances de la influencia del expresidente tabasqueño, a quien señalaba de cabildear temas desde su retiro. Consecuentemente, ese “modelo de gestión” de acuerdo con don Ricardo, permitiría a la presidenta desarrollar mejores condiciones para operar políticamente las acciones derivadas de los compromisos y decisiones que eventualmente podría tener que asumir, para salvar algunos retos previsibles en el panorama internacional de México, y los obstáculos en la política interior que enfrenta su administración.

Seguramente la reflexión del embajador Pascoe no fue en función de creer que ese rompimiento es viable, sino en detonar especulaciones que eventualmente podrían abonar a alimentar el recelo y la desconfianza entre los mandos medios de la maquinaria política del partido dominante. En este mismo sentido, seguramente en las próximas semanas habrá quien continúe la línea de las ideas de Pascoe, ante las que se podrían añadir las siguientes consideraciones:

Primera, el expresidente López Obrador cumplirá sólo dos años apartado del poder formal, y no hay datos que permitan suponer que su red política se ha distanciado de él, ha disminuido su lealtad, se haya fisurado, o que su estado de salud y capacidad física le representen un obstáculo para negociar, gestionar o cabildear diferentes temas de interés público. Asimismo, tampoco hay elementos para pensar en que “el segundo piso de la transformación” implique una antítesis o contradicción del “primer piso de la transformación”, como sí sucedió en el caso del exilio de Calles, quien además de tener casi 10 años apartado del poder presidencial formal, al momento de los hechos, su visión sí llegó a representar un proyecto abiertamente en pugna con el “proyecto de masas” que representaba Lázaro Cárdenas.

En una segunda consideración se podría observar que el proceso electoral de 2024 y la definición de la candidatura presidencial implicó la consolidación de los vínculos entre presidente saliente y presidenta entrante, así como la ampliación transexenal de la red política del presidente tabasqueño, al ser quien definió los premios de consolación entre quienes perdieron la competencia por la nominación presidencial del partido en el poder.

En un tercer aspecto por observar, está el hecho de que el planteamiento del llamado paquete de reformas constitucionales para “el segundo piso de la transformación”, independientemente de la valoración sobre su aportación o perjuicio a la vida institucional del país, permitió definir políticamente la distancia entre la oposición y el grupo en el gobierno, situación que a dos años de iniciada la actual administración, pareciera haber vencido las posibilidades de un proceso balcanizante al interior del partido de la presidenta.

Asimismo, en el hipotético caso en que la presidenta dejara de coincidir con la visión de país que ofrece su partido o su antecesor, la fortaleza de las redes y lealtades del político macuspano, posicionadas en los tres Poderes de la Unión, plantearían el exilio como una operación política muy compleja, con decenas de alternativas antes de llegar al rompimiento.

Incluso, considerando los antecedentes de Carlos Salinas y Miguel De la Madrid, o Cárdenas y Ávila Camacho, sería más realista y viable que en caso de un distanciamiento, desde Palacio Nacional surgiera una oferta para que el expresidente asumiera alguna responsabilidad importante que cubriera su tiempo y energía, antes que un costosísimo rompimiento con la actual presidenta.

Esperemos que, en este 90 aniversario del exilio de Calles, la clase política invierta más tiempo en encontrar argumentos para convencerse mutuamente, y avanzar en acuerdos para los grandes temas que tendrá que atender nuestro país en los siguientes meses, y que dediquen menos tiempo en especulaciones descontextualizadas o provocaciones políticas. Nuestro tiempo ya no da para una oposición pasiva que sueñe con catástrofes inviables en lugar de generar ideas para lograr consensos.


[1] Véase a Dulce Liliana Cruz Rivera, El exilo de Plutarco Elías Calles, INEHRM, disponible en : https://www.inehrm.gob.mx/es/inehrm/Conflicto_entre_Calles_y_Cardenas

[2] Pascoe Ricardo, ¿Quién manda en México?, El Heraldo, Mirando al otro lado, domingo 2 de noviembre de 2025. Disponible en https://heraldodemexico.com.mx/opinion/2025/11/2/quien-manda-en-mexico-742017.html

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Raen Sánchez Torres

Politólogo e internacionalista, cuenta con una maestría en Estudios Internacionales por el ITESM y un doctorado en Ciencias Políticas y Sociales por la FCPyS de la UNAM, además de 16 diplomados, seminarios, cursos y talleres especializados en Seguridad Nacional, Seguridad Pública e Inteligencia, impartidos por instancias como la UNAM, ITAM, UDLAP, Policía Nacional Francesa, Real Policía Montada de Canadá, y el Departamento de Justicia de los EEUU.

Profesionalmente se ha desempeñado en el sector público como analista del fenómeno delictivo en el ámbito internacional, el desarrollo de instituciones de seguridad pública, y desde hace más de 10 años como asesor parlamentario tanto en el Senado de la República como en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Como académico, desde 2015 ha sido profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

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