8 de marzo: la protesta hacia afuera… y la revolución pendiente hacia adentro

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Llegó de nuevo el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, y las calles se tiñen de morado. Gritamos, marchamos, exigimos justicia. Y está bien. Es necesario. Es legítimo. Es urgente.

Pero hay una pregunta que incomoda y que pocas veces queremos formular con honestidad brutal:

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¿Somos feministas en nuestra vida diaria o solo en la narrativa pública?
En Ciudad Juárez, ciudad marcada por la historia dolorosa del feminicidio, los números siguen siendo una herida abierta.

En 2023, la ciudad encabezó las estadísticas nacionales con 25 feminicidios registrados.

No son cifras frías: son nombres, historias, madres, hijas, sueños interrumpidos.

En 2025 en Ciudad Juárez, los datos oficiales y reportes locales indican que: Durante todo el año se documentaron 100 mujeres asesinadas, es decir homicidios dolosos y feminicidios en conjunto. De esos, 17 casos fueron clasificados específicamente como feminicidios por la Fiscalía Especializada en Atención a Mujeres Víctimas del Delito por Razones de Género y a la Familia (FEM).

Desde la década de los noventa, esta frontera se convirtió en símbolo mundial de impunidad y violencia contra las mujeres.

Y ante eso, sí: hay que exigir al Estado, a las fiscalías, a los jueces, a los gobiernos omisos.

Pero el feminismo que solo señala hacia afuera y jamás mira hacia adentro es un feminismo incompleto.

La pregunta que duele
¿Somos coherentes con lo que proclamamos?
Decimos “sororidad”, pero competimos y destruimos reputaciones entre nosotras.
Decimos “igualdad y equidad”, pero educamos a nuestros hijos con privilegios distintos.
Decimos “libertad”, pero juzgamos a otra mujer por cómo viste, cómo ama o cómo decide vivir su maternidad o su no maternidad.

El patriarcado no es solo un sistema externo; también es una cultura que hemos respirado durante generaciones.

Y muchas veces lo reproducimos sin darnos cuenta. No por maldad, sino por costumbre. Pero la costumbre también perpetúa la violencia.

¿Somos feministas solo el 8 de marzo?
El 8M nos volvemos voz. El 9 volvemos a la rutina.

Compartimos frases poderosas en redes sociales, pero callamos cuando en la oficina descalifican a otra mujer.

Alzamos el puño en la marcha, pero guardamos silencio ante la violencia emocional dentro de nuestro círculo cercano.

¿Dónde está el feminismo cuando normalizamos el control disfrazado de amor?
¿Dónde está cuando perpetuamos estándares imposibles de belleza?
¿Dónde está cuando humillamos a otra mujer por su pasado, por su cuerpo, por su historia?

El feminismo no puede ser solo indignación colectiva; tiene que ser transformación individual.

Una reflexión incómoda
Es más fácil señalar al agresor que reconocer nuestras propias contradicciones. Es más sencillo denunciar al sistema que revisar cómo pensamos, cómo educamos, cómo actuamos.

La violencia contra la mujer es estructural, sí.
Pero también es cultural.
Y la cultura la construimos todos los días.
No se trata de minimizar el feminicidio jamás.

Cada asesinato es una afrenta contra toda la sociedad. Pero si no cuestionamos la raíz, si no revisamos la forma en que convivimos, competimos y validamos conductas, seguiremos contando víctimas mientras proclamamos avances simbólicos.

La verdadera revolución feminista no solo está en las calles. Está en la coherencia cotidiana.

Exigir también es mirarnos
Exigir justicia no nos exime de responsabilidad personal.
Ser feminista implica valentía, y la valentía más difícil es la introspección.

¿Somos solidarias de verdad?
¿Somos congruentes?
¿Somos capaces de reconocer cuando hemos sido injustas con otra mujer?
¿Estamos dispuestas a educar hijos emocionalmente sanos y no repetir patrones de violencia?

Si no somos capaces de hacernos estas preguntas, el 8 de marzo corre el riesgo de convertirse en ritual, no en revolución.

Ciudad Juárez no necesita más discursos conmemorativos.
Necesita coherencia.
Necesita mujeres conscientes, hombres responsables e instituciones firmes.
Necesita un feminismo profundo, crítico, honesto.
Porque el feminismo no es moda.
No es performance.
No es un día.

Es una transformación constante que comienza en la conciencia, atraviesa la conducta y se refleja en la sociedad.

Si el 8 de marzo nos mueve las entrañas, que no sea solo por rabia.

Que sea por compromiso.
Que sea por verdad.
Que sea por coherencia.

Y que la revolución que exigimos afuera comience, sin miedo, dentro de nosotras mismas.

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Guadalupe Parada Gasson

Economista, experta en comercio exterior, periodista y docente con amplia trayectoria en sectores público y privado. Ha dirigido medios impresos y digitales, liderado proyectos de comunicación y formación, y se ha desempeñado en ventas, publicidad y relaciones públicas. Destaca por su perfil multidisciplinario, visión estratégica y compromiso con la gestión social y educativa. Recientemente presidenta de Rotary Club Juárez Real (2023–2024).

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