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febrero 11, 2026 | 6:52

Vivir Entre la Mugre

Publicado el

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La crisis urbana que ya no nos indigna —y nos cuesta la dignidad, la salud y el bolsillo

Nos hemos acostumbrado.
A pasar por encima de bolsas de basura rotas.
A esquivar charcos fétidos que no se secan ni con días de sol.
A transitar caminos que parecen cicatrices abiertas.
A convivir con fachadas destruidas, lotes baldíos convertidos en tiraderos y calles que parecen campos minados por baches.
Esa acostumbración no es “costumbre”.
Es normalización del deterioro urbano y es, sin duda, uno de los problemas más graves que enfrentamos hoy como sociedad.

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Los números no mienten: el deterioro urbano es una crisis palpable
La percepción ciudadana muestra que los problemas estructurales urbanos son una queja mayoritaria.
Según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) 2025, el 84.9% de los mexicanos mayores de 18 años identifica a los baches en calles y avenidas como el principal problema de su ciudad; las coladeras tapadas por acumulación de desechos fueron señaladas por 6 de cada 10 personas como una problemática grave.
Otro estudio indicó que durante 2025, casi el 98.5% de los mexicanos experimentaron al menos un problema urbano, siendo las calles en mal estado y los baches los más recurrentes, afectando la movilidad de más del 77% de la población.
Además, la recolección de basura, esencial para una ciudad digna, aparece con niveles de satisfacción notablemente bajos incluso en encuestas de percepción de servicios urbanos.

No es solo mugre: es salud pública y riesgo social
La basura acumulada no es ornamentación urbana.
Es fertilizante de vectores de enfermedad. La acumulación de residuos en la vía pública favorece la reproducción de roedores, cucarachas, mosquitos y otras plagas que pueden transmitir dengue, zika, cólera y otras infecciones, afectando principalmente a los sectores más vulnerables de la población.
Y no olvidemos otro dato alarmante; en ciudad Juárez, hasta 6 de cada 10 inundaciones están causadas por residuos que tapan los drenajes, lo que implica que la mugre urbana no solo es suciedad, sino también un factor de riesgo ante lluvias, desastres y daños materiales.
Esto se traduce en efectos negativos en la salud física y mental de quienes vivimos cada día en estos entornos degradados.

El efecto económico: nos cuesta más de lo que creemos
El deterioro urbano tiene un impacto directo en el bolsillo de las familias:
• Reparaciones constantes de vehículos por calles destrozadas.
• Mayor consumo de combustible por rutas ineficientes.
• Pérdida de valor patrimonial de viviendas en zonas deterioradas.
• Menor competitividad para atraer inversión formal o turismo.
Diversos informes internacionales han vinculado la expansión urbana desordenada con una pérdida de hasta el 1% del PIB nacional anual, debido al costo acumulado de servicios, transporte y deterioro de infraestructura.
Aunque estos datos pueden variar entre ciudades, el mensaje es claro: un entorno urbano degradado impacta directamente en la economía familiar y colectiva.

La normalización: la crisis invisible más peligrosa
Aquí está lo verdaderamente grave; no es que exista basura o baches.
Es que dejamos de verlo como emergencia.
Cuando caminar entre suciedad deja de incomodarnos, cuando esquivar baches se vuelve rutina, cuando aceptamos la imagen urbana degradada como parte de “cómo es la vida aquí”… hemos perdido algo más profundo que una calle limpia.
Hemos perdido la exigencia de vivir con dignidad.
Esa normalización no sólo afecta la forma en que percibimos nuestras calles, afecta la forma en que percibimos nuestro valor como comunidad y nuestra capacidad de exigir mejores condiciones de vida.
¿Qué mensaje le damos a las nuevas generaciones?
Si crecer entre basura, descuido y abandono se convierte en lo normal, ¿qué tipo de ciudadanos estamos formando?
La ciudad no es solo un espacio físico; es un espacio emocional, social y simbólico. Vivir en un entorno degradado no sólo desgasta el pavimento: desgasta la esperanza, la identidad, el orgullo y el sentido de pertenencia.
La ciudad no debe verse como un vertedero ni como un paisaje de abandono.
Debe verse como un proyecto colectivo.

No basta con limpiar calles, tenemos que limpiar la mirada
El verdadero cambio no comienza con el recolector de basura.
Comienza cuando dejamos de justificar la mugre y empezamos a exigir lo que nos merecemos:
• Servicios públicos eficientes.
• Infraestructura digna.
• Autoridades responsables y transparentes.
• Ciudadanos conscientes, activos y exigentes.
Una ciudad limpia no es un gusto superficial; es salud, es economía, es identidad… es dignidad.

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Guadalupe Parada Gasson

Economista, experta en comercio exterior, periodista y docente con amplia trayectoria en sectores público y privado. Ha dirigido medios impresos y digitales, liderado proyectos de comunicación y formación, y se ha desempeñado en ventas, publicidad y relaciones públicas. Destaca por su perfil multidisciplinario, visión estratégica y compromiso con la gestión social y educativa. Recientemente presidenta de Rotary Club Juárez Real (2023–2024).

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