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febrero 10, 2026 | 9:15

Entre el show y el símbolo: Bad Bunny, el Super Bowl y el silencio del mensaje

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El Super Bowl es, para bien o para mal, el ritual cultural más potente de la cultura estadounidense contemporánea. Es deporte, pero también es espectáculo, propaganda, termómetro político y espejo social. Por eso, cuando el medio tiempo pone en el centro una narrativa latina, el mensaje trasciende la música.

Este año, la participación de Bad Bunny —no solo en el show, sino como presencia simbólica en el universo de los analistas del evento— detonó una avalancha de reacciones. Entre ellas, un mensaje inmediato y lapidario del presidente Donald Trump, que no solo criticó el espectáculo como “el peor medio tiempo de la historia”, sino que lo usó como plataforma para burlarse de lo que representa: una América Latina que entra al escenario central de Estados Unidos con acento, con ritmo, con historia y con contradicciones.

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La crítica fue dura, y a ratos ofensiva. Porque, aunque nadie —ni Trump, ni muchos de nosotros— entienda claramente qué dice Bad Bunny cuando canta, sí es evidente qué incomoda su presencia. Su figura encarna una cultura que ya no es marginal, que no se disculpa por existir y que exige espacio en el centro, no en la periferia.

Pero aquí viene el dilema. Mientras desde el poder político se descalificaba el espectáculo, desde el campo de juego, el reportero de ESPN no contenía las lágrimas al término del espectáculo, visiblemente emocionado, diciendo que ese medio tiempo le había llegado al alma. ¿Cómo es posible que para unos haya sido basura y para otros un momento histórico?

Quizá la respuesta esté en los símbolos. Lo que vimos fue un espectáculo lleno de imágenes, guiños, mensajes ocultos y referencias culturales. Milpas, marquetas, puestos callejeros, cortes de luz, referencias a los trabajadores del campo y del mercado informal, a la migración, a la resiliencia, a la mezcla de sangre y ritmo que habita en los barrios latinos de cualquier ciudad gringa. Y en medio de eso, Lady Gaga en salsa, Ricky Martin como mensaje político y la bandera de Puerto Rico ondeando en el escenario más anglo del mundo.

¿Fue un grito de libertad? ¿Una denuncia del colonialismo moderno? ¿Una celebración o una parodia? Depende de quién mire. Porque el símbolo no es masivo, el símbolo es íntimo. Cada quien lo interpreta desde su historia, desde su dolor o su nostalgia.

Yo, honestamente, no le entendí a Bad Bunny. No me gusta su música. Me cuesta trabajo encontrar belleza o potencia en sus letras. Pero eso no me impide reconocer que algo más profundo estaba pasando ahí. Porque mientras yo me preguntaba qué decía, otros lloraban, y otros más hacían lecturas sobre la memoria de Hawaii, la situación de Puerto Rico, y el mensaje sobre una América Latina que no quiere ser la próxima en la lista de “territorios asociados”.

Y eso también tiene valor.

Dicho esto, sí creo que el mensaje se diluyó. Fue demasiado simbólico, demasiado cifrado, y eso exige un nivel de lectura histórica que el público promedio —en el fragor de alitas y cerveza— no tiene por qué poseer. El resultado fue una pieza que, si bien poderosa para quienes leyeron entre líneas, quedó vacía o confusa para la mayoría.

Y aquí hay un problema: cuando el mensaje no conecta con claridad, puede ser apropiado por quienes buscan descalificarlo. Trump lo hizo. Otros lo harán. Y al final, el gesto político se vuelve meme.

Pero más allá de eso, lo que vimos fue el retrato de una cultura latina ya interconstruida en la identidad estadounidense. No son los márgenes los que irrumpieron en el centro. Es el centro el que ha tenido que aceptar que ya no puede vivir sin el aporte, la estética y la fuerza de lo latino. Y en ese cruce, en esa fusión, hay belleza… aunque no siempre sea evidente.

¿Fue un gran espectáculo? No lo sé. ¿Fue histórico? Sin duda. Y aunque a mí no me gustó, aunque no me conectó ni me conmovió como a otros, no puedo negar su potencia simbólica. Tal vez estamos entrando en una etapa donde los mensajes ya no se cantan: se sugieren, se disfrazan, se siembran. Pero para que florezcan, habrá que tener memoria, contexto… y paciencia.

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David Gamboa

Mercadólogo por la UVM. Profesional del Marketing Digital y apasionado de las letras. Galardonado con la prestigiosa Columna de Plata de la APCJ por Columna en 2023. Es Editor General de ADN A Diario Network.

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