Ciudad Juárez no está colapsando por falta de discursos, sino por falta de pavimento.
Se está rompiendo desde lo más elemental: sus calles.
Cada bache no es un desperfecto menor; es una evidencia diaria de una ciudad que normalizó la negligencia y la improvisación como política pública.
Aquí no hablamos de lluvias atípicas ni de fenómenos imprevisibles. Hablamos de años de abandono, mala planeación y decisiones cortoplacistas.
El bache no aparece de la noche a la mañana; se forma, crece, se ignora… hasta que se vuelve parte del paisaje urbano, del trayecto cotidiano y del presupuesto familiar.
El bache como impuesto no legislado
En Ciudad Juárez, el bache funciona como un impuesto invisible. Nadie lo votó, nadie lo aprobó, pero todos lo pagamos.
Lo paga el trabajador que cambia llantas cada pocos meses.
Lo paga la madre que gasta en suspensión en lugar de útiles escolares.
Lo paga el repartidor, el transportista, el chofer de plataforma.
Lo paga el motociclista que arriesga la vida.
Mientras tanto, el daño se privatiza y el problema se socializa.
Las cifras oficiales y reportes periodísticos revelan una realidad alarmante: miles de baches reportados cada año, inversiones fragmentadas, programas de bacheo reactivos y una ciudad que requiere al menos 250 millones de pesos anuales solo para mantenimiento vial, cuando históricamente se le asigna apenas una fracción de eso.
El resultado es obvio: parchar no alcanza cuando el pavimento ya está estructuralmente muerto.
No es falta de dinero, es falta de visión
Ciudad Juárez no carece de recursos. Carece de planeación urbana efectiva.
Una ciudad de casi millón y medio de habitantes no puede seguir gestionando su movilidad con programas emergentes, brigadas temporales y comunicados optimistas. Eso no es política pública, es control de daños.
Un sistema vial sano exige:
• Diagnósticos técnicos actualizados
• Jerarquización clara de vialidades
• Materiales adecuados al clima extremo
• Mantenimiento preventivo, no solo correctivo
• Presupuesto multianual y verificable
Nada de esto es desconocido. Todo está documentado en manuales de infraestructura urbana, planes nacionales de movilidad y recomendaciones de organismos técnicos.
Entonces, la pregunta incómoda no es qué se necesita, sino por qué no se hace.
La ciudad desigual también se mide en asfalto
Las calles rotas no se distribuyen de manera equitativa. Se concentran, como siempre, en las zonas con menos voz política, menor plusvalía y mayor rezago social.
El pavimento se vuelve un marcador de desigualdad: donde hay baches, hay abandono; donde hay abandono, hay menor calidad de vida.
Pavimentar no es solo una mejora estética:
es seguridad,
es salud,
es economía,
es acceso a oportunidades.
Estudios nacionales han demostrado que la pavimentación incrementa el valor de las viviendas, mejora la movilidad laboral y reduce tiempos y costos de traslado.
No hacerlo perpetúa pobreza urbana y limita el desarrollo económico.
¿Quién es responsable? Todos… pero no por igual
La Constitución y la legislación local son claras: el municipio es responsable directo de las calles y vialidades urbanas.
El estado y la federación pueden coadyuvar, pero la obligación primaria no es compartida, es municipal.
Cuando las calles fallan, no falla el clima, falla el gobierno local.
Cuando el bache regresa al mes, falló la obra.
Cuando no hay un plan urbano vigente y ejecutable, falló la administración.
La corresponsabilidad no diluye la rendición de cuentas.
Lo que está en juego no es el pavimento, es la ciudad
Aquí no se discute si tapar o no tapar baches. Se discute qué tipo de ciudad queremos ser.
Una ciudad donde moverse es un riesgo.
Una ciudad donde el deterioro se normaliza.
Una ciudad que reacciona, pero no planea.
O una ciudad que entiende que las calles son la base del desarrollo urbano, no un tema secundario para cuando “alcance el presupuesto”.
Cada día que se posterga una estrategia integral de vialidades, Ciudad Juárez pierde competitividad, calidad de vida y confianza ciudadana. Y esa factura, como siempre, no la pagan los gobiernos, la paga la gente.
Los baches no son el problema.
Son el síntoma.
Y mientras sigamos parchando sin plan, sin visión y sin exigencia, la ciudad seguirá rompiéndose… por abajo.

Guadalupe Parada Gasson
Economista, experta en comercio exterior, periodista y docente con amplia trayectoria en sectores público y privado. Ha dirigido medios impresos y digitales, liderado proyectos de comunicación y formación, y se ha desempeñado en ventas, publicidad y relaciones públicas. Destaca por su perfil multidisciplinario, visión estratégica y compromiso con la gestión social y educativa. Recientemente presidenta de Rotary Club Juárez Real (2023–2024).


