En México existe una paradoja que raya en lo absurdo: contamos con una Constitución moderna, con leyes avanzadas y con mecanismos legales eficaces para resolver conflictos sin juicios… pero seguimos saturando los tribunales como si nada de eso existiera.
Los juzgados civiles, familiares y mercantiles están rebasados. Los expedientes se apilan, las audiencias se difieren, las sentencias tardan años en ejecutarse y, cuando finalmente llegan, muchas veces ya no resuelven nada. El daño económico, emocional y patrimonial ya está hecho.
Y, sin embargo, existe una alternativa real, constitucional, legal y eficaz: los Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias (MASC).
Una ley con respaldo constitucional
No se trata de ocurrencias ni de “arreglos informales”.
El artículo 17 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece expresamente que las leyes preverán mecanismos alternativos de solución de controversias, y que los acuerdos alcanzados a través de ellos tendrán plena validez legal.
Derivado de este mandato constitucional, en los estados de la República —y a nivel federal— se han expedido leyes específicas que regulan la mediación y la conciliación, tanto públicas como privadas. En Chihuahua, por ejemplo, existe la Ley de Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias, que reconoce, regula y certifica la figura del Facilitador Privado.
Sí, leyó usted bien: facilitadores privados, certificados por el Poder Judicial, autorizados para intervenir en materias civil, familiar y mercantil, cuyos convenios tienen fuerza legal y pueden ejecutarse.
El problema es que casi nadie lo sabe.
El gran desconocido: el Facilitador Privado
Cuando hablo con empresarios, arrendadores o ciudadanos, la reacción suele ser la misma: desconfianza inicial.
“Yo lo que quiero es un contrato blindado”, me dicen.
“Si no paga, demando”, responden.
Y ahí está el error cultural que arrastramos: creer que la protección está solo en el papel del contrato o en la demanda judicial.
Un contrato, por sí solo, no garantiza cumplimiento.
Una sentencia, por sí sola, no garantiza solución.
Lo que garantiza resultados es prevenir el conflicto, o en su caso, resolverlo de manera inmediata, voluntaria y ejecutable, antes de que se convierta en un litigio interminable.
Eso es precisamente lo que hace la mediación y la conciliación.
¿Por qué cuesta tanto convencer?
Porque venimos de una cultura litigiosa. Nos enseñaron que “ganar” es demandar, que la justicia es pleito y que ceder es perder. Nada más alejado de la realidad.
He visto empresarios perder años y dinero por no sentarse a tiempo a una mesa de diálogo. He visto arrendadores con inmuebles ocupados durante años sin recibir renta. He visto familias destrozadas por juicios innecesarios. Y también he visto cómo, en una sola sesión de mediación, esos mismos conflictos se resuelven con acuerdos claros, firmes y ejecutables.
Pero para eso, primero hay que conocer que esta vía existe.
Mediación no es debilidad, es inteligencia jurídica
La mediación y la conciliación no eliminan derechos; los ordenan.
No sustituyen la ley; la hacen efectiva.
No evitan la justicia; la adelantan.
Un convenio celebrado ante un Facilitador Privado, validado conforme a la ley, tiene efectos legales, puede inscribirse, ejecutarse y, en muchos casos, evita años de juicio.
Entonces la pregunta es inevitable:
¿por qué seguimos llenando juzgados cuando podemos resolver antes?
Un llamado necesario
Como sociedad necesitamos cambiar el chip.
Como empresarios, entender que prevenir cuesta menos que litigar.
Como ciudadanos, saber que existen vías legales modernas, humanas y eficaces.
Los Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias no son el futuro: son el presente.
Lo verdaderamente triste no es que existan; es que sigan siendo invisibles para la mayoría.
Mientras no entendamos esto, los tribunales seguirán saturados, los conflictos seguirán creciendo y la justicia seguirá llegando tarde.
Y en justicia, cuando llega tarde, deja de ser justicia.

Héctor Molinar Apodaca
Abogado especialista en Gestión de Conflictos y Mediación.
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