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    enero 15, 2026 | 7:41

    México está dejando caer a su frontera.

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    Arrancamos 2026 con una paradoja peligrosa en la frontera norte: mientras el discurso oficial habla de nearshoring, relocalización y oportunidades históricas, la realidad cotidiana es que estamos perdiendo empleos, competitividad y rumbo.

    En Ciudad Juárez hoy existen 9,587 empleos formales menos que hace un año. Esa sola cifra debería encender todas las alarmas. Menos empleo implica menos consumo, menor recaudación, mayor informalidad y una presión social creciente. Pero, sorprendentemente, no se observa una reacción proporcional desde la política pública ni desde los organismos responsables de impulsar el desarrollo económico.

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    El golpe más fuerte se ha concentrado en el sector manufacturero, especialmente en la industria maquiladora, que ha sido por décadas el principal motor económico de estas ciudades. Desde hace más de dos años, este sector no logra repuntar;  la combinación de aranceles, incertidumbre por la revisión del TMEC, alza de costos laborales, inseguridad, rigidez aduanera, carga fiscal y procesos regulatorios lentos, ha erosionado seriamente la competitividad de la frontera mexicana frente a otros destinos de manufactura como Texas, Vietnam o Europa del Este.

    La consecuencia es clara: México dejó de ser barato y dejó de ser simple para producir.

    Durante más de medio siglo, las ciudades fronterizas basaron su crecimiento en la llegada de maquiladoras, pero nunca lograron convertir esa presencia en un ecosistema industrial local robusto. Hoy, la mayoría de estas plantas compra cada vez menos a proveedores locales, la integración de la pequeña y mediana industria mexicana a las cadenas globales sigue siendo mínima.

    El resultado es una economía local frágil, altamente dependiente de decisiones corporativas que se toman fuera del país. Si quitamos a la maquila de la ecuación, lo que queda en ciudades como Juárez, Tijuana o Reynosa es comercio, servicios, pequeña industria, reciclaje y una creciente informalidad. Esa es la verdadera economía regional y es ahí donde debería enfocarse la estrategia de desarrollo.

    México entra a 2026 con varios frentes abiertos: la actualización o renegociación del TMEC, un dólar debilitado por las altas tasas de interés locales, tensiones geopolíticas, una relocalización selectiva que no está llegando a todos los territorios, y una infraestructura fronteriza cada vez más saturada.

    En este contexto, la respuesta del Estado sigue siendo limitada. El llamado decreto fronterizo mantiene los mismos incentivos:  8% de IVA, 20% de ISR y homologación de la gasolina. Eso es todo, para una región que enfrenta pérdida de empleo, deterioro urbano y fuga de inversiones, esos estímulos son claramente insuficientes.

    A mitad de enero seguimos sin respuestas claras, no existe una política integral para la frontera, ¿Dónde está la estrategia?, ¿Cómo se va a frenar la pérdida de empleo?,  ¿Qué sectores productivos van a crecer en 2026?, ¿Cómo se va a atraer inversión con los rezagos actuales en seguridad, movilidad e infraestructura?.

    La congestión diaria por miles de camiones de transporte de personal es un ejemplo visible de esa falta de planeación. Un sistema moderno de transporte público industrial no solo mejoraría la calidad de vida, sino que elevaría la productividad y reduciría costos logísticos. Sin embargo, no hay un proyecto integral en marcha.

    La frontera sí puede recuperar su papel como motor económico, pero requiere decisiones que hoy nadie quiere tomar: un sistema moderno de comercio exterior, con almacenes estratégicos, aduanas digitales y procesos ágiles.

    Un IMMEX adaptado a la PyME mexicana, que permita a pequeñas y medianas empresas exportar e integrarse a la cadena de suministro, financiamiento productivo, enfocado en maquinaria, logística, certificaciones y capacidad exportadora, una Ley de Proveeduría Nacional, que obligue a una mayor compra local dentro de la industria exportadora.

    Eso sí genera empleo, eso sí crea empresas, eso sí deja riqueza en las ciudades fronterizas, una frontera sin plan es una frontera en retroceso.  La frontera no está perdiendo competitividad por falta de talento o ubicación, la está perdiendo por ausencia de estrategia.

    Si 2026 termina con menos empleo, más informalidad y menor inversión, no será por factores externos. Será porque México decidió no defender su frontera como el activo estratégico que es.

    Y en el mundo que se está reordenando hoy, eso equivale a renunciar al futuro.

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    Thor Salayandia
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