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febrero 18, 2026 | 6:50

THERIANS: ¿síntoma, moda o espejo incómodo de nuestra indiferencia?

Publicado el

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En días recientes, el debate sobre los therians (jóvenes que se identifican de manera simbólica o espiritual con un animal), ha encendido conversaciones en escuelas, redes sociales y sobremesas en Ciudad Juárez.

Para algunos es una moda absurda; para otros, una expresión legítima de identidad.

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Para muchos más, simplemente algo incomprensible. Y cuando algo no se entiende, se ridiculiza.

Circulan mensajes que proponen “si tu hij@ se cree perro, trátalo como perro”; que duerma en el patio, que coma croquetas, que le quiten el celular, que lo vacunen y hasta lo esterilicen.

El sarcasmo pretende ser pedagógico. Pero en realidad es una forma de violencia disfrazada de sentido común.

La pregunta de fondo no es si estamos a favor o en contra de los therians. La pregunta es: **¿qué está buscando un adolescente cuando siente que solo así puede pertenecer, expresar o ser visto?*

No es un trastorno, es un fenómeno social

Hasta donde se sabe, la identidad therian no está clasificada como trastorno mental en manuales de diagnósticos.

No es una patología reconocida.

Tampoco es, por definición, un delirio clínico.

En la mayoría de los casos, se entiende más como una forma de exploración identitaria, especialmente en etapas donde la construcción del “yo” es frágil y mutable.

La adolescencia siempre ha sido territorio de búsqueda.

Antes fueron las tribus urbanas, el punk, el emo, el gótico, el metalero, el skater.

Hoy pueden ser identidades digitales, comunidades virtuales o expresiones híbridas que rompen moldes tradicionales.

Lo distinto no necesariamente es enfermedad.

Pero sí puede ser síntoma.

De qué es síntoma?

De soledad.

De desconexión familiar.

De vacío de pertenencia.

De una generación que crece hiperconectada y emocionalmente aislada.

En Ciudad Juárez, una ciudad marcada por la violencia, las jornadas laborales extensas, la fragmentación familiar y la precariedad emocional, nuestros jóvenes pasan más tiempo frente a pantallas que frente a adultos disponibles afectivamente.

Padres agotados.

Escuelas saturadas. Espacios públicos deteriorados.

Pocas alternativas culturales accesibles.

¿En qué estamos fallando como sociedad?

Tal vez en haber confundido autoridad con humillación.

Tal vez en haber cambiado diálogo por imposición.

Tal vez en haber dejado que internet sea el principal formador emocional.

Cuando un joven se autopercibe como animal, quizá no está rechazando su humanidad.

Quizá está buscando un lugar donde no se le juzgue, donde pertenezca a una manada simbólica que lo acepta sin cuestionarlo.

Entre la burla y la sobreprotección

También sería ingenuo romantizarlo todo.

No toda conducta debe celebrarse sin reflexión. Los padres no están obligados a validar acríticamente cualquier expresión.

Pero entre la burla cruel y la permisividad absoluta hay un punto intermedio; el acompañamiento.

Ridiculizar no corrige. Humillar no educa.

Pero tampoco ignorar y dejar hacer sin límites construye carácter.

El equilibrio no está en “mano dura” ni en “todo se vale”.

Está en presencia, en conversación, en límites claros con afecto firme.

¿Qué les estamos proyectando?

Vivimos en una cultura que exalta lo superficial, que mide el valor en “likes”, que ofrece éxito inmediato pero pocas herramientas emocionales.

Una generación que hereda crisis económicas, incertidumbre laboral, violencia normalizada y referentes adultos muchas veces contradictorios.

Y luego nos sorprende que busquen refugio en identidades alternativas.

Tal vez el problema no es que un adolescente quiera “ser lobo” o “ser perro” simbólicamente.

Tal vez el problema es que no encuentra orgullo en ser quien es.

El verdadero debate

No es sobre animales.
Es sobre identidad.

No es sobre moda.
Es sobre pertenencia.

No es sobre rebeldía.
Es sobre vacío.

Ciudad Juárez necesita más espacios de escucha que de escarnio.

Más formación emocional en casa y en escuela.

Más cultura, deporte, arte y comunidad real.

Más padres presentes, aunque estén cansados. Más adultos que entiendan que la identidad no se impone, se acompaña.

La pregunta final no es si los therians tienen razón.

La pregunta es:
¿qué tipo de sociedad estamos construyendo cuando nuestros jóvenes necesitan transformarse simbólicamente para sentirse aceptados?

Tal vez antes de burlarnos, deberíamos mirarnos.

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Guadalupe Parada Gasson

Economista, experta en comercio exterior, periodista y docente con amplia trayectoria en sectores público y privado. Ha dirigido medios impresos y digitales, liderado proyectos de comunicación y formación, y se ha desempeñado en ventas, publicidad y relaciones públicas. Destaca por su perfil multidisciplinario, visión estratégica y compromiso con la gestión social y educativa. Recientemente presidenta de Rotary Club Juárez Real (2023–2024).

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