Terrorismo, eso que dice la presidente de México que no sucede aquí, pero, lo vivimos el pasado lunes 19 en Ciudad Juárez, no se debe de llamar de otra manera. Una amenaza de bomba y un secuestro de padre e hijo por parte de personas armadas que los bajaron de un auto de plataforma. Pero no, no pasa nada. Entonces, ¿es que hemos perdido la capacidad de asombro? No, nunca la hemos tenido.
En México llevamos años entrenándonos para normalizar lo intolerable.
Nos hemos acostumbrado a bajar la voz cuando hablamos de violencia, a mirar de reojo las cifras, a cambiar de tema cuando el miedo se instala en la conversación. Y cuando alguien se atreve a llamar las cosas por su nombre, desde el poder se responde con una palabra que funciona como anestesia: no es terrorismo.
La presidente Claudia Sheinbaum lo ha dicho con claridad: en México no hay terrorismo. Hay crimen organizado, hay violencia, hay delitos, pero no terrorismo. Y esa definición —la definición mexicana— no es menor. Porque no es un debate semántico. Es una forma de entender la realidad… o de evitarla ¿Cómo se define terrorismo en México? (visión del Estado)
En el marco jurídico mexicano, el terrorismo está tipificado en el Código Penal Federal, donde se asocia a actos violentos que produzcan alarma, temor o terror en la población, atentando contra la seguridad nacional, el orden público o la estabilidad del Estado.
Pero según la narrativa oficial, para que exista terrorismo debe haber una intención política explícita. Si el motivo es económico, si se trata de dinero o control territorial, entonces no es terrorismo, aunque haya armas, civiles aterrorizados y escuelas evacuadas por amenaza de bomba.
Esa es la definición mexicana: el terrorismo se mide por lo que el agresor dice querer, no por lo que la sociedad sufre.
Pero el pasado lunes 19 en Ciudad Juárez, nadie preguntó por la intención ideológica de quien amenazó con una bomba en una escuela primaria. Nadie pidió el manifiesto político de quienes, armados, se llevaron por la fuerza a un padre y a su hijo. Bastó con vivir el efecto.
Clases suspendidas. Niños evacuados. Padres angustiados. Patrullas en las calles. Un chofer llamando al 911. Eso es el terror.
Mientras el discurso oficial insiste en que el crimen organizado no busca generar terror, la realidad demuestra lo contrario: el miedo es su herramienta principal. El miedo paraliza, disciplina y controla. Se roba, se mata, se destruye, pero no se “siembra terror”.
En el mundo, el terrorismo se define también por sus efectos: infundir miedo colectivo, alterar la vida cotidiana y someter a una población. Todo eso ocurrió en Ciudad Juárez.
Y, sin embargo, en la mañanera nadie cuestionó esta interpretación restrictiva. No hubo preguntas incómodas, quizá por desconocimiento de las definiciones internacionales y del propio marco legal mexicano.
La gente no discute conceptos. La gente siente miedo. Cambia rutinas. Vive con sobresalto.
Negarlo no lo desactiva. Nombrarlo no lo exagera. El terror no empieza cuando el gobierno lo reconoce; empieza cuando la sociedad deja de vivir en paz. Y en Juárez, el lunes 19 de enero 2026, el miedo volvió a gobernar antes que la ley. Y eso es, El Meollo del Asunto.

Daniel E. Valles
Periodista y comentarista de radio y televisión. "El Meollo del Asunto" y "La Familia es Primero" son sus principales herramientas periodísticas que se publican en medios impresos y digitales en diversas geografías de habla hispana.
Ha sido merecedor de diversos reconocimientos como conferencista y premios de periodismo, entre ellos, la prestigiosa Columna de Plata, que otorga la Asociación de Periodistas de Ciudad Juárez.


