México ya no es solo un país de tránsito de drogas ilegales, hoy somos además un país de consumo, lo que agrava la problemática social relacionada con la seguridad y salud pública; sin embargo, es plenamente posible corregir el rumbo.
Los datos de la última Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco muestran; aunque con algunos apuntes positivos; un aumento en el consumo de sustancias psicoactivas.
La destrucción física, mental, familiar y social que deriva del uso de sustancias ilegales, particularmente las anfetamínicas o drogas sintéticas, es incalculable y en varios casos irreparable.
Estas epidemias de drogodependencias debido a su complejidad y a sus múltiples aristas representan un gran reto para las sociedades modernas; en países como México, evidencia en primer lugar, la combinación de un problema de salud con uno de seguridad ciudadana.
Sin llegar a compararse con la magnitud del problema de adicciones en los Estados Unidos, los mexicanos deberíamos estar muy atentos y ocupados ante la amenaza del desborde en el consumo de drogas entre la población nacional.
Derivado de lo anterior se han diseñado y ejecutado estrategias de prevención como “Si te drogas te dañas” del anterior gobierno federal, acciones continuadas por la actual administración.
Aún con algunos resultados satisfactorios y sobresalientes como el aumento en la edad de consumo, la política de prevención de consumo de drogas es insuficiente.
Falta una mayor censura a contenidos de “narcocultura”; más Educación, Cultura y Deporte como reconstructores de la cohesión social y una efectiva articulación con políticas de Seguridad, Justicia y Reinserción Social.
Sin olvidar que el problema es fundamentalmente de salud y atañe al sistema sanitario contener el avance particularmente destructivo de las drogas ilegales.
En este sentido, la acción del aparato de salud pública en México en sus tres niveles de gobierno es bastante raquítica ante el tamaño de la necesidad.
Aún así, instituciones como los Centros de Integración Juvenil y organizaciones de la Sociedad Civil como Alcohólicos Anónimos realizan una trabajo titánico cambiando vidas para bien para quien quiere dejar las adicciones.
Los modelos de tratamiento de Centros de Integración Juvenil y de Alcohólicos Anónimos son altamente efectivos cuando existe voluntad personal para vencer las adicciones, siendo necesario fortalecerles para que su labor llegue a más personas.
Por otra parte, en los últimos años, las limitaciones al suministro de drogas sintéticas en las calles de nuestros vecinos del norte y según los datos de drogadicción y muertes por sobredosis en ese país, demuestran que existe una relación directa entre la oferta de drogas ilegales y su consumo.
Es aquí donde las agencias de seguridad de los tres niveles de gobierno pueden incidir en la reducción de las tasas de drogadicción si, y solo si, persiguen y cortan las redes de proveeduría de sustancias ilegales, no criminalizando al consumidor adicto ni abusando de su vulnerabilidad como en muchas ocasiones sucede.
La solución versa entonces en mezclar y cimentar los esfuerzos preventivos y reactivos de los tres niveles de gobierno con la Sociedad Civil. La oferta de tratamiento médico y mental contra las drogas debe equipararse a los estímulos del entorno por consumirlas.
Dios bendiga al Movimiento A.A., a CIJ, a todos los profesionales de la salud y agentes del orden (los debe haber) que luchan día a día por tener niños y adultos libres de adicciones.
“Para que gocemos de libertad, Cristo nos ha hecho libres; manteneos,
pues, firmes y no os sujetéis de nuevo al yugo de la servidumbre.”
(Gálatas 5:1)

Moisés Hernández Félix
Lic. en Administración Pública y Ciencia Política, candidato a Maestro en Administración en curso. Ha sido funcionario público federal y docente en nivel media básica y medio superior. Se especializa en gobernanza educativa y políticas públicas.
Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.


