La Navidad vuelve a encontrarnos. Llega cuando el año ha sido largo y pesado, cuando el cansancio se nota en los rostros y la preocupación habita muchos hogares. Y, sin embargo, llega para recordarnos que no estamos solos, que incluso en la noche más oscura hay una luz encendida que nadie puede apagar. Esa luz es la esperanza.
El norte sabe de esfuerzo y de espera. Sabe de sembrar con paciencia y de confiar aun cuando la tierra parece dura. Por eso la esperanza que nace en Navidad no es ingenua ni frágil: es una esperanza que se apoya en la fe y se expresa en el trabajo cotidiano. Es la esperanza de las madres y los padres que no se rinden, de los trabajadores que sostienen a sus familias, de las comunidades que se cuidan unas a otras cuando las dificultades aprietan.
La Navidad nos invita a mirar la vida con ojos nuevos. Nos recuerda que la grandeza comienza en lo sencillo, que la dignidad de cada persona es sagrada y que la verdadera prosperidad no se mide solo en bienes, sino en justicia, en paz y en libertad vivida con responsabilidad. Un norte libre y próspero se construye cuando el trabajo es respetado, cuando nadie es olvidado y cuando el bien común guía nuestras decisiones.
Este tiempo también es llamado a sanar. A reconciliarnos, a tender la mano, a volver a encontrarnos como comunidad. En la mesa compartida, en el saludo sincero, en el gesto solidario, renace la certeza de que juntos somos más fuertes. La esperanza pastoral no promete caminos fáciles, pero sí un caminar acompañado, sostenido por la fe y por la fraternidad.
Navidad es también un “no tengan miedo” dirigido a nuestro corazón. No tener miedo de creer que las cosas pueden cambiar, no tener miedo de defender la dignidad, no tener miedo de trabajar por un futuro más justo. La esperanza cristiana no es pasiva: es una fuerza tranquila que empuja a construir, a servir y a cuidar la tierra y a las personas que nos han sido confiadas.
Y es aquí donde nace nuestro deseo más profundo. Que esta Navidad no sea solo un momento emotivo, sino un verdadero renacer. Que en cada hogar, en cada comunidad, vuelva a encenderse la esperanza de un norte libre y próspero: libre para vivir sin miedo, para decidir con dignidad y para trabajar sin ser castigado; próspero para que el fruto del esfuerzo alcance, para que la justicia se vuelva cotidiana y para que la alegría sea compartida. Que esta esperanza nos acompañe más allá de las fiestas, se transforme en compromiso y nos guíe en el año que inicia.
Que Dios bendiga a nuestras familias, consuele a quienes sufren, fortalezca a quienes trabajan y conceda a nuestra tierra un porvenir de libertad, justicia y prosperidad. Que esta Navidad, verdaderamente, renazca la esperanza de un norte libre y próspero.

Francisco Sánchez Villegas
Geoestratega, abogado humanista, defensor de la ilustración y político disruptivo.
Desde el cargo de Secretario del Ayuntamiento del Gobierno Independiente de Parral, ha impulsado una trascendental agenda de empoderamiento ciudadano. Fundador y Curador de Casa Ícaro, Think Tank concentrado en el futuro y la libertad.
Pensador neorenacentista propulsor de polímatas. Buscador de mentes virtuosas. Antifrágil.
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