Ayer, la presidenta de México anunció un histórico plan de inversión pública, privada y mixta con el fin de detonar el crecimiento y desarrollo económico del país por lo que resta del sexenio.
Solo en este año hasta 1 billón 622 mil millones de pesos del tesoro mexicano y de capital privado se destinarían a obras de infraestructura en proyectos públicos y mixtos, lo que siempre implica retos importantes en factibilidad administrativa y transparencia.
Con una economía que prácticamente no crece, México se aprestaría a estimular el aparato productivo fundamentalmente desde el Estado, donde la inversión pública sería punta de lanza para dinamizar e incentivar la producción y el desarrollo.
El Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar 2026-2030, según lo anunciado, proyecta invertir al menos 5.6 billones de pesos al término del periodo presidencial.
La lógica oficial estriba en que el Estado puede y debe intervenir en la economía fundamentalmente a través del gasto público, así como en controlar la inversión privada en áreas consideradas estratégicas para el desarrollo nacional.
El plan determina ocho rubros prioritarios como energía, carreteras, puertos o salud. La premisa principal en voz de la presidenta es: “Entre mayor inversión hay de esto, hay mayor crecimiento de la economía”.
Premisa cierta, siempre y cuando se sustente en finanzas públicas sanas y en elevar la productividad, es decir, la inversión debe producir riqueza y capitalizar reinversiones permanentes en el país.
Lo anterior tiene como ejemplo de éxito a China, país cuya columna de crecimiento económico es su gigantesca inversión en infraestructura. Sencillamente no existe el crecimiento sin inversión, algo que los chinos entendieron desde mediados de los setentas y de lo que hoy recogen resultados sorprendentes en disminución de la pobreza y en desarrollo tecnológico.
Tampoco existe el desarrollo sin productividad, algo que junto con la transparencia y rendición de cuentas sin duda determinan el éxito de proyectos de inversión. Los estudios de factibilidad, viabilidad y sostenibilidad son cuestión de vital importancia en el manejo de recursos públicos de tal magnitud.
El Plan de Inversión en Infraestructura se genera, de acuerdo al gobierno federal, para fortalecer el Plan México, estrategias que también se enmarcan en la idea de potenciar la región geoeconómica de Norteamérica ante el avance de China.
La inversión pública y privada potencian el crecimiento y el desarrollo cuando existe un equilibrio entre regulación y libertad de negocios. Solo incrementando la productividad es posible sostener y expandir el bienestar para la población.
No se trata de gastar por gastar. Ya veremos.
“Por eso debéis guardar todas las palabras de esta alianza, para asegurar el feliz éxito de cuanto emprendáis.”
(Deuteronomio 29:9)

Moisés Hernández Félix
Lic. en Administración Pública y Ciencia Política, candidato a Maestro en Administración en curso. Ha sido funcionario público federal y docente en nivel media básica y medio superior. Se especializa en gobernanza educativa y políticas públicas.
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