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enero 30, 2026 | 6:54

Migración: el costo humano

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Hay momentos en los que la política deja de ser una discusión ideológica y se convierte en una herida abierta. Eso es lo que hoy ocurre en Minneapolis, donde las decisiones en materia migratoria ya no se debaten solo en escritorios: se viven en las calles, en los hogares y en los cuerpos.

En cuestión de semanas, dos hechos distintos han terminado por cruzarse en un mismo punto: la forma en la que el Estado ejerce su poder cuando decide que el control vale más que la dignidad humana. Por un lado, el caso de Liam, un niño de cinco años detenido junto a su padre por agentes del ICE mientras regresaba de la escuela. Por el otro, la muerte de Alex Pretti, quien perdió la vida tras recibir disparos de agentes federales durante protestas contra los operativos migratorios.

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La historia de Liam no es solo una anécdota dolorosa; es una alerta ética. No importa la narrativa oficial, el procedimiento o la justificación legal: un niño no puede ser tratado como instrumento para alcanzar a un adulto. Cuando un Estado toca la puerta de una casa con armas, placas y autoridad, sabiendo que al otro lado hay un menor, algo esencial se rompe. La ley, sin humanidad, deja de proteger y empieza a intimidar.

Días después, Minneapolis volvió a ocupar titulares. Esta vez, por un desenlace aún más grave. Alex Pretti murió en medio de un contexto de protestas y tensión social. Su caso no es un hecho aislado: es la segunda persona asesinada por agentes federales en pocas semanas, luego de la muerte de Renée Good, ocurrida a inicios de enero. Dos muertes, dos historias distintas, un mismo telón de fondo: el uso de la fuerza en nombre de una política migratoria cada vez más agresiva.

Cuando el Estado responde a la inconformidad social con balas, el debate deja de ser jurídico y se vuelve profundamente político. Porque la pregunta ya no es si una acción fue “procedimental”, sino si fue legítima. Y la legitimidad no se sostiene cuando el costo es la vida de civiles o el trauma de un niño.

Desde la frontera, estas historias no se ven lejanas. En Ciudad Juárez , la migración no es un concepto abstracto ni un tema que aparece solo en coyunturas electorales. Aquí tiene rostro, nombre y cansancio. Se vive en los albergues saturados, en las familias que esperan, en los niños que crecen entre la incertidumbre y en quienes cruzan la ciudad buscando una oportunidad o huyendo del miedo.

Juárez sabe lo que pasa cuando las políticas migratorias se endurecen sin una visión humana. Cada cierre, cada operativo agresivo, cada mensaje de rechazo empuja a las personas a rutas más peligrosas, a manos del crimen organizado, a contextos donde la vida vale menos. La frontera se convierte entonces en un espacio de contención forzada, donde los más vulnerables pagan el costo de decisiones tomadas lejos de aquí.

Por eso lo que ocurre en Minnesota también nos toca. Porque la frontera no empieza ni termina en un muro; comienza en las decisiones que toman los gobiernos cuando olvidan que están tratando con personas. Ni Liam, ni Alex, ni Renée representan una amenaza al Estado. Representan, en todo caso, el límite ético de una política que ha dejado de mirar a los ojos.

Ser críticos no significa negar la necesidad de leyes o de orden. Significa preguntarnos cómo se aplican y a quién afectan. Significa entender que un gobierno fuerte no es el que demuestra su poder sobre niños, manifestantes o ciudadanos desarmados, sino el que es capaz de ejercer autoridad sin perder humanidad.

Desde esta ciudad fronteriza, donde sabemos que la migración es una realidad compleja y dolorosa, vale la pena decirlo con claridad: cuando el control se impone sin empatía, el resultado no es seguridad, es fractura social. Y cuando el Estado olvida su obligación de proteger la vida, pierde algo más grave que el control de una frontera: pierde legitimidad.

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Karina Villegas

Activista social, licenciada en Administración de Empresas por el ITCJ y emprendedora con enfoque humano. Cree firmemente en que la participación ciudadana transforma realidades. Desde cada espacio que ocupa, impulsa causas que fortalecen la voz colectiva y la construcción de comunidad con visión solidaria y acción constante.

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