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    enero 13, 2026 | 7:53

    México: El Muro de Cristal

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    La frase se repite en Washington cada vez con más fuerza: “intervención”. Políticos y analistas sugieren que, ante la crisis del fentanilo y el poder de los cárteles, Estados Unidos debería actuar en México con la misma determinación con la que presionó a Venezuela. Pero hay un pedo con esa lógica: la realidad. Hoy vamos a analizar por qué, a diferencia de Caracas, el territorio nacional mexicano es intocable militarmente. Bienvenidos a un análisis de Realpolitik pura.

    Empecemos por el dinero. Venezuela es un Estado petrolero cuya producción puede ser sustituida en el mercado global. Pero México es el primer socio comercial de Estados Unidos. No solo compran y venden; están integrados. Somos un pueblo latente en conjunto; somos el yin y yang de Latinoamérica.

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    El T-MEC no es solo un papel; es una cadena de suministro compartida. Si un soldado estadounidense cruza la frontera, la industria automotriz en Detroit se detiene en 24 horas porque los componentes se fabrican en Querétaro. La industria aeroespacial colapsa. El suministro de alimentos en Texas y California entra en crisis. Intervenir México no sería una “operación de liberación”, sería un harakiri económico para Wall Street. En economía, México y Estados Unidos son gemelos siameses: si cortas a uno, el otro se desangra.

    Venezuela está a más de 3,000 kilómetros de Miami, separada por el Caribe. México está a un paso. Tenemos una frontera compartida de 3,145 kilómetros que es, literalmente, el patio delantero de los Estados Unidos, y se lo hemos dejado claro a los Estados Unidos.

    Cualquier inestabilidad causada por una intervención militar generaría un desplazamiento humano sin precedentes. No estaríamos hablando de miles, sino de millones de refugiados cruzando hacia Arizona, Nuevo México y California. Además, México tiene una orografía de pesadilla para cualquier ejército: sierras impenetrables, desiertos extremos y selvas densas. A diferencia de las llanuras iraquíes, el territorio mexicano es una fortaleza natural donde una guerra de guerrillas podría durar décadas.

    Aquí es donde la comparación con Venezuela se desmorona totalmente. En Estados Unidos viven más de 36 millones de personas de origen mexicano. Esta es una fuerza política, económica y social que no tiene equivalente venezolano.

    Una agresión armada contra México incendiaría las calles de Los Ángeles, Chicago y Houston. Ningún presidente de Estados Unidos podría sobrevivir políticamente a una guerra contra el país de origen de una parte tan masiva de su propio electorado. La resistencia no vendría solo de afuera, sino de adentro de las propias fronteras estadounidenses.

    México no es un paria internacional. Es un miembro clave del G20 y una potencia regional con una diplomacia histórica basada en la no intervención: la Doctrina Estrada.

    Mientras que Venezuela fue aislada diplomáticamente por gran parte de Occidente, atacar a México pondría a Estados Unidos en contra de toda América Latina y Europa. Además, está el factor China. México es hoy el campo de batalla de inversiones entre Washington y Pekín. Una intervención estadounidense le entregaría en bandeja de plata a China el pretexto perfecto para establecer alianzas militares y estratégicas definitivas en la región bajo el lema de “defensa de la soberanía”.

    Si es tan inviable, ¿por qué lo dicen? La respuesta es simple: política electoral. Amenazar a México es rentable en las urnas porque proyecta una imagen de “mano dura” ante problemas complejos como el tráfico de drogas. Es una herramienta de negociación. Al amenazar con la fuerza, Washington busca concesiones en temas de migración y seguridad. Es un juego de espejos donde el ruido es mucho, pero las nueces son pocas.

    En conclusión, México no es Venezuela. México es un socio vital, un vecino necesario y una potencia integrada. La interdependencia es tan profunda que la guerra es, sencillamente, un mal negocio. La retórica seguirá, los titulares serán escandalosos, pero la Realpolitik nos dice que la frontera es y seguirá siendo un espacio de cooperación, por más tensa que esta sea.

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    Daniel Alberto Álvarez Calderón

    Político y abogado chihuahuense con experiencia legislativa y empresarial. Exsubdelegado de PROFECO, ex dirigente del PVEM en Ciudad Juárez y cofundador de Capital and Legal. Consejero en el sector industrial y financiero, promueve desarrollo sostenible e inclusión social.

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