Cada inicio de año suelo leer listas de propósitos con la misma pregunta en mente: ¿qué nos dicen realmente sobre el país que somos? No me interesa la anécdota individual, sino el patrón. Y cuando uno revisa los datos sobre los propósitos de Año Nuevo en México, el mensaje es claro, consistente y profundamente revelador.
Las encuestas coinciden en algo poco común: más del 90 % de los mexicanos hace al menos un propósito al comenzar el año. No es una minoría motivada; es una práctica social extendida. En generaciones jóvenes, como la Gen Z y los millennials, la cifra incluso supera el 95 %. Es decir, México sigue creyendo en la posibilidad de cambiar.
Ahora bien, ¿qué se quiere cambiar?
La respuesta no es abstracta ni idealista. Es concreta.
El propósito más mencionado para 2025 es ahorrar dinero.
Dependiendo del estudio, entre 53 % y 75 % de los mexicanos colocan la estabilidad económica como su principal meta. No se trata de hacerse ricos, sino de tener margen: un colchón, un respiro, un poco de control sobre el futuro inmediato.
En segundo lugar aparecen los propósitos relacionados con la salud.
Entre 36 % y 60 % dice querer comer mejor; una proporción similar busca hacer ejercicio o bajar de peso. Son cifras altas y constantes año con año. No hablan de modas, sino de una conciencia creciente sobre el desgaste físico que implica la vida cotidiana.
Más abajo, pero con presencia significativa, está el deseo de pasar más tiempo con la familia, mencionado por cerca de un tercio de los encuestados. Es un dato relevante: cuando el tiempo se convierte en propósito, es porque no sobra.
Hasta aquí, el panorama parece optimista. Sin embargo, hay un dato que obliga a matizar cualquier lectura triunfalista: solo alrededor del 19 % de las personas logra cumplir sus propósitos al finalizar el año. La mayoría los abandona en los primeros meses.
Este dato suele leerse como falta de disciplina individual. A mí me parece más útil leerlo como un indicador estructural. Porque si millones de personas quieren ahorrar, mejorar su salud y estar más con los suyos, pero no pueden sostenerlo, la pregunta no es solo personal: es social.
Los propósitos no existen en el vacío. Compiten con salarios ajustados, jornadas largas, traslados extensos y responsabilidades acumuladas.
Desde ahí, la brecha entre lo que se desea y lo que se logra deja de ser un fracaso individual y se convierte en una señal de contexto.
Visto así, los propósitos de Año Nuevo funcionan como una encuesta nacional no oficial. Revelan prioridades reales: economía primero, bienestar después, tiempo al final. Y revelan también una constante: México no pide excesos, pide estabilidad.
Tal vez por eso, pese a que muchos no se cumplan, los propósitos regresan cada enero. No porque seamos ingenuos, sino porque seguimos apostando a que el margen de mejora existe. Y en un país donde lo básico aún es aspiración, eso ya dice mucho.

Nora Sevilla
Comunicadora y periodista experimentada, actualmente Jefa de Comunicación en Cd. Juárez del Instituto Estatal Electoral y Tesorera en la Asociación de Periodistas de Ciudad Juárez. Experta en marketing político y estrategias de relaciones públicas, con sólida carrera en medios de comunicación.


