En Ciudad Juárez, el gobierno municipal ha intensificado el retiro de comerciantes de camellones y banquetas bajo el argumento de recuperar espacios públicos y mejorar la imagen urbana.
En el papel, la medida es correcta: el espacio público tiene reglas, la movilidad importa y la ciudad necesita orden.
El problema no es el orden. Es el contraste.
Mientras se desmontan puestos metálicos en avenidas estratégicas, la ciudad sigue circulando por calles con pavimento fracturado, baches reincidentes y reparaciones mal hechas que duran apenas semanas antes de volver a abrirse. Y ahí es donde la narrativa empieza a tensarse.
Porque la imagen urbana no es solo lo que se fotografía.
Es lo que se transita.
Retirar comerciantes proyecta autoridad.
Rehabilitar vialidades proyecta capacidad de gestión.
Lo primero es inmediato y visible.
Lo segundo exige inversión, planeación y continuidad.
Cuando la ciudadanía percibe firmeza para retirar, pero no la misma contundencia para resolver el deterioro estructural de las calles, la discusión deja de ser técnica y se vuelve política: ¿cuáles son las verdaderas prioridades?
Hay además un elemento social que no puede ignorarse. Cada puesto retirado representa ingreso diario perdido. El comercio informal no es un fenómeno estético; es una válvula económica de sobrevivencia. Si el orden no viene acompañado de alternativas reales de regularización y reubicación, el mensaje corre el riesgo de interpretarse como castigo, no como política pública integral.
Ordenar es necesario.
Pero ordenar no es suficiente.
Si la administración quiere posicionar la bandera de “mejor imagen urbana”, el estándar se eleva automáticamente. Entonces la conversación ya no se limita a camellones despejados; se traslada al estado del pavimento, a los baches mal tapados que reaparecen en cuestión de días, a la calidad de las intervenciones que deberían durar años y no semanas.
Porque al final, la verdadera imagen de Juárez no está en lo que se quita.
Está en lo que se construye.
Y mientras el pavimento siga siendo el principal recordatorio cotidiano de lo pendiente, cualquier vitrina ordenada será percibida como eso: una superficie limpia sobre un piso que todavía no termina de sostener a la ciudad.

Marisela R. Sánchez
Analista política y comunicadora, interesada en los cruces entre el poder, la rendición de cuentas y la ciudadanía en Ciudad Juárez.


