En noviembre pasado el presidente de los Estados Unidos de América firmó la Nueva Estrategia de Seguridad Nacional de su país. Documento que delinea los principios de protección a los intereses fundamentales de los estadounidenses, acorde con el uso de la fuerza militar para garantizar la influencia norteamericana en el hemisferio occidental.
La Casa Blanca hizo público en los primeros días de diciembre del 2025 un gran lineamiento de Seguridad Nacional, abocado en preservar el dominio estadounidense en el mundo y neutralizar las amenazas al mismo con especial énfasis en el poderío militar.
Esta estrategia abandona una visión sustentada en una “destructiva forma de globalización” y “libre comercio” por la priorización de intereses nacionales y el actuar del Estado americano en función de estos. Estados Unidos Primero (American First).
El avance de China como potencia mundial hace que la administración Trump tenga que usar todos los medios con los que cuenta para frenarle en economía, tecnología y geopolítica.
La base del enfoque trumpista es la disuasión y coerción que aseguren zonas de influencia y cadenas de suministros, así como el uso de la táctica de la zanahoria o el garrote para sus aliados, todo bajo el paraguas de la fuerza.
A partir de lo anterior podrá re industrializarse el territorio norteamericano, ganar la carrera en el desarrollo de alta tecnología y asegurar la preminencia de los Estados Unidos de América como potencia mundial.
Se busca además, frenar la migración y las drogas, impedir la subversión cultural y lograr un comercio equilibrado. Se acepta que para reequilibrar la relación comercial con China es necesario alentar e incentivar a países como México.
Casi un mes después de la difusión del documento y exactamente 36 años después de que el general Noriega se entregara a las fuerzas invasoras de Estados Unidos en Panamá, era detenido y sustraído de territorio venezolano por un comando militar el presidente Nicolás Maduro, acusado al igual que el dictador panameño de narcotráfico e ilegitimidad política.
Horas antes el presidente sudamericano algo acordó con un enviado especial del presidente de China, relación inaceptable para los gringos. Para la administración Trump, el hemisferio occidental y particularmente América Latina debe asumirse como zona exclusiva de influencia estadounidense.
La determinación por proveer petróleo y estrechar lazos comerciales en temas de oro, minerales y tierras raras entre Venezuela y el gigante asiático desafiaba también la primacía del dólar en “el patio trasero” del país de las barras y las estrellas.
El mensaje es claro: América para los Americanos, América para los estadounidenses. A la Doctrina Monroe de 1823 se adiciona el “Corolario Trump”, una idea del siglo XIX revitalizada y contextualizada en el siglo XXI como Doctrina Donroe (Donald-Monroe).
No se trató de una invasión tradicional, mucho menos de la idea de desmantelar un régimen dictatorial, se trata de remover actores ineptos o que caen de la gracia de quienes deciden en Washington D.C., en función de particulares intereses estratégicos.
Lo importante es acomodar el tablero para la operación de las grandes compañías norteamericanas en un país con grandiosas reservas de petróleo y oro; y claro, impedir que se asienten en el continente americano intereses de países enemigos de Estados Unidos.
La democracia y las libertades de las personas en Venezuela pasan a un último término, a una “transición democrática” gradual y cosmética. El realismo más práctico es uno de los ejes rectores de la estrategia geopolítica estadounidense.
No es casualidad que quien asume el cargo de presidenta interina sea uno de los interlocutores más importantes con Chevron, única petrolera con permiso para hacer negocios con Venezuela.
Sin embargo, la doctrina “Donroe” refleja a un país con urgencia por mostrar fuerza, donde es determinante el papel del ejército y la tecnología militar para recuperar terreno perdido en economía, tecnología y geopolítica.
La operación militar en Venezuela por un lado imprime control estadounidense en América Latina, con un mayor número de gobiernos aliados a Washington y ejerciendo efectiva presión en administraciones como la de México.
Por otra parte ha generado en algunos sectores desubicados la ilusión de la derrota definitiva del autoritarismo de corte izquierdista y del advenimiento de una primavera de libertad y prosperidad per se. La Historia documenta algo muy distinto en las intervenciones militares del vecino del norte alrededor del globo.
Los gringos, su conglomerado de intereses, seguirán actuando en función de las necesidades de su economía y a partir de la fuerza militar, de la presión y en última instancia de la negociación. Nada nuevo.
Pareciera que con esta última acción militar se juega la carta de volver a las zonas de influencia de la guerra fría; ahora entre USA, Rusia y China. Al menos así podrían entenderlo las otras dos potencias, una en plena guerra en Ucrania y otra en permanente tensión con Taiwán.
“Cuanto más se les llama, más se alejan. Ofrecen sacrificios
a los baales e incienso a los ídolos.”
(Oseas 11:2)

Moisés Hernández Félix
Lic. en Administración Pública y Ciencia Política, candidato a Maestro en Administración en curso. Ha sido funcionario público federal y docente en nivel media básica y medio superior. Se especializa en gobernanza educativa y políticas públicas.
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