Durante años, Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, fue presentado como una figura casi inalcanzable. Su nombre encabezaba listas internacionales de los más buscados y se convirtió en símbolo de la capacidad del crimen organizado para desafiar al Estado mexicano. Por eso, su caída no puede interpretarse únicamente como la eliminación de un líder criminal. Representa algo más profundo: la confirmación de que las instituciones del país tienen la capacidad de investigar, planear y actuar frente a amenazas de gran escala.
El operativo realizado en Tapalpa, Jalisco, fue la culminación de un trabajo prolongado de inteligencia y coordinación entre diversas instancias de seguridad. Refleja una acción institucional compleja, cuidadosamente planeada y ejecutada con profesionalismo, donde el resultado fue un golpe contundente a una de las estructuras criminales más poderosas del continente. Más allá del desenlace individual, con la muerte de su líder, por cierto el más buscado del país y continente, lo relevante es el debilitamiento de una organización que durante años extendió su influencia dentro y fuera del país.
La reacción posterior del crimen organizado (bloqueos, incendios y ataques en distintos puntos del territorio) confirmó la magnitud del impacto. Se trató de acciones destinadas a sembrar miedo y desestabilizar, pero también evidenciaron una respuesta desesperada ante la pérdida de su principal figura. Frente a ello, el Estado respondió con rapidez y coordinación, liberando carreteras, restableciendo la movilidad y conteniendo los hechos violentos en un tiempo relativamente corto.
Ese restablecimiento del orden no fue casual. Fue resultado de la capacidad operativa de las instituciones y del despliegue conjunto de fuerzas federales y estatales. Demostró que, aunque el crimen organizado tiene capacidad de daño, el Estado mexicano cuenta con los recursos, la organización y la determinación para recuperar el control.
En este contexto, la conducción política fue determinante. La presidenta Claudia Sheinbaum subrayó desde el primer momento la necesidad de coordinación nacional y la protección de la población como prioridad absoluta. La instalación inmediata de un Centro de Mando, la comunicación permanente con los gobiernos estatales y el refuerzo de seguridad en las zonas afectadas evitaron vacíos de autoridad y enviaron un mensaje de estabilidad.
También es imprescindible reconocer el sacrificio de quienes arriesgan su vida para proteger a la sociedad. Elementos de las fuerzas de seguridad perdieron la vida en ataques posteriores y otros resultaron heridos. Sería ingenuo pensar que la violencia terminará de inmediato. Las organizaciones criminales suelen fragmentarse y disputar liderazgos, generando episodios de tensión. Sin embargo, también sería injusto ignorar el significado de lo ocurrido: el Estado actuó con eficacia y demostró que ninguna organización está por encima de la ley.

Alejandro Pérez Cuéllar
Abogado y político con experiencia como regidor, diputado local y federal por Morena. Representa al IV Distrito de Ciudad Juárez, trabajando por reformas que beneficien a los juarenses y consoliden los principios de la 4T


