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febrero 9, 2026 | 7:28

La belleza del Súper Bowl

Publicado el

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Cada año, cuando llega el Súper Bowl, millones de personas se reúnen frente a una pantalla para ver un partido que dura unas horas. Para muchos es espectáculo, estrategia, publicidad o tradición.

Para mí, es algo más profundo. Es un viaje directo a la memoria, a una cancha de tierra y pasto, al sol implacable de Ciudad Juárez y a una versión más joven de mí misma corriendo con un balón entre las manos.

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Fui jugadora de tochito en el club de Las Leonas de la Preparatoria del Chamizal, la querida Prepa del Chami. Y quien ha vivido el deporte desde adentro sabe que no se ve igual desde la grada. Entrenábamos bajo el sol, sin importar la hora ni el cansancio. Corríamos kilómetros alrededor de las gradas del campo, una y otra vez, mientras el cuerpo pedía tregua y la mente aprendía disciplina.

Madrugábamos para ir a los juegos. A veces con sueño, a veces con nervios, pero siempre con esa emoción que solo entiende quien ama el deporte. Nos deshidratamos más de una vez por querer dar más, por no saber parar, por creer que el límite siempre estaba un poco más adelante. Dolían los músculos, ardían las piernas, pero el corazón estaba lleno. Porque el amor por el balón lo compensaba todo.

Había días duros, claro. Días en los que el cuerpo no respondía y en los que el entrenamiento parecía interminable. Pero también había algo profundamente hermoso: ver llegar a todo el equipo, una por una, listas para entrenar. Saber que no estabas sola. Que alguien más estaba igual de cansada, igual de comprometida, igual de dispuesta a resistir.

Por eso el Súper Bowl no es solo un partido para mí. Es el recordatorio de que detrás de cada jugada perfecta hay horas invisibles de esfuerzo.

Que cada triunfo que celebramos tiene detrás una historia de resistencia, persistencia y constancia. De caídas que no se vieron, de entrenamientos que nadie aplaudió, de sacrificios silenciosos.

Cuando veo a un equipo jugar, no solo veo cascos y uniformes. Veo madrugadas, veo músculos adoloridos, veo deshidratación, veo amor por el juego. Veo personas que decidieron no rendirse cuando hubiera sido más fácil hacerlo.

El deporte te forma sin que te des cuenta. Te enseña a trabajar en equipo, a confiar, a levantarte, a seguir corriendo aun cuando crees que ya no puedes más. Y esa enseñanza se queda contigo toda la vida.

Tal vez por eso el Súper Bowl emociona tanto. Porque, aunque no todos hayamos estado en ese campo, muchos sabemos lo que significa luchar por algo. Y cuando ves a tu equipo ganar, en el fondo, también celebras todas esas batallas personales que alguna vez libraste.

Mayra Sugey Machaca
Mayra Machuca

Abogada, Activista, Columnista, Podcaster.

Especializada en análisis y asesoría jurídica, cuenta con experiencia administrativa y jurídica con habilidades destacadas en la resolución de problemas y coordinación de tareas. Experta toma de decisiones estratégicas. Activa en Toastmasters y Renace y Vive Mujer.


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.

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