Enero tiene una forma muy particular de recordarnos que la política existe.
No aparece en discursos ni en campañas, sino en trámites, recibos y filas largas. En ciudad Juárez uno de esos recordatorios es el impuesto predial, una contribución que todos conocemos y que, aunque pocas veces se discute a fondo, impacta directamente en la vida cotidiana.
Desde los primeros días del año, miles de personas acudieron a pagar el predial, motivadas por descuentos, por responsabilidad o simplemente porque cumplir también es una forma de evitar problemas futuros. El gobierno municipal ofreció incentivos de hasta el 20 % por pronto pago y contribuyente cumplido, y la respuesta ciudadana fue inmediata: largas filas, horarios extendidos y una alta participación que no pasó desapercibida.
El dato es importante porque pone las cosas en contexto. Durante el año pasado, alrededor del 72 % de los contribuyentes cumplió con el pago del predial, lo que permitió una recaudación superior a los 2 mil 100 millones de pesos.
No se trata de una cifra menor. Es uno de los ingresos más relevantes para el municipio y una base fundamental para el funcionamiento de la ciudad, aquí es donde el tema deja de ser administrativo y se vuelve político.
El predial es, en realidad, una conversación silenciosa entre el ciudadano y el gobierno, el mensaje de quien paga es claro: cumplo porque espero una ciudad que funcione mejor. La expectativa no es abstracta; se traduce en calles transitables, alumbrado público, recolección de basura eficiente, espacios públicos dignos y obras que realmente mejoren la calidad de vida.
De acuerdo con información del Gobierno municipal de ciudad Juárez, los recursos recaudados por este impuesto se destinan principalmente a servicios públicos, pavimentación, mantenimiento urbano, alumbrado LED y obras comunitarias. Hay proyectos visibles, sí, pero también una percepción ciudadana que no siempre coincide con los informes oficiales.
Pagar impuestos no solo es una obligación legal; también es un acto de confianza. Cuando una persona decide madrugar, hacer fila y destinar parte de su ingreso a un impuesto, lo hace con la esperanza de que ese esfuerzo tenga un retorno tangible. Cuando ese retorno no se percibe con claridad, la relación entre ciudadanía y gobierno se desgasta.
Hablar del predial es hablar de corresponsabilidad. De entender que una ciudad no se sostiene sola, pero tampoco puede sostenerse únicamente en la buena voluntad de quienes cumplen.
La recaudación necesita ir acompañada de transparencia, planeación y resultados visibles, porque solo así se fortalece la confianza pública.
Al final, los ciudadanos cumplimos.
A veces por obligación, otras por la esperanza de que ese esfuerzo se note en la ciudad que habitamos todos los días.
Hoy el turno es del gobierno. Cumplir no solo recaudando, sino devolviendo en obras, servicios y resultados visibles lo que la gente ya puso de su parte.

Karina Villegas
Activista social, licenciada en Administración de Empresas por el ITCJ y emprendedora con enfoque humano. Cree firmemente en que la participación ciudadana transforma realidades. Desde cada espacio que ocupa, impulsa causas que fortalecen la voz colectiva y la construcción de comunidad con visión solidaria y acción constante.


