Egoísmo

Publicado el

Publicidad - LB2 -

Gimme Shelter /The Rolling Stones (1969)
“War, children… it’s just a shot away, it’s just a shot away.”

La guerra nunca empieza donde termina pagándose. Empieza lejos, en mapas y discursos, pero se cobra en litros, en dólares y en horas de fila.

- Publicidad - HP1

The Rolling Stones lo advirtieron hace más de medio siglo: la guerra está a un disparo de distancia… y también la inflación, el miedo y el desorden.

Cuando se rompe un techo en Medio Oriente, el agua no cae sobre los que lo perforaron, cae sobre los que trabajan, cruzan y producen y en la frontera, todo disparo lejano termina sonando demasiado cerca.

 

La guerra en medio oriente es un eco que llega a ser ruido cuando toca tu bolsillo, a tu tanque de gasolina y a la fila del puente y entonces descubres lo obvio: la geopolítica no necesita visa; entra por donde siempre entra todo: por el precio.

Hoy Estados Unidos e Israel atacaron directamente a Irán. “Directamente” es la palabra que cambia el clima, porque durante años esto fue guerra de sombras, guerra por encargo, guerra con guantes… y ahora es el puñetazo sin guante. Cuando se rompe ese techo, cae el edificio completo, y a ver quién lo paga… Spoiler: casi nunca lo paga quien lo tiró.

Para entender por qué esto no es un episodio más, sirve recordar una curiosidad histórica que parece de museo, pero sigue viva como cucaracha, verá usted: a principios del siglo XX se descubre petróleo en Persia, se arma una compañía anglo-persa, el imperio asegura control, los beneficios se reparten con una elegancia colonial (ellos con la mesa puesta, los otros con el plato vacío), y décadas después un primer ministro se atreve a nacionalizar lo suyo, luego viene el golpe, el ajedrez de agencias, el Sha está más fuerte, la modernización para algunos, la mordaza para muchos, y finalmente 1979: revolución, teocracia, resentimiento convertido en doctrina por el control que asumieron los Ayatolas.

Si lo anterior le suena a “historia lejana”, es porque todavía no le llega el recibo, créame.

El golpe del primero de marzo abre una fase nueva por una razón sencilla: ya no es “a ver si se atreven”; ya se atrevieron y cuando alguien cruza cierto umbral, el otro lado siente que, si no responde, queda marcado para el resto del partido, en esta región la honra se mide en capacidad de daño, y la diplomacia a veces es sólo una pausa para recargar.

Irán, además, no necesita invadir a nadie para escalar, ellos pueden responder con misiles y drones, sí, pueden presionar bases e intereses de Estados Unidos en el Golfo, también, pueden encender a aliados regionales como quien prende cerillos en una casa con fuga de gas y puede jugar una carta que no mata de inmediato, pero si asusta al mundo entero: el Estrecho de Ormuz, ese pedazo de mar es como la válvula del tanque global, no hace falta cerrarlo totalmente; basta con convertirlo en “zona de riesgo” para que el mercado haga lo que siempre hace: entrar en pánico, ponerse creativo y cobrarlo caro.

Ahí está el primer impacto real: energía, no el discurso, no la bandera, no la indignación moral en redes, energía, petróleo, fletes, seguros marítimos. Inflación importada, el mundo moderno funciona con una promesa: “mañana todo llegará” y cuando esa promesa se duda, todo sube, de entrada, el crudo, luego los combustibles, luego el costo de mover cualquier cosa, luego el precio de lo que todos comemos y al final, como siempre, la gente discute quién tuvo la culpa… y como cuando llega el recibo de la CFE, primero se paga y luego se discute… sin lograr nada.

En México el golpe más rápido se llama gasolina y diésel, estos son el impuesto emocional más efectivo del planeta: no notifican, solo lo anuncian en la pantalla de la bomba, frente a todos, como humillación pública, si el petróleo se mantiene alto, eso se traduce en presión sobre transporte, logística, alimentos y aquí aparece el “candado” nacional: el gobierno puede amortiguar con estímulos y ajustes al IEPS, sí, pero esa amortiguación cuesta al final, esto es lo que la mayoría de los viva vivas a los gobernantes no saben ni quieren saber, es como tapar una gotera con billetes: funciona un rato, pero luego te preguntas por qué ya no alcanzó para la despensa.

Segundo impacto: tipo de cambio; en shocks geopolíticos grandes suele venir el reflejo de manual: correr al dólar, buscar refugio, castigar monedas emergentes; a veces México respira porque exporta crudo, pero no hay que romantizarlo: también importamos combustibles refinados y el efecto neto suele ser volatilidad y la volatilidad, para la economía real, no es una palabra: es incertidumbre para invertir, para producir, para contratar, es ese “mejor me espero” que mata proyectos más rápido que cualquier misil.

Tercer impacto: comercio y aquí es donde entra Ciudad Juárez como personaje principal, aunque nadie la mencione en la ONU, digo sería raro jeje. Como todos sabemos Juárez vive de maquila, de exportación, de logística y del pulso cotidiano del Borderplex, cuando Estados Unidos entra en modo alerta, ya sea por guerra, por miedo, por política interna, la frontera se vuelve más lenta, más estricta, más desconfiada y eso no es ideología: es tiempo, horas extra de camiones, inventario detenido, costos que se comen el margen, proveedores presionados y si además el diésel sube, cada kilómetro cuesta más, la fórmula es preciosa: menos velocidad y más costo, algo así como un poema industrial.

Aquí el villano es lo de menos, al menos para los mexicanos, aquí el villano va a ser individualista: la fila del cruce, la fila del tráiler, la fila del obrero esperando transporte, la fila del cliente esperando mercancía y cuando se alarga la fila, se encoge la paciencia, se encoge el dinero, se encoge el amor en los matrimonios ocasionando problemas familiares y sociales, por ende; se encoge la ciudad.

Cuarto impacto: migración y presión social. Juárez ya es un punto de espera, de tránsito, de esperanza y de cansancio. si Estados Unidos endurece política interna por “seguridad nacional”, se congestiona más el sistema en frontera, eso significa más personas esperando, más albergues bajo estrés, más servicios rebasados, más tensión por renta, por trabajo informal, por espacio, no es que “la guerra en Medio Oriente llegue a Juárez” en forma de soldados; llega como llegan casi todas las crisis globales: como presión humana acumulada en una ciudad que ya carga mucho.

Quinto impacto: seguridad, pero entendida sin películas, no es “Irán en Juárez”, es el efecto colateral: inflación y costo de vida presionando hogares; frontera más rígida reacomodando rutas y tiempos; y un ingrediente moderno que casi nadie respeta hasta que se cae el sistema: lo ciber. En crisis grandes aumentan ataques y disrupciones digitales porque el caos es fértil y una ciudad industrial conectada —maquila, logística, cadenas se vuelve un blanco tentador para oportunistas, no para conquistar, sino para extorsionar, paralizar, cobrar.

Mientras tanto, en Washington se abre otra historia: la legal y política. Cuando un presidente actúa sin autorización explícita del Congreso, se enciende un debate que siempre fue fuego bajo la alfombra: hasta dónde llega el Ejecutivo, cuándo empieza “guerra”, cuándo es “operación”, y quién paga el costo político si esto se prolonga. Esa pelea interna importa porque determina duración, restricciones, presupuesto y la famosa pregunta que nadie quiere responder en voz alta: ¿y luego qué? Porque bombardear es sencillo; gobernar el “día después” es la parte donde suelen empezar los monstruos.

Y luego está China, que no necesita disparar un misil para pesar, China pesa por economía, por tecnología, por narrativa, por comercio, por diplomacia. Puede condenar, llamar a diálogo, sostener oxígeno económico, y presentarse como “adulto responsable” mientras el otro se quema la mano, en un mundo multipolar, el que parece calmado gana puntos, aunque no sea santo y el que se ve impulsivo paga con desconfianza, aunque tenga razón en algunas cosas así. así sí funciona este teatro.

¿Qué escenarios vienen? Desde la óptica de este imberbe, el menos malo es una escalada contenida: golpes y contra golpes con límites tácitos, mucha volatilidad en petróleo, y diplomacia trabajando tiempo extra, el escenario medio es una escalada regional: más ataques a intereses en el Golfo, más riesgo marítimo, más energía cara sostenida, más presión doméstica en Estados Unidos y más fricción en la frontera. El escenario feo, el que nadie quiere nombrar porque atrae mala suerte, es un vacío de poder o “cambio de régimen” sin plan claro: ahí el caos se vuelve sistema y el precio deja de ser “alto” para convertirse en “incontrolable”.

En México, y especialmente en Juárez, la semana se vigila con pragmatismo de frontera: el Brent/WTI aunque no lo digamos en voz alta; el dólar, aunque finjamos que no nos importa; anuncios de estímulos a combustibles; tiempos de cruce; operativos; señales de demanda en maquila. Porque aquí la realidad no llega con editorial, llega con órdenes de compra… o con su ausencia.

Lo que pasó en Medio Oriente es también un recordatorio de cómo se fabrica el resentimiento durante décadas y luego se cobra en días. Imperios, compañías, golpes, revoluciones, doctrinas… todo eso suena a libro de historia hasta que se convierte en precio por litro y en horas perdidas en el puente.

La gente civilizada, si se quiere llamar así, no es la que repite consignas: es la que sospecha, la que observa detrás de la máscara, la que entiende que la versión pública siempre viene maquillada y que el costo real siempre llega sin maquillaje.

Así que sí: llego marzo con la noticia de que se rompió un techo y cuando se rompe un techo, lo primero que hace uno es buscar de dónde viene el agua, pero aquí, como en casi todo, el agua cae sobre los mismos, los de siempre, los que trabajan, cruzan, producen, esperan, los que no salen en la foto.

Y por si alguien pregunta por qué debería importarnos, la respuesta es sencilla y cruel: porque el mundo puede pelear por ideología, pero México y Juárez terminan discutiendo por logística y la logística, como la muerte, nunca negocia: sólo cobra.

WhatsApp Image 2025 03 13 at 22.25.25
Alfonso Becerra Allen

Abogado corporativo y observador político, experto en estrategias legales y asesoría a liderazgos con visión de futuro. Defensor de la razón y la estrategia, impulsa la exigencia ciudadana como clave para el desarrollo y la transformación social.

Publicidad - LB3 -

ADN INVESTIGA

La frontera que se respira: El aire que enferma a la ciudad (parte 1)

Contaminación persistente en Ciudad Juárez genera alerta por impacto en la salud pública Ciudad Juárez,...
- Publicidad - (MR1)

Historias Recientes

Incendios forestales afectan la calidad del aire en todo Estados Unidos

El cambio climático está ocasionando incendios forestales cada vez más grandes e intensos. Y...

Abren convocatorias para formar parte de los Consejos Consultivo y Directivo del IMM

La titular del Instituto Municipal de las Mujeres, Elvira Urrutia Castro, dio a conocer...
- Publicidad - (MR2)

LAS PLUMAS DE ADN

- Publicidad - (MR3)

Más como esto