No es paranoia, es política con consecuencias reales. El sarampión, esa enfermedad que muchos pensábamos archivada en los libros de historia de la salud, está recorriendo México como si le hubiéramos tendido la alfombra roja. Más de 9,000 casos acumulados y 28 muertes en lo que va del brote lo confirman: no estamos ante un episodio menor, sino ante un fallo burocrático que tuvo tiempo de crecer mientras éramos distraídos espectadores.
El sarampión regresó cuando muchos pensábamos que era un problema superado. No es solo una noticia sanitaria, es un recordatorio incómodo de que la prevención nunca puede darse por sentada. Las enfermedades no entienden de fronteras ni de ciclos políticos, solo encuentran espacios donde la protección se debilita.
En Ciudad Juárez, donde la vida cotidiana cruza fronteras todos los días, el riesgo siempre es mayor. Familias que van y vienen, trabajadores que cruzan, migrantes que llegan, personas que se mueven entre comunidades. Esa movilidad que da vida a la ciudad también exige un esfuerzo permanente para cuidar la salud colectiva.
Lo que ocurre ahora no debe convertirse en una guerra de culpas. Más bien es una invitación a preguntarnos qué podemos hacer mejor como comunidad. Las vacunas existen, los centros de salud están ahí y la información está disponible. Sin embargo, entre la desinformación, la confianza perdida y el cansancio social después de años de crisis sanitarias, muchas personas dejaron pasar algo que parecía ya resuelto.
Un tema que cuesta abordar porque toca decisiones personales, es hablar de quienes optan por no vacunarse. Sabemos que cada persona tiene derecho a decidir sobre su salud, pero el problema aparece cuando esa decisión deja de ser individual y pone en riesgo a otros.
El sarampión es uno de los virus más contagiosos que existen. Una sola persona infectada puede contagiar a casi todas las personas no vacunadas a su alrededor. Y esta enfermedad no se trata solo de un sarpullido o fiebre: puede provocar neumonía, encefalitis, daño cerebral permanente y muerte.
Antes de la vacunación masiva, el sarampión causaba millones de fallecimientos cada año en el mundo. Cuando se implementaron campañas de vacunación, los casos y muertes cayeron drásticamente. Cuando la vacunación baja, el virus regresa. No es mi opinión, es un patrón repetido en muchos países.
El punto clave es este: La decisión de no vacunarse no afecta solo a quien la toma.
Afecta a bebés que aún no pueden vacunarse, a pacientes con cáncer, a personas inmunosuprimidas y a adultos mayores que dependen de que el resto esté protegido. Cuando suficientes personas dejan de vacunarse, se rompe la llamada inmunidad comunitaria y el virus vuelve a circular, como está ocurriendo actualmente.
No vacunarse frente al sarampión es comparable a quitar un ladrillo de un muro que protege a todos. Tal vez no se caiga con uno, pero cuando muchos lo hacen, el muro se derrumba y los más frágiles quedan expuestos.
Juárez ha demostrado en otras crisis que sabe reaccionar cuando entiende que el problema es de todos. Este brote puede ser también una oportunidad para recuperar algo que parecía obvio y que hoy vuelve a ser urgente: cuidar la salud colectiva es una tarea compartida.
Porque cuando una enfermedad prevenible reaparece, no es solo un asunto médico. Es una señal de que necesitamos volver a mirarnos como comunidad y recordar que proteger a los demás también es protegernos a nosotros mismos.
La verdadera falla no está en el virus; está en cómo lo enfrentamos como sociedad.
Por eso, el debate no es ideológico ni político. Es una cuestión de responsabilidad colectiva basada en evidencia científica: la vacuna salva vidas y la falta de vacunación permite que enfermedades prevenibles regresen.
Porque al final, no vacunarse no es solo una decisión personal: es un riesgo que termina cayendo sobre los más débiles. Y cuando eso ocurre, ya no hablamos de libertad, sino de consecuencias colectivas.

Raúl García Ruiz
Autor de los libros "Puentes Azules" "Arquitectura Azul" y “SynDike”
Especialista en resolución de conflictos y mediador en instancias gubernamentales. Relacionista Público tanto con iniciativa privada como con los diversos organismos públicos. Actualmente se desempeña como Recaudador de Rentas del Gobierno de Chihuahua en Ciudad Juárez.


