En Ciudad Juárez nos encanta discutir grandes proyectos. El Centro de Convenciones es uno de ellos: inversión, derrama económica, posicionamiento… suena bien, es necesario, pero ¿De qué sirve atraer eventos internacionales si no estamos formando a la gente que va a sostener el futuro de esta ciudad?
Esta reflexión surge después de mi visita a la Universidad Tecnológica Paso del Norte (UTPN), ubicada en una de las zonas más olvidadas —y al mismo tiempo más resilientes— de nuestra frontera: Anapra.
Ahí, lo primero que pensé no fue en innovación ni en tecnología, fue algo mucho más básico: ¿Dónde están las escuelas?
Si hacemos un análisis serio —un “peinado” real— de sectores como Anapra, los kilómetros, el suroriente o Riberas, la respuesta es clara: no hay suficientes escuelas. Hay zonas completas donde las opciones educativas son mínimas o inexistentes, y eso no es un detalle menor, es una señal estructural.
México, y particularmente ciudades como Juárez, siguen apostando al discurso de desarrollo sin resolver lo esencial: la formación de su gente desde la base. Porque el problema no es solo la cantidad de escuelas, si nos metemos al fondo —al modelo educativo, a la currícula— el panorama se vuelve todavía más preocupante. Seguimos formando generaciones para memorizar, repetir y obedecer, cuando el mundo exige exactamente lo contrario: pensamiento crítico, capacidad de resolver problemas, innovación.
Una ciudad que importa más de lo que produce. Durante mi visita a la UTPN, compartí con los estudiantes un análisis de cómo vemos a Ciudad Juárez rumbo al 2030. Y los datos son claros, duros y preocupantes. En 2025, por primera vez, Juárez presentó un déficit en su balanza comercial: las importaciones superaron a las exportaciones en un 6.04%, esto no es un dato técnico, es un síntoma.
Estamos dejando de producir y empezando a depender. Cada vez compramos más afuera —vehículos, insumos, productos— y generamos menos valor local. La proveeduría local para la industria maquiladora sigue estancada en un 3% o 4%, no crece, no se fortalece, no evoluciona.
¿Qué estamos construyendo como ciudad? Porque si no producimos, no innovamos y no desarrollamos talento local, lo único que estamos haciendo es operar como una plataforma logística… no como una economía sólida.
STEM no es moda, es supervivencia. En la UTPN vi algo valioso: carreras enfocadas en ingeniería, tecnología, robótica, impresión 3D, vi esfuerzo. vi intención, vi futuro. Pero también vi que no es suficiente.
Las áreas STEM no son un lujo ni una tendencia: son la base del desarrollo económico de cualquier ciudad que quiera competir. Necesitamos jóvenes que piensen, que cuestionen, que creen. No más “borregos”. No más sistemas que premian repetir en lugar de entender, porque el talento es lo único que realmente puede cambiar la ecuación de Juárez.
Entonces… ¿Centro de Convenciones o Escuelas?
La respuesta fácil sería elegir uno, la respuesta correcta es entender que ambos son necesarios. El Centro de Convenciones puede detonar economía, turismo y posicionamiento. Pero sin una estrategia integral de ciudad, será solo un edificio más.
Las escuelas, en cambio, construyen algo mucho más profundo: capital humano, capacidad productiva y futuro, y sin eso, cualquier desarrollo económico es superficial. La prioridad es clara, si me preguntas a mí, sin rodeos: primero las escuelas. Porque la derrama económica puede esperar; pero una generación sin educación… no.
Invertir en educación no es un gasto, es la única apuesta real para transformar una ciudad, y si Juárez quiere dejar de sobrevivir para empezar a competir, no necesita más discursos.
Necesita formar gente capaz de cambiar su destino.



