Chihuahua y la paradoja del talento

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Hace un par de semanas, una empresa electrónica de Ciudad Juárez pidió ayuda para reclutar con urgencia a más de 100 jóvenes estudiantes. Tenía nuevos negocios que atender y necesitaba incorporar talento. Ayer pregunté cómo había resultado el esfuerzo y la respuesta fue sencilla: todavía no alcanzaban la meta y tendrían que hacer lo necesario para conseguirla.

La escena parece contradictoria en una ciudad donde el empleo manufacturero ha perdido dinamismo y ha ido decreciendo constantemente. Sin embargo, el análisis puede llevar a agregar matices al fenómeno. Aparentemente, no toda la manufactura está enfrentando el mismo problema, ni toda la demanda de trabajo está desapareciendo. Algunas actividades están perdiendo empleos mientras otras necesitan capacidades que el mercado local todavía no logra producir en cantidad, calidad y tiempo suficientes.

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El problema de Chihuahua, entonces, no es solamente la escasez de talento; es también el aprovechamiento de el que existe. Voy a plantear algunas premisas y le voy a pedir que tenga paciencia y siga leyendo: voy a intentar que tenga sentido.

El diagnóstico El Talento como Motor de Desarrollo nos mostró en su presentación una paradoja incómoda: Chihuahua ha aumentado significativamente su escolaridad, pero ese avance no se ha traducido proporcionalmente en productividad ni en una mayor concentración de trabajadores en ocupaciones de alta calificación. En Ciudad Juárez, además, los empleadores identifican importantes brechas socioemocionales, de idioma y técnicas, mientras el ecosistema productivo demanda capacidades cada vez más complejas.

Primera intuición: el problema no está exclusivamente en la escuela. La escuela tiene problemas que resolver, pero pedirle que resuelva por sí sola una falla que también está en la estructura productiva es pedirle demasiado.

Otro estudio reciente, esta vez del IMCO, Tendencias para el futuro de la educación y el empleo, plantea que las políticas de formación deben responder a las características productivas, institucionales y sociales de cada territorio. Sé que no es algo nuevo, pues hasta la llamada Nueva Escuela Mexicana de Marx Arriaga partió de esta premisa, aunque sin entenderla. Pero, para Chihuahua, esto significa que la política de talento no puede separarse de la política industrial y que estas deben regionalizarse, pues la misma política educativa puede producir resultados distintos dependiendo de la infraestructura, las vocaciones económicas y la disponibilidad de talento.

Segunda intuición: el territorio no parte de cero para formar talento. La historia industrial, las empresas instaladas, sus tecnologías, sus ingenieros, sus procesos y hasta el último robot integrado en una planta forman parte de las capacidades productivas acumuladas sobre las cuales puede construirse nuevo talento.

El mismo estudio introduce la preocupación sobre el cambio que sucede en los puestos de entrada al sector productivo. En México, esos empleos pasaron de crecer cerca de 9% anual en 2021 a registrar variaciones cercanas a cero entre 2023 y 2025, aunque repuntaron 3% en el primer trimestre de 2026. El IMCO es cuidadoso y aclara que estos datos no permiten atribuir la desaceleración directamente a la inteligencia artificial. Pero existe una paradoja que deberíamos discutir antes de que se convierta en problema.

Desde la perspectiva de la segunda intuición, el puesto de entrada no es solamente un empleo. Es una institución de aprendizaje. Ahí un joven adquiere experiencia, aprende a resolver problemas, coordinarse, comunicarse y entender el funcionamiento de una organización. El propio IMCO advierte que reducir estos puestos puede limitar la transferencia de conocimiento y el desarrollo futuro de liderazgo.

¿Qué ocurrirá si automatizamos precisamente las tareas rutinarias que tradicionalmente realizaban los recién egresados? Podemos terminar necesitando trabajadores más sofisticados mientras reducimos algunos de los espacios donde esos trabajadores aprendían a serlo.

Por eso la formación dual adquiere una importancia que va más allá de conectar escuelas y empresas. En los hechos, es una infraestructura de aprendizaje industrial. El IMCO documenta que 76% de las empresas considera que los estudiantes duales tienen una preparación más completa y que uno de cada cinco termina contratado por la empresa donde se formó; sin embargo, la modalidad todavía alcanza apenas 3% de la matrícula de educación media superior de Conalep, por ejemplo.

Para Chihuahua, el reto es mayor. No basta con enviar estudiantes a las plantas, sino que también habrá que actualizar a los profesores, incorporar a las empresas al diseño de la formación y hacer que el conocimiento práctico que se genera dentro de las fábricas regrese al sistema educativo.

Tercera intuición: el talento no es solamente un insumo de la transformación productiva; también es un resultado de ella.

Esto conecta directamente con la visión del policy paper  WTF con Juárez: la ciudad enfrenta un punto de inflexión y su siguiente etapa no puede depender únicamente de atraer manufactura, sino de desarrollar talento de alto valor agregado para avanzar hacia actividades de innovación, semiconductores, electromovilidad e inteligencia artificial.

Esto no se logra preguntando cuántos ingenieros o técnicos puede formar Chihuahua, sino complejizando si su estructura productiva será capaz de utilizarlos, hacerlos aprender y generar puestos de creciente complejidad. El modelo productivo del estado puede tener escasez de talento y, al mismo tiempo, no ofrecer suficientes oportunidades de alta calificación. Esa es la paradoja.

Chihuahua no necesita escoger entre formar talento y crear empleos de mayor calificación. Necesita hacer que ambas cosas ocurran simultáneamente. Porque formar talento sin transformar la estructura productiva produce migración o subutilización; transformar la industria sin formar talento produce escasez y dependencia. El verdadero desarrollo comienza cuando ambas capacidades se refuerzan mutuamente.

El Diagnóstico de Talento contiene una frase muy interesante: “No vamos a crecer con más gente. Vamos a crecer con mejor talento”. Por mi parte, creo que no vamos a crecer solamente con mejor talento. Vamos a crecer cuando una economía más compleja demande, utilice y produzca mejor talento.

ADN Luis Villavicencio
Luis Enrique Villavicencio

Especialista en desarrollo económico y vinculación estratégica entre academia, industria y sector público. Enfocado en fortalecer MIPYMES y alinear la formación con el sector productivo, analiza el entorno económico con visión crítica y enfoque propositivo para impulsar la competitividad regional.


Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.

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