Como es bien conocido en esta frontera, Ciudad Juárez tiene a uno de los personajes más famosos del arte urbano: El Zurdo. Ese nombre que aparece en bardas, paredes y distintos rincones de la ciudad se ha convertido, para bien o para mal, en parte del paisaje urbano juarense.
Siempre me ha causado curiosidad —y también algo de risa— porque alguna vez pensé: “quiero conocerlo; debe ser uno de los perfiles más conocidos de la ciudad”. Y es que, si lo vemos con ironía, El Zurdo logró algo que muchos políticos quisieran: posicionar su nombre por todos lados y hacerlo reconocible ante miles de juarenses.
La diferencia es que ahora los políticos parecen haber decidido competirle en su propio terreno.
Durante los últimos días hemos visto cómo en distintas partes de la ciudad han aparecido bardas con una nueva leyenda: “Favor de no colocar ni pintar mensajes de propaganda política en este espacio”. Y ese mensaje no aparece por casualidad. Aparece porque muchos ciudadanos ya están hartos de que les pinten sus bardas sin autorización, como si la ciudad fuera propiedad de quienes buscan un cargo público.
Antes, por lo menos en teoría, la propaganda política en bardas se colocaba con autorización de los dueños. Hoy, en muchos casos, parece que esa mínima cortesía ya se perdió. La gente pinta su barda para mejorar la imagen de su casa, de su calle o de su colonia, y al día siguiente amanece con el nombre de algún aspirante a la alcaldía, a una diputación, a la gubernatura o a cualquier otro puesto de elección popular.
Ahora sí que, por sus pistolas, llegan y pintan.
Y ahí está lo grave: quienes dicen querer representar a la ciudadanía empiezan invadiendo el espacio de esa misma ciudadanía. Quienes hablan de orden, respeto y legalidad terminan utilizando las bardas ajenas como si fueran espectaculares gratuitos. En los hechos, se comportan igual que aquello que muchas veces critican: pintan sin permiso, ensucian el entorno urbano y usan la ciudad como plataforma de promoción personal.
Por eso, esas nuevas leyendas en las bardas no son un simple aviso. Son una respuesta ciudadana. Son una manera directa de decir: “aquí no”, “esta barda no es tuya” y “la política no te da derecho a invadir mi propiedad”.
Al final, El Zurdo podrá ser un fenómeno urbano, pero lo verdaderamente preocupante es que ahora algunos políticos decidieron seguirle los pasos. La diferencia es que ellos no lo hacen desde la rebeldía del grafiti, sino desde la ambición del poder.
Y eso, francamente, molesta más.

Alvin Álvarez Calderón
Político y abogado chihuahuense con experiencia legislativa y empresarial. Exsubdelegado de PROFECO, ex dirigente del PVEM en Ciudad Juárez y cofundador de Capital and Legal. Consejero en el sector industrial y financiero, promueve desarrollo sostenible e inclusión social.
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