El 1 de abril de 2026 se dio a conocer la renuncia del Dr. Juan Ramón De la Fuente a la titularidad de la Secretaría de Relaciones Exteriores, y el nombramiento de su Subsecretario para América del Norte, Roberto Velasco Álvarez, como nuevo Canciller de nuestra república. Este relevo se ha contextualizado por una buena cantidad de especulaciones y descalificaciones por parte de comentaristas, analistas expertos en relaciones internacionales, y público en general que, desde las redes sociales o la prensa, descalificaban las razones del exsecretario para dejar su responsabilidad, así como algunos aspectos de la trayectoria del nuevo secretario.
En medio de este murmullo mediático, pocas fueron las voces que, entre la renuncia de De la Fuente y la ratificación del nombramiento a Velasco Álvarez, por el Senado de la República, decidieron no enfocarse en especular sobre el impacto del relevo en la política interna, y por el contrario dirigieron su análisis del cambio de titular con respecto a las complejas circunstancias de la política internacional en la actualidad, las fortalezas y retos del nuevo secretario, o en el fondo político que tiene la decisión de la Presidenta de la República, en cuanto al ejercicio de su facultad para nombrar como nuevo Canciller a un joven funcionario público, y no a algún experimentado o experimentada integrante del Servicio Exterior Mexicano.
En este orden de ideas, uno de los caminos para entender la relevancia del cambio en la titularidad en la Secretaría de Relaciones Exteriores nos exige hacer una primera parada en las facultades constitucionales que ejerció la presidenta Claudia Sheinbaum.
Consecuentemente es importante observar que una de las responsabilidades más complejas que el artículo 89 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos le confiere a la presidenta de la República es la conducción de la Política Exterior. Ésta, esbozada a través de la fracción X de dicho artículo, en la que entre otras cosas, define los principios con los que se deberá ejercer dicha facultad, que son: la no intervención; la solución pacífica de las controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los estados; la cooperación internacional para el desarrollo; el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos, y la lucha por la paz y la seguridad internacional.
Desafortunadamente la complejidad geopolítica de nuestro tiempo plantea una coyuntura en la que la proyección del poder nacional de nuestro aliado histórico más importante en Norteamérica, se caracteriza por el empleo de formas, modos y medios, que en algunos casos podrían comprometer el ejercicio de casi todos los principios estipulados por nuestro texto fundamental en materia de Política Exterior.
En este sentido, considerando la relación asimétrica que existe entre nuestro país con su principal socio comercial, la definición del mejor perfil para conducir la Secretaría de Relaciones Exteriores, en labores tan delicadas como la coordinación de acciones de las dependencias del gobierno federal en el ámbito exterior; la dirección del servicio exterior mexicano; o la coadyuvancia en la promoción comercial y turística del país, resulta una decisión de gran relevancia para la protección de los intereses de México en el ámbito internacional.
Bajo estas perspectivas es como se suelen interpretar las elecciones que históricamente han hecho las personas titulares del Ejecutivo Federal para designar a quienes han dirigido la Cancillería de nuestro país.
En este sentido, por ejemplo, cuando el presidente Vicente Fox Quezada eligió a Jorge Castañeda Gutman, no seleccionó azarosamente a uno entre sus muchos colaboradores. En ese caso, eligió a un académico con formación de internacionalista que, por su contexto familiar, había crecido en el ambiente diplomático y conocía perfectamente al Servicio Exterior Mexicano (SEM). Además, tenía una vocación probada de militante de oposición, anti priista, y conocía las luces y sombras de la izquierda internacional más influyente, me refiero a la élite cubana, que ideológicamente no se proyectaba como aliada de la transición mexicana del año 2000, por las particularidades ideológicas del presidente guanajuatense. En el mismo sentido, al seleccionar al secretario con el que cerró su sexenio, Fox buscó en Luis Ernesto Dervéz a un negociador internacional dentro del ámbito financiero, que conocía las estructuras y recovecos de organismos como el Banco Mundial, y el Banco Interamericano de Desarrollo.
Otro ejemplo fue la designación de José Antonio Meade Kuribreña, quien en su momento no tenía experiencia diplomática alguna, pero conocía perfectamente al sector energético que jugaría un papel estratégico en la búsqueda de atracción de inversión extranjera y consecuentemente, desde la visión del presidente Enrique Peña Nieto, esa experiencia era el principal argumento frente a cualquier otro perfil que pudiese haber considerado dentro del SEM. Cabe observar que, en el mismo sentido, se puede interpretar la decisión de elegir como su segunda Canciller a Claudia Ruiz-Massieu Salinas, una mujer que, desde su experiencia previa al mando de la Secretaría de Turismo, logró establecer una renovada marca internacional para México, que exploró un nuevo nicho de mercado turístico, generó condiciones para la atracción de inversiones importantes en ese sector, y consecuentemente, ese motivo le brindó mejores condiciones que a cualquier integrante de nuestro cuerpo diplomático.
Adicionalmente, bajo esta perspectiva se podría entender los posibles motivos que en su momento impulsaron al presidente Andres Manuel López Obrador, para que en lugar de elegir a un extraordinario perfil diplomático como el Embajador Héctor Vasconcelos, hubiese preferido a un muy buen perfil político con formación académica de internacionalista, como era Marcelo Ebrard, quien sabía de la importancia de las sinergias de poder entre la proyección internacional y la promoción de acciones de gobierno, y quien tenía conexiones personales en los Estados Unidos de América tanto con la élite del Partido Demócrata, como indirectas con el círculo cercano al presidente Trump.
Es importante recordar que, desde finales del siglo XX, en el ámbito académico de las relaciones internacionales se ha observado este tipo de pensamiento estratégico por parte de las y los jefes de estado en todo el mundo, a través del cual se empezó a impulsar una “nueva diplomacia”, en diferentes latitudes, en la que se desplazó a los cuerpos diplomáticos de carrera en los espacios estratégicos de la Política Exterior, y se privilegió la presencia de empresarios, financieros, expertos en organismos internacionales, economistas, académicos internacionalistas, o activistas sociales. Esto, ha venido sucediendo no como una norma, pero sí como una práctica frecuente, que busca atender la prioridad que brinda quien ejerce la jefatura del gobierno a los diversos temas que interconectan los espacios nacionales e internacionales, a través de agendas ambientalistas, comerciales, energéticas, etc. que coyunturalmente tienen las fuerzas políticas dominantes en los países.
De esta manera se puede observar cómo en México, desde el año 2000 a nuestros días, entre las 11 personas que han ocupado la titularidad de la Cancillería sólo las embajadoras Rosario Green Macias, Patricia Espinoza Cantellano y Alicia Bárcenas Ibarra formaron parte del SEM, junto al Dr. Juan Ramón De la Fuente que tuvo la experiencia previa de representar a México ante el Consejo de Seguridad de la ONU, mientras que, en contraste, sus 7 pares en el mando de la Cancillería han tenido perfiles profesionales y experiencia como integrantes de gabinetes en áreas de relevancia para los planes de la persona titular del Ejecutivo Federal, como conductores de gobiernos locales con amplia proyección internacional, como negociadoras o negociadores en organismos financieros internacionales, o han sido internacionalistas sin tener experiencia diplomática formal.
En este orden de ideas, el relevo en la Secretaría de Relaciones Exteriores, registrado la semana pasada, pareciera ubicarse en un punto medio entre las dos clases de funcionarios que han tenido esa responsabilidad. Esto, debido a que, si bien el nuevo canciller, Roberto Velasco Álvarez, no tiene afiliación previa al cuerpo Diplomático de carrera, sí tiene experiencia laboral dentro de la Cancillería, y en particular, en negociaciones bilaterales frente a nuestro principal aliado y socio comercial.
Así, bajo esta óptica, el canciller más joven en ocupar el cargo desde 1935 tiene dos fortalezas competitivas frente a cualquier integrante del SEM: por un lado, tiene vínculos sólidos con el actual secretario de Economía, al haber formado parte de su equipo durante su participación en el gabinete de la administración anterior, y por otro lado, tiene la experiencia y el conocimiento que aportan 8 años de trabajo en la cúpula burocrática de la Cancillería.
En consecuencia, a la luz de estas dos fortalezas en su trayectoria, ante el escenario geopolítico dominante, y en el contexto de la importancia que guarda para México la relación bilateral con los Estados Unidos de América, se puede entender la decisión de la Jefa del Estado Mexicano para brindar a Velasco la oportunidad de servir al país, siendo una persona que colaboró en el proyecto del excanciller Juan Ramón De la Fuente, que el sexenio pasado formó parte del equipo del hoy secretario de Economía, Marcelo Ebrard, con quien la Cancillería deberá cerrar filas ante las jornadas de negociaciones comerciales que ya se encuentran en marcha, y por su conocimiento y experiencia con las dinámicas y corrientes que integran al SEM.
Sin duda los próximos meses no sólo serán decisivos para la carrera del secretario Roberto Velasco Álvarez, serán definitorios para nuestra economía, para nuestra relación comercial más importante, para el refrendo de los principios constitucionales de nuestra Política Exterior, y en un escenario catastrófico y no deseable, quizá para la soberanía nacional.
Esperemos que su experiencia, capacidad y vínculos, dentro y fuera de nuestro país, le permitan hacer un equipo sólido con el secretario de Economía, y aporten al fortalecimiento de la integración de América del Norte, bajo las directrices del respeto mutuo, y el reconocimiento de que, en los hechos, la mejor cualidad de nuestra región esta en la diversidad que ofrecen las naciones que la conformamos.

Raen Sánchez Torres
Politólogo e internacionalista, cuenta con una maestría en Estudios Internacionales por el ITESM y un doctorado en Ciencias Políticas y Sociales por la FCPyS de la UNAM, además de 16 diplomados, seminarios, cursos y talleres especializados en Seguridad Nacional, Seguridad Pública e Inteligencia, impartidos por instancias como la UNAM, ITAM, UDLAP, Policía Nacional Francesa, Real Policía Montada de Canadá, y el Departamento de Justicia de los EEUU.
Profesionalmente se ha desempeñado en el sector público como analista del fenómeno delictivo en el ámbito internacional, el desarrollo de instituciones de seguridad pública, y desde hace más de 10 años como asesor parlamentario tanto en el Senado de la República como en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Como académico, desde 2015 ha sido profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
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