El régimen ya no quiere vigilarte: quiere controlarte. Y ahora tiene la herramienta más peligrosa de todas. Sin orden judicial, sin investigación y sin rendir cuentas, puede congelar tu dinero, paralizar tu vida y someterte por la vía más efectiva: el miedo.
La validación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación para permitir que la Unidad de Inteligencia Financiera congele cuentas sin orden judicial es una ruptura. Es el momento en que el poder decide que ya no necesita contrapesos para intervenir directamente en la vida de los ciudadanos.
Porque no se trata de combatir al crimen —ese es el argumento fácil—, sino de concentrar poder. Cuando una autoridad puede privarte del acceso a tu dinero sin que medie un juez, lo que se elimina no es la delincuencia: es la presunción de inocencia. Es el debido proceso, el derecho básico a defenderte.
Esta medida será contra quienes incomodan, contra quien critica, contra quien disiente, contra quien se atreve a no alinearse al régimen.
El congelamiento de cuentas sin orden judicial es el eslabón más reciente de una cadena perfectamente diseñada. Primero, la exigencia de datos biométricos. Después, el intento de registrar obligatoriamente las líneas telefónicas. Luego, la amenaza de eliminar el efectivo para obligar a todos a un sistema digital rastreable. Y ahora, el paso final: la facultad de apagar tu vida financiera desde un escritorio.
El patrón es claro y deliberado: saber quién eres, saber con quién hablas, saber en qué gastas… y decidir si puedes seguir haciéndolo.
Congelar una cuenta es una condena anticipada. Es impedir que pagues la renta, que compres alimentos, que mantengas a tu familia, que operes tu negocio. Es, en los hechos, una forma de asfixia económica. Una muerte civil decretada sin mediar juicio.
Y esto, en manos de un poder sin límites, de un régimen sanguinario como este, es profundamente peligroso.
Frente a este escenario, el silencio no es opción. La tibieza tampoco.
Desde el Congreso del Estado de Chihuahua presentaré la iniciativa de reforma para derogar este acuerdo y dejar establecido con toda claridad que ninguna autoridad podrá congelar los recursos de los ciudadanos sin una orden judicial. Que el dinero de las familias mexicanas no puede quedar a merced de decisiones arbitrarias. Que el Estado no puede convertirse en juez y verdugo al mismo tiempo.
El régimen ha dado un paso más en la construcción de un sistema donde todo se vigila, todo se registra y todo se controla. Y cuando el poder puede apagarte económicamente sin explicación ni defensa, lo que sigue no es orden, es sometimiento.
Pero el régimen nos ha subestimado, porque los mexicanos de bien no vamos a renunciar, no vamos claudicar. Este país ha enfrentado tiranías más oscuras y ha salido de pie. Y también esta vez los ciudadanos les pondremos un alto. Vamos a resistir, vamos a combatir hasta el final y al final, vamos a vencer.

Francisco Sánchez Villegas
Geoestratega, abogado humanista, defensor de la ilustración y político disruptivo.
Desde el cargo de Secretario del Ayuntamiento del Gobierno Independiente de Parral, ha impulsado una trascendental agenda de empoderamiento ciudadano. Fundador y Curador de Casa Ícaro, Think Tank concentrado en el futuro y la libertad.
Pensador neorenacentista propulsor de polímatas. Buscador de mentes virtuosas. Antifrágil.
Las opiniones expresadas por los columnistas en la sección Plumas, así como los comentarios de los lectores, son responsabilidad de quien los expresa y no reflejan, necesariamente, la opinión de esta casa editorial.


